Elaborado por Materia para OpenMind Recomendado por Materia
5
Inicio Más allá de Lysenko: los experimentos biológicos de la Revolución Rusa
29 noviembre 2017

Más allá de Lysenko: los experimentos biológicos de la Revolución Rusa

Tiempo estimado de lectura Tiempo 5 de lectura

La Revolución Rusa de la que ahora se cumplen 100 años tuvo diversos efectos y repercusiones sobre  distintos campos científicos desde la Física a la Psicología. Sin embargo, fue quizás la Biología-Medicina la que mayor impacto sufrió con la revolución. En este campo tuvo lugar la mayor “intervención” de los dirigentes rusos sobre la ciencia en general: el archiconocido caso Lysenko, que tanto dolor y muertes propició [1].

Pero hubo más investigaciones controvertidas en la Biología rusa al calor de la revolución: híbridos hombre-chimpancé, transfusiones con sangre de personas muertas, experimentos con origen abiótico de las células… [2]

Un híbrido revolucionario: hombre-chimpancé

Entre los objetivos más extremos que se propuso alcanzar la Biología soviética figura el de tratar de obtener híbridos entre el hombre y el chimpancé. Y a la cabeza de esta investigación estaba uno de los científicos rusos más destacados: Ilya Ivanov. Gran experto en el campo de la inseminación artificial de los animales, y habiendo obtenido algunos híbridos de animales interesantes anteriormente, se propuso hacerlo también con el hombre y el chimpancé .De hecho, llevó a cabo experimentos, o intentó hacerlo, en las dos direcciones, aunque sin éxito.

El mono ardilla Baker, que voló en un misil tipo Júpiter (representado en maqueta) al espacio en 1959 / Imagen: NASA/Marshall Space Flight Center

En este caso lo que al parecer se pretendía era obtener “trabajadores” resistentes para tareas duras o experimentos extremos. De hecho, se habló de su utilidad para misiones espaciales. Posteriormente, a falta de tales híbridos se utilizaron monos, perros, ratones, gatos… etc. para enviar al espacio, y para cubrir la realización de trabajos penosos en sitios como Siberia se recurrió a los gulags o campos de trabajo en los que fallecerían miles de personas. En paralelo, estos experimentos pretendían reafirmar la naturaleza “animal” del hombre, algo que en esa época estaba en discusión fruto de la aparición de la Teoría de la Evolución de Darwin. De estos experimentos o ideas sólo han quedado algunas leyendas, a veces plasmadas en obras literarias o películas, de animales extraños en torno a centros de investigación rusos de la época.

Sabías que…

Dirigido por la Unión Soviética, un cohete tripulado por una tortuga despegó el 14 de septiembre de 1968. La tortuga de Horsfield realizó un vuelo circunlunar con moscas de la fruta, gusanos de la carne y otros especímenes vivos, en la nave Zond 5. Fueron los primeros animales en entrar en el espacio profundo. 

La transfusión de sangre definitiva (la de un cadáver)

Otra investigación biológica poco heterodoxa que se llevó a cabo en Rusia tras la Revolución fue la de utilizar la sangre de muertos para transfusiones. Previamente, hay que tener en cuenta que la Rusia de los años 20 del siglo XX estaba a la cabeza en la investigación sobre la sangre humana y las transfusiones. De hecho, los primeros bancos mundiales de sangre se instalaron en esos años en Moscú y Leningrado.

En concreto, hubo un científico, Alexander Bogdanov, que pensó  utilizar transfusiones sanguíneas para luchar contra el envejecimiento. Y como conejillo de indias quien mejor que él mismo. Al parecer, las primeras 11 transfusiones le fueron bien (sus amigos decían que había rejuvenecido), pero finalmente se hizo una transfusión con sangre de un estudiante enfermo de tuberculosis entre otras enfermedades y murió. Pero hay quien dice que no fue un fallo de científico “loco”, sino que así se suicidó por sus problemas con los soviets. Y hubo otro científico, Serguei Yudin, que ya en los años 30 puso a punto métodos para conservar y guardar la sangre de personas muertas y realizar con ella transfusiones a personas vivas de forma exitosa. Como muchos otros científicos Yudin tuvo problemas con la Revolución, siendo retirado de sus cargos y enviado a campos de concentración; finalmente, tras la muerte de Stalin fue rehabilitado, aunque murió casi de inmediato.

Retrato de Sergei Yudin realizado por Mikhail Nesterov, 1933 / Imagen: Rodon

Recientemente se han descubierto en la Universidad de Indiana algunos documentos del premio Nobel Hermann J. Muller que mencionan sus intentos por utilizar la sangre de los muertos para realizar transfusiones. Este genetista y activista norteamericano, tras su paso por varias universidades estadounidenses, había emigrado a Alemania, y tras la irrupción de los nazis se marchó a Rusia. Allí  llegó a formar parte del frente anti-Lysenko, y ante el peligro que corría, se fugó a la guerra de España para formar parte de las Brigadas Internacionales, en este caso como asesor médico-biológico de las transfusiones de sangre [3].

Células “postizas”: a partir de materia inanimada

La Rusia soviética también era una “potencia” en la investigación sobre el origen de la vida. De hecho, cuando se menciona esta parcela de investigación a la cabeza siempre figura un investigador ruso, Aleksandr Oparin, quien en los años 20 del siglo pasado defendió que la vida se originó en una “sopa primigenia” de elementos químicos. Pero a esta hipótesis le faltaban muchas demostraciones.

Sin embargo, tras la Rrevolución Rusa hubo algunos investigadores que, aparentemente, lo demostraron experimentalmente. Y aquí hay que mencionar sobre todo a la investigadora Olga Lepeshinskaya. Según ella, si se mezclaban ácidos nucléicos con moléculas carbonatadas y la mezcla se irradiaba con luz ultravioleta aparecían nada menos que células vivas. Y asimismo a partir de las células vivas -e incluso muertas-, surgen una especie de vesículas que originan nuevas células, todo ello porque en las células había un principio vital.

Toda esta teoría chocaba con la idea científica básica de la Biología de que toda célula viva procede de otra célula viva. Estas investigaciones le valieron el apoyo de Lenin, Stalin, Lysenko e incluso el propio Oparin, quien le concedió la medalla Stalin de las ciencias. Sin embargo, todo quedó desacreditado cuando se puso de manifiesto que sus supuestos experimentos estaban totalmente falsificados. Desde entonces, se ha trabajado intensamente para tratar de investigar el origen abiótico de la vida, pero aún no se dispone de una demostración clara, existiendo multitud de experimentos e hipótesis, pero ninguna definitiva.

Bibliografía

  1. Parrington, J. 2017. Science, socialism and the Russian Revolution. International Socialism-isj.org.uk-Issue 155, 29th June.
  2. Anónimo. 2017, New Scientist, Oct.18th. 5 “mad scientists” of post-Revolution. Russia.
  3. Domínguez, N. 2012. Las transfusiones con sangre de cadáver pudieron prolongarse de forma “clandestina”. Materia. El País. 14/09/2012.

Publicaciones relacionadas

Comentarios sobre esta publicación

Escribe un comentario aquí…* (Máximo de 500 palabras)
El comentario no puede estar vacío
*Tu comentario será revisado antes de ser publicado
La comprobación captcha debe estar aprobada