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26 junio 2014

“La música transmite historias y emociones, y conecta a personas”, Tod Machover (MIT)

Antropología | Arte | Autores | Entrevista | Música
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Su despacho, en la cuarta planta del Media Lab del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), ofrece unas vistas privilegiadas del río Charles, Cambridge y Boston. Pero no son las vistas lo que capta la atención de Tod Machover. Como compositor,  investigador musical y director del departamento de Ópera del Futuro del MIT, atiende más a los sonidos. Quizás preso por las sirenas de las ambulancias, el tráfico o el sonido de la ciudad que retumban en las paredes acristaladas de su despacho, el investigador llena su discurso de onomatopeyas que visten su discurso de musicalidad. Del ‘papapapap’ al ‘brrrrrr’, y desde uno de los centros tecnológicos más potentes del planeta, conocemos el futuro de la música que pasa por nuevos instrumentos, proyectos colaborativos y la música como terapia. Empieza la función.  

Tod Machover / Crédito: Carlos Betriu

Hace cinco minutos estaba reunido con sus alumnos. ¿De qué hablaban?

De muchos proyectos. Tenemos varios con motivo del festival de música clásica en Lucerna (Suiza) de este verano. Es una espacio fantástico porque tiene a los mejores músicos jóvenes del mundo. Uno de los proyectos consiste en componer un tema sinfónico colaborativo. Por otro lado, quiero inventar instrumentos de última generación. En las últimas décadas, hemos creado instrumentos con sensores, tecnología y ordenadores portátiles que son muy poderosos. Sin embargo, no podemos entender la música sólo mediante un micrófono. Necesitamos expresión, habilidades y espontaneidad. Tenemos que poner estos puntos en común.

¿Cómo son los instrumentos de nueva generación entonces? ¿Cuál es su idea?

La música es sonido y vibración. Si hago un sonido, lo siento en mi cuerpo. Y pasa lo mismo si el sonido lo hace otra persona. Puedo entender lo que siente el cuerpo de otro al emitir ese sonido. Y más allá, está la sinestesia, término que se usa generalmente para describir la conexión de varios sentidos a través de la música. Oigo una nota y me imagino un color, por ejemplo. Creo que los instrumentos del futuro necesitan experimentar entre varios sentidos.

¿Y qué forma van a tener esos instrumentos?

Se basarán en instrumentos existentes, en el cuerpo o en la voz. Los instrumentos que estimulan la interacción son fantásticos. Como los que creamos para niños -Beat Bugs y Shaper- hace diez años. Cambian de sonido según como los aprietas. Desde ‘papapa’ a ‘apapappapapappa’  o de ‘brr’ a ‘brrrrrrrrrr’. En esta línea, tenemos pensado otro instrumento que se basaría en el funcionamiento de un torno de cerámica. Giraría y sonaría según la forma que adopta la arcilla. Es dinámico y se puede modificar. Es como una escultura o un organismo vivo.

¿Podríamos ver una orquesta o DJ tocando este instrumento en algunos años?

¡Para un DJ sería impresionante! Permitiría pinchar temas distintos cada vez. Una computadora puede hacer cantidad de cosas pero sin complejidad alguna. Hay mejores maneras de hacer música. En mi caso, cuando diseño un instrumento, trato de potenciar sus funcionalidades. ¿Alguna vez has oído hablar del gamelán? Es un instrumento tradicional de Bali tocado por varias personas a la vez. Es como un teclado con martillos que hace sonidos como “papapapa”. Cada persona toca unas notas en concreto, por ejemplo, tú tocas sólo la tercera y la séptima. Cada integrante es una pieza del rompecabezas. Al final, se obtiene una obra unificada.

¿Cuál es su meta en el MIT como director en su laboratorio?

La música es una experiencia muy completa: transmite historias y emociones, y conecta a personas. Mi objetivo es encontrar todas las maneras posibles de crear una música que refleje el mundo tal y como es y conseguir que la música sea una parte muy importante de la vida.

