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10 noviembre 2016

Los liberales deberían desarrollar su propio “Stuxnet”

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La geopolítica y el desarrollo de las TIC crean un terreno fértil para las campañas políticas basadas en el miedo. Una respuesta eficaz sería empezar a considerar la tecnología como algo más que una simple herramienta para transmitir mensajes.

De Colombia a Trump

Muchos se mostraron sorprendidos cuando el pueblo rechazó en un plebiscito el acuerdo de paz firmado entre el gobierno colombiano y las FARC. La conmoción no solo se produjo porque los colombianos se negaron a dar por finalizado un conflicto cruento que se ha cobrado más de 200.000 vidas, sino también porque las encuestas de opinión pública habían pronosticado el resultado opuesto. Son muchas las posibles causas para rechazar el acuerdo de paz. Entre ellas la incapacidad de las élites del país para trasladar las ventajas del acuerdo al pueblo, la incapacidad para comprender las necesidades y preocupaciones de muchos colombianos que sufrieron en sus propias carnes las atrocidades de las FARC y una dura campaña de la oposición liderada por el antiguo presidente Alvaro Uribe.

Colombia no está sola. Otros recientes referendos y acuerdos políticos como el Brexit, las elecciones en Israel y la campaña de Trump tienen síntomas similares. Lo que todos ellos tienen en común se puede describir como una situación en la que la gente, en tiempo real, decide sobre su futuro de acuerdo con sus emociones y no según argumentos razonables basados en el pensamiento lineal.

Desde la perspectiva de las relaciones internacionales, la utilización masiva de las redes sociales, las aplicaciones de mensajería instantánea junto con el auge del terrorismo islámico radical, la inmigración masiva y la incertidumbre económica han creado un caldo de cultivo fértil pata el éxito de las campañas políticas basadas en el miedo.

Independientemente de que la amenaza sea percibida o real, el resultado es el mismo: una mayoría de los ciudadanos alejada de la sensación física de percibir los beneficios futuros que buscaban las élites políticas, económicas y sociales. En el caso de Colombia, tal vez hubiera sido más sencillo que la gente sintiese indignada por las FARC que sintiese los beneficios de la “paz”. Lo mismo podría decirse de los británicos, temerosos de perder sus empleos por culpa de los inmigrantes, o los israelíes al percibir el peligro de perder tierras de valor estratégico si se retiraban de Cisjordania y corrían el riesgo de reeditar un nuevo escenario del conflicto en Gaza.

Emociones y miedo a través de la tecnología

En condiciones de igualdad, las emociones ganan a la razón, especialmente cuando está en juego una fuerte identidad nacional. Sin embargo, esto no es un fenómeno nuevo. Ya en el siglo XVI, Maquiavelo afirmó que para un líder “es preferible ser temido que amado”. Lo que ha cambiado desde entonces son los medios para trasladar emociones a través de la tecnología. El texto, las imágenes y los vídeos transportados a través de las redes sociales crean hoy un impacto mucho más fuerte que hace 10 o 20 años.

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La tecnología es un canal nuevo y poderoso para expresar emociones

La tecnología no es el motor sino la herramienta, la plataforma de ejecución, por lo que un mensaje “pacífico” también podría transmitirse en las mismas plataformas. Sin embargo, nuestros instintos evolutivos primigenios nos han enseñado que el miedo es el impulso más poderoso, ya que nuestra supervivencia depende de él.

Por tanto, ?cómo podemos utilizar la tecnología eficazmente para superar el dilema humano básico
emoción-razón/miedo-esperanza? La respuesta podría ser considerar la tecnología como algo más que una simple herramienta para transmitir mensajes, e ir más allá de la dimensión virtual hacia la física.

Es lo que durante muchos años ha hecho el sector de la seguridad, creando drones, robots para el campo de batalla y la guerra cibernética. Las “industrias pacíficas” deberían hacer lo mismo y utilizar tecnologías como plataformas para gestionar procesos y crear herramientas. Tomemos como ejemplo el virus informático Stuxnet, que supuestamente se empleó acceder a las instalaciones nucleares de Irán y dañarlas. Este virus informático tenía dos características que lo hacían único y sumamente eficaz: era indetectable (en su versión original) y era capaz de transformarse en una fuerza física que destruía máquinas-centrifugadoras.

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En 2010, el virus Stuxnet asumió el control de más de 1,000 máquinas y las programó para que se autodestruyeran / Imagen: pixabay

Un reto para los liberales y los amantes de la paz sería asumir el mismo modelo y desarrollar una manera para que los mensajes invisibles pululasen por Internet y se transformasen en la dimensión física, creando objetos capaces de transmitir ideas pacíficas. Un punto de partida sería el Internet de las cosas o el Internet del todo, ideas y mensajes que se crearán en motores de búsqueda, redes de empresas, dispositivos portátiles y hogares inteligentes. Una vez que una idea Pacífica resuene en la información, los procesos, las cosas y las personas, existirá la esperanza de poder enfrentarse al miedo.

Arik Segal

 Arik Segal es el fundador y consejero delegado de Segal Conflict Management. Está especializado en el uso de la tecnología como una herramienta en los procesos de gestión de conflictos y en facilitar proyectos de diálogo online a través de plataformas de redes sociales.

 

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