La conquista de Marte: una nueva carrera espacial plagada de fracasos

Si existieran los marcianos en los que creía el astrónomo Percival Lowell, y con los que H. G. Wells fantaseó en La guerra de los Mundos, el 2 de diciembre de 1971 habrían visto un ovni con forma de seta surgir del cielo y posarse suavemente en su planeta. Si se hubieran acercado a examinarlo, habrían encontrado una esfera metálica con cuatro pétalos triangulares abiertos y coronada por un banderín rojo con extraños símbolos en amarillo.

El módulo de aterrizaje de la sonda soviética Mars 3 fue el primer artefacto de fabricación humana que logró posarse sano y salvo sobre el suelo de Marte. Pero la alegría para sus responsables duró poco: 14,5 segundos. Éste fue el tiempo durante el cual el aparato logró transmitir datos antes de callarse para siempre por motivos desconocidos. El resultado de aquella breve transmisión fueron 70 líneas de una imagen parcial que, por desgracia, no mostraba nada reconocible.

3. Módulo de aterrizaje de la Mars 3, con sus pétalos abiertos. Crédito: Academia Soviética de las Ciencias

Módulo de aterrizaje de la Mars 3, con sus pétalos abiertos. Crédito: Academia Soviética de las Ciencias

La de la misión Mars 3 no fue la primera decepción rusa en la carrera marciana. Unos días antes, el 27 de noviembre, su gemela Mars 2 se había convertido en la primera huella humana en el suelo de Marte; aunque probablemente en varios pedazos, ya que la secuencia de aterrizaje falló y el paracaídas no se abrió. De hecho, la historia de la exploración marciana ha estado siempre teñida de un sabor agridulce, pero con la suerte repartida de forma desigual: mientras que la mayoría de las misiones estadounidenses han culminado con éxito, hasta hoy Europa y Rusia aún no han conseguido hollar el suelo marciano con un aparato intacto y en pleno funcionamiento.

La sonda que solo llegó a Siberia

El 10 de octubre de 1960, en pleno frenesí de la carrera espacial, la Unión Soviética se adelantaba a su rival americano con el lanzamiento de la primera sonda destinada a sobrevolar Marte. Sin embargo, aquel primer aparato sin nombre, conocido como Mars 1M No.1 y bautizado por los medios occidentales como Marsnik 1 (Mars Sputnik), sólo logró llegar a Siberia. Un final semejante sufriría cuatro días más tarde su gemela Mars 1M No.2, o Marsnik 2. En 1962, la URSS fracasaría tres veces más con las sondas Sputnik 22, Mars 1 y Sputnik 24, siendo este último el primer intento de tomar tierra en Marte, que no consiguió escapar de la órbita terrestre.

Por su parte, EEUU avanzaba más despacio, pero más seguro. Después de la primera apuesta fallida de la Mariner 3, que se quedó sin impulso por un fallo en sus paneles solares, su sucesora se lanzaba el 28 de noviembre de 1964 para lograr por primera vez sobrevolar Marte y enviar imágenes a la Tierra. La primera fotografía transmitida por la Mariner 4 se convirtió en una imagen histórica de la ciencia cuando los responsables de la misión, impacientes por verificar el funcionamiento del equipo, decidieron pintar a mano las tiras de papel con las claves numéricas de colores que enviaba la radio de la sonda.

Desde entonces, la competición marciana se inclinó claramente a favor de la NASA, que en 1969 repetía éxito con las Mariner 6 y 7 y en 1971 con la Mariner 9. Mientras, su homóloga rusa Roscosmos fallaba en otras cuatro ocasiones, contra un solo tropiezo de EEUU con la Mariner 8. Las Mars 2 y 3 de la URSS fueron las primeras misiones que combinaban un orbitador y un módulo de aterrizaje, un concepto que después ha sido repetido en otras ocasiones. Y aunque la misión en la superficie falló en ambas ocasiones, los orbitadores sí alcanzaron sus objetivos; pero para entonces, Rusia ya había perdido la carrera de la órbita marciana. En 1973 seguirían las Mars 4 y 5, con distinta suerte: la primera pasó de largo, mientras que la segunda se insertó correctamente en la órbita.

Objetivo: buscar vida en Marte

Descontando la breve vida de la Mars 3, la URSS también fracasaría en la conquista del suelo marciano: volvió a intentarlo en 1973 con las Mars 6 y 7, pero ninguna de las dos logró aterrizar. Por fin, el 20 de julio de 1976 la estadounidense Viking 1 triunfaba en la carrera por la superficie de Marte, seguida el 3 de septiembre por su gemela Viking 2.