Hay una paradoja. La música está en todas partes. Todo el mundo tiene un montón de música en el ordenador, móvil o dispositivos que permiten escucharla todo el tiempo. Sin embargo, es una actitud pasiva. Casi siempre la escuchamos mientras estamos haciendo otra cosa: leer, conducir, caminar… Uno de mis objetivos es encontrar distintas vías para que las personas participen en experiencias musicales: componer, escuchar con atención, experimentar…

Eso es lo de la City Symphonies, por ejemplo. Eso de componer una pieza que defina a una ciudad. ¿Cómo fue la última experiencia de dedicarle una sinfonía de ópera a Perth (Australia)?

¡Muy bien! Hemos hecho tres ya. Toronto, la primera, fue una gran experiencia. Tuve un año para componer la sinfonía e hice una pieza larga. La segunda fue para Edimburgo, una pieza corta de 10 minutos. En Perth , he usado lo mejor de las dos anteriores. Es una ciudad aislada y con un crecimiento muy rápido. He tratado de definir qué es la ciudad y qué quiere ser.

¿Qué otros proyectos me destacaría a lo largo de su estancia en el MIT?

Hace quince años, hice el Brainopera. Era un proyecto para que las personas experimentaran lo que sucede en su cerebro cuando escuchan música. Hice una orquesta con casi un centenar de instrumentos que podían ser usados fácilmente por todo el mundo. Las personas jugaban, intentaban cosas, escuchaban… Y luego, en el teatro, se realizaba una pieza conjunta. La mitad de la obra estaba compuesta por el público y el resto por mí. El público era directamente parte del proceso creativo.

¿Y esta proyecto contribuyó a que la gente entendiera mejor la música?

Sin duda. Es una demostración de cómo se puede conseguir algo grande a partir de la colaboración de la gente. En la misma línea,  hace unos años desarrollamos el Hyperscore, un programa de ordenador para crear música y acercarla a la gente sin conocimiento previo o, incluso, con problemas de salud como depresión o problemas físicos. No sabes hasta que punto la música puede llegar a ser potente a la hora de transmitir sensaciones.

Y eso que dicen que la música ayuda a tener una mejor salud… ¿Es verdad que la música ayuda a hacer crecer mejor las plantas?

Creo que es cierto. Sobretodo si se escucha activamente. Hace unos años, empezamos a colaborar con Dan Ellsey, un chico con movilidad reducida que no puede expresarse bien. Le creamos un software sofisticado que le permitía expresarse. Así, de pronto, podíamos escuchar sus necesidades a través de un lenguaje musical creado con el software. Digamos que hemos podido descubrir quién es y qué quiere a través de la música. Si empleamos esta tecnología en personas más jóvenes, seguro que podemos conseguir más y mejores resultados.

De hecho, uno de mis estudiantes realizó un doctorado sobre este asunto. Desarrollamos un juego de memoria musical que puede usarse para detectar el Alzheimer. Lo pusimos a prueba en varios hospitales y ahora la gente está considerando su uso como terapia. La idea es que sirva para detectar el Alzheimer en fase temprana, de manera que se puede actuar cuanto antes. Creemos en un tipo de terapia para el futuro basada en la música.

¿Así que podemos hacer terapia con música ?

Es una combinación. La música es terapia, meditación y un medio de comunicación para entenderse a sí mismo o el mundo en general. Es muy personal a la vez que misterioso.

¿Para acabar… Qué es lo próximo que tiene entre manos?

Se llama ‘Vocal Vibrations’. Sabemos que la voz es el mejor instrumento que tenemos. A algunas personas les da miedo cantar o tiene algún reparo. Aún así, la voz es muy poderosa. Cuando uno dice aaaaooooaaaah… Es como un masaje.

Precisamente, ‘Vocal Vibrations’ se basa en la voz. El espectador pasea por una sala en la que puede ir interactuando con sonidos basados en la voz. Además, tenemos un objeto llamado Orgue que se coge con las manos y transforma el sonido de la voz en vibraciones. Se oye y se siente. Todo el mundo reacciona de alguna manera al usarlo. Hicimos muchos experimentos para saber lo que ocurría a las personas cuando lo usaban.

¿Y qué resultados tuvo?

Uno de los resultados más llamativos es que durante la experiencia la gente tiene cambios de concentración. A veces, la tensión es progresiva y, otras veces, se puede ver un pico como ‘Ooooooohhh, entiendo lo que pasa!’. Como hemos dicho, hay un futuro en la música a través de terapia.

Carlos Betriu para Ventana al Conocimiento

@nikotchan

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