La traducción y la interpretación

Siempre se nos habla de alguien que aprendió un idioma sólo para poder leer a un autor en su lengua original, porque las traducciones no le satisfacían, no reflejaban el mensaje del autor, perdían el sentido de las palabras o su música. Y todos conocemos el tópico “traduttore, tradittore”, el traductor como traidor, no diciendo lo mismo sino adaptando el significado a un nuevo medio.

Los traductores a menudo se enfrentan a la imposibilidad de la traducción, por más esfuerzos que se realicen y por más que se conozcan ambas lenguas siempre hay matices inalcanzables, o que al traducir exigen un mayor número de términos, o usar expresiones complejas, porque el idioma de destino no tiene posibilidad de representar esa realidad.  Muy a menudo nos planteamos los problemas de traducción en  la literatura, y especialmente con la poesía, donde además de afán de captar el contenido se une la aspiración a mantener los valores sonoros o un universo de imágenes.

A veces hay que recurrir a la etimología, buscar el origen y la evolución de los términos para no caer en los “falsos amigos”, en esas palabras que con un mismo origen han dado lugar a significados y contextos totalmente distintos, con matices que han ido cambiando, y que nos plantean cuestiones sobre la visión de la realidad de los hablantes, que son los dueños de la lengua y la modifican aunque nunca puedan hacerlo de manera individual, y cuentan con el lenguaje como su principal medio de pensamiento.

La filosofía es otro de los campos donde el lenguaje es la única herramienta con la que se construye el conocimiento; no hay demostraciones empíricas ni soportes materiales y aun así hay que trabajar los conceptos, hay que darles forma y hay que interpretar lo que los filósofos anteriores pensaban. La hermenéutica intenta ir algo más allá y no solo traducir, sino interpretar, esclarecer, hacer comprensible no sólo el significado sino todo lo que rodea al mismo, reduciendo la distancia entre el emisor y el receptor del mensaje, hacer que los textos hablen o más bien manifiesten y transmitan su mensaje, como Hermes, de donde viene su nombre.

Y no sólo  los textos pueden ser leídos, traducidos e interpretados, sino también las culturas, cuya comprensión sólo es posible si somos capaces de desvelar y asumir sin juzgar universos que son distintos de los nuestros, y esta aproximación al mundo nos evitará caer en visiones estrechas y facilitará el entendimiento.

 

Alicia Sánchez Soriano

BBVA Innovation Center, Madrid (España)