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12 septiembre 2016

La Ley del Espacio y la exploración espacial

Astrofísica | Espacio | Universo
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Las naciones-estado se reservar el derecho de crear leyes y utilizar los mecanismos coercitivos para que se cumplan dentro de sus límites territoriales. En ocasiones delegan en  entidades supranacionales, como la Unión Europea, o firman acuerdos con otros estados, transfiriendo ciertas capacidades normativas. También en los mares existe una legislación, ya que las áreas reclamadas por los estados se están ampliando al amparo de los últimos tratados dentro del marco de Naciones Unidas. Pero, ¿qué ocurre en el espacio? ¿A quién pertenece la Luna y otros objetos celestes? ¿Se puede vender una parcela en Marte?

Los fundamentos de la Ley del Espacio

Tras el inicio de la exploración espacial por soviéticos (1957) y americanos (1958), y el inicio de un nuevo ámbito de competición entre las dos superpotencias, se puso de manifiesto la necesidad de regular sus actividades. Esto se consiguió casi diez años después con el denominado Committee on the Peaceful Uses of Outer Space (COPOUS, comité para los usos pacíficos del espacio exterior), creado por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1959. Su subcomité legal ha sido el responsable de crear la ley internacional del espacio

De todo el marco legal creado desde entonces, el más importante es el Outer Space Treaty” (OST, Tratado del Espacio Exterior), que entró en vigor en 1967  y que ha sido ratificado por 103 estados.

Así, se establece que todas las actividades deberán: regirse por la Ley Internacional; proporcionar libre acceso espacio, sin interferencias por parte de otros estados, y a todos los objetos celestes, que no podrán ser reclamados por ningún estado o individuo; solo podrán desarrollarse actividades pacíficas, los gobiernos de cada estado serán responsables de las actividades de sus compañías; no se podrá contaminar y todos los espaciales deberán estar registrados.

Así, se entiende que el espacio exterior y los cuerpos más allá de nuestro planeta son  propiedad conjunta de toda la humanidad. Por tanto, no podrán ser reclamados como propiedad ni vendidos.

En lo que respecta la ley, es aplicable la Carta de Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos Humanos. Recordemos dos pasajes muy relevantes de ambas:

“Los propósitos de las Naciones Unidas son:

  1. Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz;
  2. Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y tomar otros medidas adecuadas para fortalecer la paz universal;
  3. Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión; y
  4. Servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones por alcanzar estos propósitos comunes.”

“…ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.

La responsabilidad en el Espacio

El Registro oficial de Naciones Unidas sobre objetos lanzados al espacio incluye más de 7.000 objetos. En la actualidad existen más de 1.000 satélites artificiales orbitando alrededor de nuestro planeta. También hay una gran cantidad inactivos (unos 2.600) y existe una ingente cantidad de residuos: muchos son productos de lanzamientos espaciales, pero la mayor parte se han formado como consecuencia de los impactos entre satélites.

El gran número de ingenios en el espacio y de “basura espacial” implica un cierto riesgo. Recordemos que el Sky Lab, un antecedente de la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), terminó cayendo sobre Australia en 1979. Aunque no hubo daños materiales ni personales, este país impuso a la NASA una multa de 400 dólares por arrojar basura… No ha sido la única ocasión en la que un satélite ha caído sobre tierra o mar. La responsabilidad de los daños recae en el país en donde estén registradas las compañías propietarias de los ingenios que hayan provocado el daño, ya que es el estado correspondiente quien tiene que aprobar las actividades de sus entidades no gubernamentales o sus ciudadanos. Como ejemplo, recientemente la agencia norteamericana FAA, que regula todas las actividades relacionadas con la aviación, ha aprobado el inicio de actividades que pudieran llevar a extracción de minerales en la Luna. Se fundamenta en una regulación aprobada por el Senado de EEU, que permite la extracción de recursos naturales en cuerpos celestes a los ciudadanos americanos. No está claro si esta regulación es legal dentro de los distintos acuerdos internacionales.

En cualquier caso, los daños producidos por la “basura espacial” no están cubiertos por los tratados firmados bajo el paraguas de Naciones Unidas.

Sea como fuere, cada estado mantiene la jurisdicción sobre las naves espaciales que registre, incluyendo las tripuladas. Esto es importante para determinar qué tipo de tribunal hay que aplicar en caso de que se cometiese un delito en el espacio.

Un corolario es que la contaminación espacial por basura tiene que ser minimizada, y que los cuerpos celestes tienen que ser protegidos, especialmente aquellos que pudieran albergar actividad biológica. De igual manera, la Tierra tiene que ser protegida frente a la introducción de material biológico alienígena.

Ilustración 1: Diferentes tipos de órbitas alrededor de la Tierra.

Las órbitas alrededor del espacio: un recurso escaso

En el espacio que rodea nuestro planeta se encuentras situados ingenios que cumplen misiones muy diferentes: investigación astronómica, climática y geológica, telecomunicaciones y navegación, de uso militar, de control meteorológico y relacionadas con actividades humanas, como la ISS.

Por otra parte, no todas las órbitas tienen la misma utilidad. La más importante es la geoestacionaria, caracterizada por ser circular y estar sobre el ecuador a una distancia de 35 786 km, lo que produce que el satélite parezca que está “fijo” respecto a un punto de la superficie de la Tierra, lo que hace que este tipo de órbita sea ideal para satélites de comunicación o de cualquier tipo de vigilancia.

Así, es un bien escaso ya que los distintos satélites se tienen que colocar a cierta distancia los unos de los otros para que no interfieran. Por tanto, es necesario una coordinación que garantice que cualquier país tenga acceso a este tipo de órbitas.

Sobre el uso “no-pacífico”

Aunque el Tratado del Espacio Exterior define su uso para actividades pacíficas, permite el desarrollo de actividades militares, pero con varias limitaciones. En primer lugar, está prohibido desplegar cualquier arma de destrucción masiva, incluidas las nucleares, en el espacio. Cualquier otro tipo de armas pueden ser transportadas al espacio y también se permite cualquier actividad defensiva o no agresiva. Sin embargo, ningún tipo de arma puede ser estacionada en ningún cuerpo celeste, incluida la Luna, en donde tampoco puede haber bases militares.

Como conclusión, el espacio, tanto el más próximo como los objetos celestes del Sistema Solar y lo que se encuentra más allá del mismo, es un bien común de la humanidad, un dominio en el que debe prevalecer la cooperación internacional. Es posible desarrollar actividades comerciales, y de hecho todos nos beneficiamos de las rápidas comunicaciones y de la prevención y mitigación de desastres, pero también, como nuestro propio planeta, también pertenece a las generaciones futuras y tiene que ser cuidado de manera adecuada.

David Barrado

Centro de Astrobiología (INTA-CSIC)

@David_Barrado

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