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16 marzo 2016

Los últimos hallazgos sobre la memoria

Biología | Cerebro | Ciencia | Cuerpo humano | Neurociencia
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Que algunas personas recuerden el pasado como una serie de episodios repletos de detalles (memoria episódica), mientras que otros archivan en su sesera el significado de los acontecimientos (memoria semántica) tiene mucho que ver con la configuración de las conexiones del cerebro, según revelaba un reciente estudio publicado en la revista Cortex. La neurociencia está descifrando los sofisticados mecanismos de la memoria humana para explicar cómo archivamos y recordamos la información.

– La memoria no es fidedigna.

– ¡Oh, por favor!

– No, no, lo digo en serio. Es imperfecta. (…) La memoria puede cambiar la forma de una habitación, el color de un coche y se puede distorsionar. Los recuerdos son una interpretación, no un registro. Y carecen de importancia si tienes los hechos.

Así es la conversación que mantienen Leonard y Teddy en la escena clave de la película Memento, una de las piezas del séptimo arte que mejor recoge los conocimientos neurocientíficos sobre la memoria. Su protagonista sufre amnesia anterógrada, que aunque le permite recordar nuevas palabras, le incapacita para recordar sucesos de su vida de un día para otro.

Foto 1. Neuronas en el proceso de sinapsis en el hipocampo, la zona del cerebro esencial para la memoria y el aprendizaje. Crédito: Ed Boyden, MIT

Lo que el director y guionista de la cinta, Christopher Nolan, desconocía es que no todos rescatamos la información que almacenamos sobre nuestro pasado del mismo modo. Algunas personas guardan en su sesera su autobiografía en forma de escenas visuales (memoria episódica) adornadas con todo lujo de detalles, mientras que otras archivan los acontecimientos como una lista de hechos y palabras que describen lo acontecido (memoria semántica). En el primer caso, los recuerdos se registrarían como una película, mientras que en el segundo, se asemejarían a un libro de historia (pero sin dibujos). Lo más interesante es que estos dos tipos de memoria se corresponden con estructuras cerebrales fácilmente identificables en una escáner, tal y como demostraban a principios de año Signy Sheldon y sus colegas de las universidades canadienses de McGill y Toronto.

En concreto, loa “memorizadores episódicos” cuentan con más conexiones en las regiones posteriores del cerebro, donde se procesan la información visual y las percepciones de los sentidos (corteza occipital y parietal), dañadas en el caso de Leonard. Mientras que los “memorizadores semánticos” muestran una red neuronal más densa en la parte inferior y media de la región prefrontal del cerebro, predominantemente conceptual y dedicada a organizar y jerarquizar información.

No es lo único que hemos aprendido recientemente acerca de cómo almacena información el cerebro humano. Además de distintas tipologías, la memoria también tiene distintas resoluciones.  De cada evento se almacenan al menos dos versiones, una más burda y otra más fina, en distintas zonas del hipocampo, el área con forma de caballito de mar esencial para la memoria y el aprendizaje. Y según requiera la ocasión, de un mismo acontecimiento podemos recuperar los datos más generales grosso modo o recordar hasta el más mínimo detalle.

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Sinapsis observada por microscopía epifluorescente. Crédito: Pietro de Camilli, Universidad de Yale

Otra forma de memoria que trae en jaque a los neurocientíficos desde hace años es la memoria de trabajo. Es decir, “la pequeña cantidad de información que podemos mantener temporalmente en la memoria, para tareas que desempeñamos en un momento dado, en contraste con la ingente cantidad de datos que archiva nuestra memoria permanente y a la que accedemos de cuando en cuando”, tal y como la define para OpenMind Nelson Cowan, investigador de la Universidad de Missouri-Columbia (EE UU) y uno de los mayores expertos del mundo en esta forma de memoria. “Entre otras cosas, necesitamos la memoria de trabajo para comprender lo que vemos, oímos o leemos, así como para resolver problemas”, matiza.

Uno de los aspectos más interesantes sobre los que indaga Cowan es la relación entre la memoria de trabajo, la atención y la concentración. De momento sabemos que existen áreas del cerebro como el surco intrapariental que se ocupan de mantener cierta información en el foco de atención, y que funcionan a modo de flechas “que apuntan hacia áreas que retienen durante un tiempo la información visual o verbal “, aclara Cowan. Lo que no está tan claro aún es en qué medida podemos recordar información a la que no prestamos atención, de la que no somos conscientes, una de las cuestiones que el investigador se ha propuesto esclarecer en los próximos años.

Aunque si hay que destacar un reto en neurociencia de la memoria para la próxima década, Cowan opta por conocer cuáles son realmente sus límites y cómo superarlos. Hace ya unos años, en 2001, este neurocientífico publicó un artículo en el que llegaba a la conclusión de que la capacidad básica de retentiva temporal de la memoria es de 3 ó 4 elementos para un adulto y 2 ó 3 para un niño. Sin embargo, también es cierto que “los humanos consiguen encontrar formas de traspasar ese límite usando conocimiento y estrategias para combinar información en áreas especializadas que hacen que la mente humana sea más poderosa y flexible”, añade Cowan.

Lo que sí parece que tenemos claro a estas alturas es la capacidad total de la memoria a largo plazo, que se situaría en el rango de los petabytes, es decir, el equivalente a la capacidad de la World Wide Web, según un estudio del Instituto Salk. Esto supone diez veces más volumen de información de lo que se pensaba hasta ahora. Y lo que es más interesante: se ha descubierto que, entre cada 2 a 20 minutos, las sinapsis entre neuronas crecen y menguan entre 26 tamaños diferentes según las señales que reciben. Eso las hace tremendamente efectivas en términos computacionales, además de muy ahorrativas desde el punto de vista energético. “Nuestro descubrimiento sugiere que, oculto bajo el aparente caos y desorden, hay una sorprendente precisión en el tamaño y la forma de las neuronas que ignorábamos por completo”, puntualizaba Terry Sejnowski, coautor del estudio. “Los trucos del cerebro esconden las claves que necesitamos para desarrollar ordenadores más eficaces”.

Y con tanta información, ¿quién dicta el orden de prioridades de los recuerdos? Charan Ranganath y sus colegas del Centro de Neurociencia de la Universidad de California demostraron con ayuda de la resonancia magnética que la memoria aprende y prioriza la recuperación de aquella información relacionada con alguna recompensa, y que por lo tanto es previsible que “le resulte útil para tomar decisiones futuras que proporcionen nuevas recompensas”.

Elena Sanz para Ventana al conocimiento

@ElenaSanz_

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