La ética en las organizaciones (l): ética y negocios

Desde que el hombre vive sobre la Tierra ha tenido necesidad de recibir y por lo tanto de dar. Cuando se empezó a formalizar la actividad de intercambio de bienes y se comenzó a realizar por dinero, también empezaron a tomar forma una gran cantidad de maneras de dar menos o recibir de más, siempre en detrimento del otro. Esto es lo que se denomina trato injusto.

En los últimos años se han derramado ríos de tinta con los que se insiste en que deben cambiar las cosas, que se debe proceder con justicia para el bien de todos y no solo de unos cuantos.

En estas líneas se busca mostrar un camino a seguir para aquellos que tienen la firme intención de convertir a su organización en una que sea justa, que se vuelva ética, pero que no saben por dónde empezar este proceso de cambio.

  Canción del comerciante

¡Yo qué sé qué es el arroz!

¡Yo qué sé quién lo sabrá!

Yo no sé lo que es el arroz.

No sé más que su precio.

¡Yo qué sé lo que es un hombre!

¡Yo qué sé quién lo sabrá!

¡Yo no sé lo que es un hombre!

¡No sé más que su precio!

(Brecht, 1972)

¿Tiene razón de ser una ética en los negocios? A esta pregunta responde Peter Drucker en Management. Tasks. Responsabilities. Practices. diciendo que no debe existir algo llamado ‘Ética de los Negocios’. Dice que se han predicado demasiados sermones y se ha escrito incontablemente sobre la ética de los negocios o de la ética del hombre de negocios. Afirma que la mayoría de lo que se ha dicho no tiene nada que ver con negocios y poco que ver con la ética, y que hay un asunto principal que es sencillo: “La honestidad de cada día”.

Los hombres de negocios, se dice solemnemente, no deberían engañar, robar, mentir o recibir sobornos. Pero tampoco nadie más. Los hombres y mujeres no adquieren exenciones de las reglas ordinarias de comportamiento personal debido a su trabajo o empleo, ni tampoco cesan de su condición humana cuando son designados vicepresidente, alcalde o rector. A pesar de esto siempre ha existido un número de personas quienes engañan, roban, mienten, sobornan o reciben sobornos. Se trata, según Drucker, de un problema de valores morales y educación del individuo, la familia, la escuela. Por esto no existe una ética de los negocios separada, ni se necesita una.

El punto de vista de Peter Drucker hace reflexionar al estudioso de las organizaciones y del comportamiento del hombre en ellas al observar que existe una tensión entre los valores éticos y el egoísmo de las personas.

Parecido al pensamiento de Drucker es el de Maxwell en There Is Not Such a Thing as “Business Ethics quien dice que “no hay cosa llamada ética de los negocios, solamente existe la ética”, agregando que:

La gente trata de utilizar un paquete de ética para su vida profesional, otro para su vida espiritual, y otro en casa para su familia. Eso los pone en problemas. La ética es la ética. Si tu deseas ser ético, tu vives un solo estándar. Los educadores, filósofos, teólogos y abogados han tomado lo que es verdaderamente simple y lo han hecho confuso. Concluye diciendo que “vivir una vida ética no siempre es fácil, pero no debe ser tan complicado”.

Ante la pregunta de por qué la ética debe formar parte de los negocios, M.G. Velasquez afirma en Ética en los negocios que “puesto que la ética debe gobernar todas las actividades voluntarias humanas, y puesto que los negocios son una actividad voluntaria humana, también deberá regir los negocios”.

Con esta idea se justifica la ética en los negocios en sí misma, ya que se trata de un comportamiento deseable en las organizaciones, y porque se pretende “demostrar que las consideraciones éticas son consistentes con los objetivos de los negocios, en particular de la búsqueda de lucro”

En otras palabras, se está ante el reto de que la gestión de una organización sea ética además de exitosa.

En la serie de posts que hoy comienza, se cuestionará la razón de ser de la ética en los negocios, argumentando que es suficiente con llegar a ser una persona ética y desde ahí apegarse a la “honestidad de cada día”.

Lee la segunda parte de la serie aquí

Fernando Menéndez González

Investigador y catedrático, Instituto Politécnico Nacional (México)