La reconquista de la Luna

La humanidad quiere regresar a la Luna, 45 años después de que el último astronauta la pisara. Con el fin de algunos de sus programas espaciales y el desmantelamiento de la Estación Espacial Internacional (EEI) en el horizonte (previsto a partir de 2024), la NASA pretende centrar en la Luna los próximos pasos en la exploración del Universo. Además, las agencias espaciales de países como Estados Unidos, India, China o Japón y empresas del sector aeroespacial lanzarán proyectos en los próximos años para enviar naves tripuladas y rovers que busquen recursos minerales en la superficie del satélite. Incluso las grandes firmas tecnológicas tienen puestos allí parte de sus intereses.

La NASA pretende centrar en la Luna los próximos pasos en la exploración del Universo. Crédito:Gregory H. Revera

La NASA pretende centrar en la Luna los próximos pasos en la exploración del Universo. Crédito: Gregory H. Revera

La NASA anunció en septiembre que unirá fuerzas con la agencia espacial rusa, Roscosmos, para construir una estación espacial en la órbita lunar a mediados de la próxima década. Funcionará como punto de partida a las misiones tripuladas a Marte y otras zonas del Sistema Solar y allí se entrenarán los astronautas y se probarán tecnologías.

Ese plan recibe, sin embargo, críticas de algunos expertos. “Si el objetivo final es ir a la superficie de la Luna, no tiene sentido construir una estación, que es muy cara, en su periferia”, afirma a OpenMind Bernard Foing, director del Grupo Internacional de Exploración Lunar de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés). Para el ingeniero aeroespacial Robert Zubrin, presidente de Mars Society, se trata del “peor plan de la NASA”.

Zubrin argumenta que los objetivos de la nueva base podrían realizarse en la EEI y que “todo el interés científico reside en la superficie del satélite”. Foing añade que el proyecto puede ser “una manera rápida de hacer dinero” para las empresas del sector. “Muchas han desarrollado módulos para la EEI y ahora tendrán una oportunidad de cobrar más para adaptarlos a la estación lunar”.

Los gurús tecnológicos, rumbo a la Luna

Google también ha puesto su ojo en la Luna y ofrece 20 millones de dólares a la primera organización privada que logre desplazar un robot en su superficie y enviar imágenes hasta el 31 de marzo de 2018. Los equipos favoritos del Google Lunar X Prize son TeamIndus (de la India) y Hakuto (de Japón) —que viajarán juntos en un cohete PSLV indio— y SpaceIL (de Israel) —que será lanzado por un cohete de SpaceX—.

SpaceX, del magnate Elon Musk, pretende realizar además el primer viaje turístico al satélite a finales de 2018. Y su rival, United Launch Alliance, anunció una asociación con Bigelow Aerospace para colocar un módulo habitable en órbita lunar en la próxima década, mientras que Blue Origin habla de transporte de carga a la Luna con sus cohetes New Glenn, a partir de 2020.

Una nueva carrera espacial

No solo en el ámbito de la empresa privada, sino también desde las agencias espaciales nacionales, proliferan los proyectos con destino a la Luna.

Después de haber llegado allí con el rover Jade Rabbit, entre 2013 y 2016, China pretende lanzar en 2018 un orbitador para, desde él, llegar al lado más lejano del satélite y obtener muestras de su geología. La agencia espacial china también realizará allí experimentos con un radiotelescopio de baja frecuencia. “Ese lado lejano de la Luna es el lugar más tranquilo del Sistema Solar en cuanto a la frecuencia de radio. Desde allí se pueden analizar las señales más frágiles que suenan en el Universo y estudiar la formación de las primeras estrellas y galaxias”, explica Foing.

India también quiere ir a la Luna el año que viene y Japón tiene planes para enviar un rover en 2020 y una misión tripulada en 2030.

Ilustración del pueblo lunar en 3D. Crédito: ESA

Ilustración del pueblo lunar en 3D. Crédito: ESA

¿Se trata de una nueva carrera espacial? “Sí, pero diferente de la primera. Ahora hay una mezcla de competición y colaboración. Es como los Juegos Olímpicos.”, contesta el experto de la ESA. “Tenemos la oportunidad de desarrollar nuevas tecnologías y de abrir las puertas a pequeños países que quizá no tengan el presupuesto necesario para llevar a cabo proyectos individuales”.

En esa línea de colaboración, la agencia europea trabaja con Estados Unidos en la construcción de los propulsores y del sistema de soporte vital de las cápsulas Orion, con las que pretenden llevar a cuatro astronautas a la Luna en los próximos cuatro años. Con Rusia, la ESA pondrá en marcha una misión para alunizar en el polo sur del satélite y estudiar la composición de su hielo para obtener agua y otros materiales para elaborar combustibles y oxígeno.

Explotar los recursos minerales

El plan más ambicioso de la ESA es, sin embargo, el de construir una aldea lunar, al principio formada por humanos y robots, hasta que en 2030 se tenga un grupo de astronautas habitando la Luna de manera constante. “Podremos estudiar cómo llevar la vida terrestre a un mundo hostil, sin atmósfera, pero que tiene recursos”, comenta Foing.

Además de agua congelada, el satélite natural de la Tierra tiene oxígeno y elementos difíciles de encontrar en nuestro planeta. Un ejemplo son los isótopos de helio-3, inexistente en la Tierra, que podrían ser usados como combustible de fusión nuclear limpia. Diez toneladas de ese material serían suficientes para abastecer de energía toda Europa durante un año, calculan los expertos.

Prototipo de la estación espacial en la órbita lunar.Crédito:NASA

Prototipo de la estación espacial en la órbita lunar.Crédito: NASA

La ESA también plantea extraer el agua del suelo lunar y llevarla a la EEI. “Actualmente, llevar 1 kilo de agua a la estación cuesta 50.000 dólares, por eso la instalación recicla todo el agua que se consume allí. Si importamos el agua de la Luna, gastaríamos tan solo 20.000 dólares por kilo”, afirma Foing.

La existencia de esos recursos minerales es el principal argumento de los entusiastas de la exploración lunar cuando preguntados por la misiones a Marte, que han concentrado los esfuerzos y presupuestos de la comunidad científica y de la industria espacial en la última década. “La ciencia de Marte es muy importante, pero es más difícil llegar al planeta rojo y no estamos listos. Enviar humanos a Marte va a costar 100 veces más que ir a la Luna y los riesgos son muy altos”, sostiene el jefe de Exploración Lunar de la ESA.

¿Y por qué volver después de casi cinco décadas? “Ahora contamos con una revolución industrial de alta tecnología, es el momento de invertir otra vez en la Luna”, dice. “Ahora, además, podemos ir para quedarnos”.

Joana Oliveira

@joanaoliv