Las Viking nos revelaron por fin cómo es el paisaje arenoso y pedregoso de Marte. Pero sobre todo, hasta ahora han sido las únicas misiones marcianas específicamente diseñadas para buscar vida. Y los resultados de sus pesquisas iniciaron una polémica que ha perdurado hasta hoy. Uno de sus cuatro experimentos biológicos, el de Labeled Release (LR), detectó liberación de CO2 después de inyectar nutrientes a una muestra de suelo, lo que entonces se interpretó como signo de la presencia de microbios metabólicamente activos. Sin embargo, el hecho de que otro de los experimentos no encontrara materia orgánica indujo a pensar que el resultado del LR era un falso positivo. Hoy la comunidad científica en general no apoya la idea de que las Viking detectaran vida, pero los resultados siguen considerándose no concluyentes.

La primera imagen en color que realizó el Viking 1 un día después del aterrizaje. Crédito: NASA

La primera imagen en color que realizó el Viking 1 un día después del aterrizaje. Crédito: NASA

Desde entonces, la suerte ha continuado favoreciendo a la NASA. Aunque perdió las misiones Mars Observer (1992), Mars Climate Orbiter (1998) y Mars Polar Lander (1999), el resto de sus intentos se han visto coronados por el éxito, incluyendo el aterrizaje de un robot fijo, Phoenix (2008), y cinco rovers móviles: el Sojourner (misión Mars Pathfinder, 1997), los gemelos Spirit y Opportunity (2004) y el Curiosity o Mars Science Laboratory (2012).

Ninguna otra potencia espacial ha logrado una presencia activa en suelo marciano. En 2003, la Agencia Europea del Espacio (ESA) apostó por el modelo combinado de orbitador y módulo de aterrizaje con su Mars Express. Pero mientras que el satélite funcionó a la perfección, la pequeña sonda de fabricación británica Beagle 2 nunca llamó a casa desde Marte. En enero de 2015, imágenes de la Mars Reconaissance Orbiter (MRO) de la NASA revelaron lo que parecía la localización del Beagle 2, intacto en el suelo marciano, pero con su antena de comunicaciones bloqueada por dos paneles solares que no llegaron a desplegarse.

La última esperanza europea se estrella en Marte

Por su parte, Rusia perdió su Mars 96 (1996) y sus tres misiones destinadas a la luna marciana de Fobos, la última de ellas en 2011. Roscosmos y la ESA decidieron aliarse para lanzar en dos fases el programa ExoMars. Pero la primera de ellas, lanzada en 2016, no ha conseguido romper el monopolio estadounidense; el orbitador TGO (Trace Gas Orbiter) alcanzó su meta, pero el módulo de aterrizaje, una pequeña sonda de demostración llamada Schiaparelli, enmudeció durante su descenso el pasado 19 de octubre. Unos días más tarde, las imágenes de la MRO confirmaron los peores temores: Schiaparelli se había estrellado a gran velocidad contra el suelo de Marte. Las investigaciones han revelado que un error de software hizo creer a la sonda que ya estaba en tierra cuando aún se encontraba a 3,7 kilómetros de altura, lo que dio por concluida la secuencia de aterrizaje de forma prematura.

4. Recreación artística de la sonda Phoenix durante su aterrizaje. Crédito: NASA/JPL/Corby Waste

Recreación artística de la sonda Phoenix durante su aterrizaje. Crédito: NASA/JPL/Corby Waste

Europa y Rusia tendrán una segunda oportunidad en 2020 con la segunda fase de ExoMars, que tratará de posar un rover en el planeta rojo. Será una nueva ocasión para plantar en Marte una bandera alternativa a las barras y estrellas, pero no será la única: otras potencias como China e India planean sus propios aterrizajes. Al mismo tiempo, comienza a tomar forma la gran ambición de poner el pie en nuestro vecino planetario, con el concurso por primera vez en la historia de socios privados como la compañía SpaceX, del magnate tecnológico Elon Musk.

Todo ello ha instigado a no pocos expertos a hablar del amanecer de una nueva carrera espacial. Como comenta a OpenMind el astrofísico español José Juan López Moreno, que participa en la misión ExoMars, “desde hace más de cuarenta años se dice que en la próxima década el hombre llegará a Marte, pero esa misma frase se va repitiendo con el paso del tiempo y la fecha final va corriendo”. Tal vez hoy el horizonte esté por fin algo más cerca.

Javier Yanes para Ventana al Conocimiento

@Yanes68