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02 abril 2018

Maria Sibylla Merian, la mujer que convirtió la ciencia en arte

Animales | Descubrimiento | Mujer
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Lo tenía todo para ser simplemente una gran pintora de su época, pero su pasión por la naturaleza (y los insectos) la llevó a compaginar el arte con la ciencia y ser reconocida además como naturalista, exploradora y una de las pioneras de la entomología moderna.  Con sus dibujos de insectos y plantas, Maria Sibylla Merian abrió un nuevo campo en la ciencia, de una manera inusual y rompiendo los moldes científicos de la época.

Hija de un conocido artista y grabador, Maria Sibylla Merian (2 de abril de 1647 — 13 de enero de 1717) aprendió de su padre técnicas de dibujo con las que pintó flores, frutos, pájaros y algo nada común en aquellos tiempos, insectos (considerados por la Iglesia “engendros del demonio”). A los 13 años, empezó con un hobby que realizaría hasta el final de su vida: recoger y criar orugas para observar su transformación. Apuntaba en sus cuadernos los detalles, ciñéndose estrictamente a registrar aquello de lo que era testigo a través de la cría de esos insectos.  “La única aproximación fiable al estudio de los fenómenos naturales es a través de la observación”, escribió.

Maria Sybilla Merian mostró la relación de los insectos con otros animales y plantas. Fuente: Metamorphosis insectorum Surinamensium

La joven Merian registró con sus pinceles cada etapa del ciclo de vida de esos animales, desde los huevos hasta la forma adulta. Hasta entonces, poca gente se había ocupado de investigar insectos y su trabajo sirvió para desmentir la creencia de que surgían del lodo por generación espontánea —una teoría que había sido descrita por Aristóteles.

Animales, plantas e insectos juntos por primera vez

Después de dos décadas de observación, Merian publicó en 1679 su primer libro, Der Raupen wunderbarer Verwandlung (La maravillosa transformación de las orugas), considerada la primera descripción completa del ciclo de vida de unos insectos, y también de sus relaciones ecológicas. En lugar de representar especímenes sobre un fondo plano, mostró sus relaciones con otros animales y plantas, yendo a contracorriente de grandes científicos de su época, que se limitaban a clasificarlos en categorías separadas. Era la primera vez que animales, plantas e insectos eran retratados juntos.

[AMPLIAR imagen] Ilustraciones de Metamorfosis de los insectos de Surinam. Fuente: Wikimedia

Merian también fue pionera en emanciparse de ataduras sociales que coartaban la libertad y la curiosidad de las mujeres. Se divorció en 1685 para irse con sus hijas a una comuna pietista en Ámsterdam. Y en una época en que la mayoría de las féminas naturalistas se quedaban en casa clasificando plantas y animales de su localidad (o los que recibían del extranjero), emprendió un viaje a un país tropical semidesconocido. En 1699, a los 52 años, viajó a Surinam, la antigua Guayana Holandesa, para recolectar y cultivar especímenes de flora y fauna exóticas.

Regresó a Europa tras dos años y reunió los resultados de su investigación en su obra maestra: Metamorphosis insectorum Surinamensium (Metamorfosis de los insectos de Surinam), publicada en 1705. Ese trabajo reveló plantas y animales desconocidos en el Viejo Continente y la consagró como la primera entomóloga empírica, que viajó para observar y describir a los insectos en su propio hábitat. En sesenta ilustraciones detalló el ciclo de vida de orugas, gusanos, polillas, mariposas, escarabajos, abejas y moscas. Además de su innegable valor científico, la publicación fue muy alabada por su valor artístico.

Un referente para Linneo

La precisión de esa obra impresionó a Linneo, padre de la nomenclatura botánica y zoológica moderna, que basó en las observaciones de Merian varios textos de su famosa Systema Naturae, en la que enumera, describe y nombra las 4.400 especies de animales.

Retrato en color de Maria Sybilla Merian. Autor: Jacobus Houbraken

Pero la contribución quizás más importante de Maria Sibylla Merian a la entomología fueron los nuevos descubrimientos. Nueve especies de mariposas y dos de escarabajos, además de seis plantas, fueron bautizados con su nombre. Su trabajo fue tan rico, cuidado y novedoso, que durante mucho tiempo fue un referente fundamental en ese campo de estudio. Tras su muerte, en 1717, su nombre cayó en el olvido hasta que fue redescubierta como figura científica en el siglo XX.

Su amor por el arte y la naturaleza se puede resumir en una de sus frases: “El arte y la naturaleza siempre estarán luchando hasta que finalmente se conquisten uno al otro para que la victoria sea el mismo trazo y línea”.

Joana Oliveira

@joanaoliv

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