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27 febrero 2015

Los desastres ambientales más “productivos”

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El movimiento en defensa del medio ambiente dio un gran salto en 1969 como consecuencia de una catástrofe ambiental. Repasamos aquí ese y otros desastres causados por la acción humana, no tan conocidos por su impacto en la naturaleza como por la fuerte conmoción que causaron en la sociedad. De ellos aprendimos lecciones que han llevado a una mayor protección del entorno natural.

Cuyahoga: el río que ardió (1969)

Alrededor de Cleveland (Ohio) fue creciendo durante el siglo XX uno de los mayores centros industriales de EEUU. Y en paralelo a ese desarrollo de la industria, el río Cuyahoga, que pasa por la ciudad, también escaló rápidamente a los primeros puestos de contaminación. Hasta tal punto estaba el Cuyahoga lleno de sustancias inflamables y de residuos flotantes, que cada cierto tiempo su superficie ardía. Más de una docena de incendios se registraron en el río hasta que, en el año 1969, aquella masa de fuego flotante llamó la atención de la revista Time. El semanario publicó unas espectaculares fotos de “El río que arde, más que fluye”.

Aquello conmovió a la sociedad estadounidense e impulsó grandes cambios. Hasta entonces, hasta 1969, las industrias locales podían verter a los ríos sin ningún control. Y tras el incendio del Cuyahoga también prendió en EEUU un movimiento en defensa del medio ambiente. Un Richard Nixon recién llegado a la presidencia supo ver la preocupación social por las cuestiones ambientales y después de la celebración del primer Día de la Tierra (22 de abril de 1970), Nixon reaccionó creando la agencia federal de Protección del Medio Ambiente (EPA, Environmental Protection Agency). El incendio del Cuyahoga, que desemboca en el lago Erie, también impulsó un acuerdo entre EEUU y Canadá para proteger los Grandes Lagos, en la frontera entre ambos países. Y un año más tarde llegó la ley federal para controlar la polución del agua (Clean Water Act).

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Crédito: Time Magazine

Todavía hoy resuenan en canciones pop (de R.E.M. o Randy Newman) los ecos de aquel río en llamas en 1969, pero no fue el incendio más grave sufrido por el río Cuyahoga. El de 1952 ya había sido mucho mayor y había provocado muchas más pérdidas. De hecho, las famosas fotos de la revista Time eran de 1952, pues en 1969 los fotógrafos llegaron al río cuando el fuego ya estaba extinguido, y los medios locales ni siquiera prestaron mucha atención al desastre que impulsó el control ambiental en EEUU.

La central nuclear de Three Mile Island (1979)

El 28 de marzo de 1979 se produjo un accidente en la central nuclear de Three Mile Island, en Harrisburg (Pensilvania). Tras una fusión parcial del núcleo de uno de sus tres reactores, la alarma saltó rápidamente y los reporteros de televisión desplazados a cubrir la noticia protagonizaron escenas de pánico, desconcertados ante la amenaza invisible de la radiactividad.

Una cantidad indeterminada de gases radiactivos se liberaron al medio ambiente. Sin embargo, la contaminación radiactiva detectada en los alrededores de la central fue mucho menor que en accidentes como Chernobyl (1986) y Fukushima (2011). Y los estudios epidemiológicos realizados no encontraron una relación causa-efecto entre el accidente y el ligero aumento de los casos de cáncer en la zona de la central nuclear. Eso sí, las tareas de limpieza duraron 14 años y costaron 1.000 millones de dólares.

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Crédito: National Archives and Records Administration

De nuevo, el desastre ambiental (el más grave accidente nuclear de EEUU) tuvo unas consecuencias más bien sociales y legales. El movimiento antinuclear se reactivó, y la industria “atómica” se vio sujeta a una nueva legislación. El accidente también tuvo consecuencias mediáticas. Walter Cronkite, el más legendario presentador de telediarios, se refirió a la cobertura de Three Mile Island como “el día más confuso en la historia de los medios informativos”. Entre las contradictorias declaraciones de los expertos y el desconocimiento de la física nuclear básica por parte de casi todos los 300 reporteros desplazados a la zona, el caos informativo estaba servido.

Tanto los medios de comunicación como las facultades de periodismo se dieron cuenta de la necesidad de formar a reporteros especializados en cubrir información sobre ciencia y tecnología. Así, aquel mismo año surgió el primer programa de posgrado en Redacción Científica, en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), seguido de cursos similares en la Universidad de California y en la de Nueva York.

El desastre de Séveso (1976)

Séveso es un pueblo cercano a Milán, que sería desconocido fuera de Italia de no ser por un accidente en una pequeña planta química que fabricaba pesticidas. Los gases contaminantes llegaron a las localidades cercanas, provocando la exposición de decenas de miles de personas a los mayores niveles nunca registrados de una dioxina: en concreto la TCDD (2,3,7,8-tetraclorodibenzo-p-dioxina), una de las más letales de ese tipo de sustancias, y conocida por formar parte del agente Naranja usado por EEUU en la guerra de Vietnam.

Ninguna persona murió en el llamado “desastre de Séveso”, al contrario de lo sucedido tras el más famoso escape de gas de la Historia: en 1984 otra planta de pesticidas, en Bhopal (India), provocó casi 4.000 muertes confirmadas y dejó más de medio millón de afectados. En Séveso las consecuencias inmediatas fueron pánico y evacuaciones. 80.000 animales fueron sacrificados para evitar que las toxinas entraran en la cadena alimentaria; y varios miles de personas fueron atendidas por intoxicación con dioxinas.

A largo plazo, los científicos han podido aprender numerosas lecciones de Séveso, gracias a que los médicos conservaron muestras de sangre de todos los pacientes. Décadas después del accidente han seguido saliendo estudios científicos, que procesan toda esa cantidad de datos de exposición a dioxinas. Además, se estandarizaron en Europa las normativas de seguridad industrial. De aquél accidente nació una ley de la UE conocida como la directiva Séveso, que regula el manejo y almacenamiento de sustancias químicas peligrosas.

Francisco Doménech Ventana al Conocimiento

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