Medir la inteligencia artificial: el test de Turing

¿Pueden las máquinas pensar?

Alan Turing se hizo esta misma pregunta hace ya más de 6 décadas en su famoso artículo “Maquinaria computacional e inteligencia” (1950). Para responderla, planteó lo que hoy se conoce como el test de Turing, aunque él lo denominase en su día “The Imitation Game” (el juego de la imitación). Seguro que este título te resulta familiar, ¡claro! Es el de la película basada en uno de los episodios más interesantes de la vida del genio matemático: el tiempo que dedicó a descifrar el código Enigma, que tuvo un papel más que relevante en el desarrollo de la II Guerra Mundial.

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Benedict Cumberbacht como Alan Turing en la película “The Imitation Game”, 2014 / Imagen: © 2014 THE WEINSTEIN COMPANY

Pero además del final de la Guerra (en parte), le debemos a Turing muchas más cosas. Considerado como uno de los padres de la informática, se cuestionó ya en el siglo pasado el principio de uno de los grandes interrogantes de la sociedad actual: hacia dónde evolucionarán las máquinas y cómo será su interacción con los seres humanos.

Aunque aún estamos muy lejos de un escenario de apocalipsis tecnológica, que no pocas películas y obras literarias han planteado ya, las evidencias del desarrollo de las TIC hacen mucho más sencillo enfrentarse a este interrogante. Pero hace 60 años Turing no podía imaginarse el escenario actual, y aun así, decidió diseñar un método que científicamente respondiera a la pregunta de si una máquina podía o no pensar por sí misma. Creó entonces el test de Turing, una conversación en lenguaje natural entre un ser humano y una máquina diseñada para generar una interacción verbal en la que no se note la diferencia hombre-software. 5 minutos de conversación para convencer (como mínimo durante un 30% del tiempo) a la persona que evalúa la charla de que quien hay detrás de la pantalla (solo se expresa mediante texto, como en un chat) es un ser humano. Si lo consigue, la máquina habría superado el test.

El primer “aprobado” del Test de Turing

Este hecho tuvo lugar en 2014, cuando se cumplían seis décadas de la trágica muerte del matemático británico, el 7 de junio de 1954.  Han pasado ya dos años desde la realización de un controvertido experimento, realizado por un controvertido científico, Kevin Warwick. Los resultados, para no desentonar, fueron también controvertidos, reavivando el debate de la Inteligencia Artificial. Warwick ha dedicado su vida al estudio de la inteligencia artificial. Actualmente experimenta con la robótica y el mundo de los ciborgs desde la Universidad de Reading. Chips, electroestimuladores y un sinfín de cuestiones sobre el potencial del cerebro humano en combinación con las herramientas tecnológicas son el día a día de este investigador, que a su vez, organizó en 2014 el test de Turing más multitudinario de la historia: 30 jueces y 5 máquinas que participaron en un total de 300 conversaciones.

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Estado actual del interfaz de Eugene Goostman / Imagen: Whole Sale Change

El primer aprobado del test de Turing fue para Eugene Goostman, un bot conversacional desarrollado por sus programadores para simular la personalidad de un adolescente ucraniano. Esta característica jugó a su favor durante el test: al no imitar la conversación de un adulto, simulaba de forma natural el desconocimiento propio de su edad. Eugene aprobó justito, con un 33%, y su hazaña despertó muchas preguntas y objeciones dentro de la comunidad científica. “Eran los parámetros oficiales establecidos por Turing “, se defendía unos días después del evento Kevin Warwick, organizador oficial, en el periódico británico “The Independent”.

Turing estableció en su día una serie de objeciones, como evitar las cuestiones matemáticas, aunque nunca habló de que no se pudieran incluir “niños”. El polémico aprobado, abrió en 2014 la disputa entre los que consideran el test de Turing como la piedra fundacional de la IA (el propio Warwick lo definía así) y aquellos que dudan de que esta  práctica pueda responder a la cuestión de si una máquina “piensa” o no por sí sola.

Sin embargo, todo es cuestión de perspectiva, también en el mundo de la inteligencia artificial. El resultado de Eugene indica a su vez que en un 66,7% de los casos las máquinas no consiguieron burlar a los jueces, por lo que podemos descartar (de momento) una rebelión exitosa del software. Pero, lo interesante es plantearse si este test también evalúa la “inteligencia natural”, la propia de los seres humanos. ¿Qué pasa si los resultados dicen que eres una máquina?

Dory Gascueña para OpenMind

@dorygascu