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08 enero 2019

La ciencia que viene en 2019

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Según una vieja expresión —empleada por Isaac Newton, pero de origen más antiguo—, la ciencia se construye a hombros de gigantes, sobre los cimientos de los descubrimientos previos. Por ello, las principales tendencias en la investigación científica están bien definidas, como también lo están sus resultados esperados. Otra cuestión es vaticinar cuándo se alcanzarán los grandes hitos; ojalá pudiéramos predecir la llegada del próximo avance revolucionario contra el cáncer. Pero mientras esperamos las novedades que nos sorprenderán sin previo aviso, al menos podemos anticipar algunas de las historias científicas de las que probablemente se hablará en este 2019.

El despegue definitivo del New Space

El nuevo sector de operadores privados del llamado New Space lleva años calentando motores para lanzar sus primeros viajes tripulados, tanto los vuelos suborbitales con fines meramente turísticos como las misiones científicas y el transporte de astronautas a la Estación Espacial Internacional. Sin embargo, las expectativas de las compañías involucradas han resultado demasiado optimistas, por lo que hasta ahora sus planes anunciados se han venido retrasando de forma crónica.

Primer vuelo espacial de Virgin Galactic el 13 de diciembre de 2018. Crédito: MarsScientific.com&TrumbullStudios

Con Richard Branson al frente, Virgin Galactic logró el pasado 13 de diciembre que su nave suborbital SpaceShipTwo traspasara por primera vez la frontera del espacio con dos tripulantes a bordo. Y espoleado por este éxito, Branson pretende volar él mismo a mediados de este año y dar paso después a los primeros pasajeros. Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos —fundador de Amazon— aspira también este año a lanzar su nave suborbital New Shepard con astronautas reales reemplazando a su falso piloto, el muñeco Mannequin Skywalker.

Más ambiciosos son los planes de SpaceX y Boeing. Ambas compañías apuntan a un mismo objetivo, llevar por primera vez tripulaciones reales al espacio a mediados de este año. La compañía de Elon Musk quiere lanzar su nave Crew Dragon 2 con astronautas a bordo en junio, lo mismo que Boeing intentará en agosto con su CST-100 Starliner. Si estas misiones culminan con éxito, se habrá reabierto el camino desde EEUU a la órbita terrestre, que se cerró en 2011 con la retirada de los transbordadores espaciales de la NASA.

Un agujero negro y nuestro astro más brillante, como nunca los hemos visto

Mientras se tienden las nuevas rutas del ser humano al espacio, las sondas robóticas continúan demostrando que actualmente representan la opción ganadora en el terreno de la exploración espacial. La Parker Solar Probe, lanzada por la NASA el pasado agosto, culminará este año dos perihelios (puntos de máxima proximidad) en abril y septiembre para acercarnos al Sol como nunca antes. Por su parte, la sonda de la NASA New Horizons, que en 2015 exploró Plutón, ha inaugurado el año nuevo mostrándonos el cuerpo celeste más lejano al que jamás ha llegado un artefacto humano: Ultima Thule, un objeto transneptuniano con forma de muñeco de nieve a 6.600 millones de kilómetros.

Imagen captada por el instrumento WISPR del Parker Solar Probe. Crédito: NASA/NRL/Parker Solar Probe

Sin embargo, algunos de los mayores hallazgos en el cosmos nos llegan desde nuestro propio suelo terrestre. En febrero volverá a operar en EEUU el experimento LIGO, el detector de ondas gravitacionales que —junto con el europeo Virgo— en sus dos rondas anteriores de observación ha registrado la fusión de 10 pares de agujeros negros y de dos estrellas de neutrones, añadiendo una herramienta más a la astronomía para estudiar el universo.

Pero sin duda el avance científico del año podría ser la primera imagen de un agujero negro, una previsión que regresa a esta lista por tercer año consecutivo. El retraso en la compleción de la tarea es más que comprensible: no se trata simplemente de tirar una foto, sino de emplear toda una red de telescopios terrestres, reunida bajo el proyecto Event Horizon Telescope (EHT), para recoger un volumen tan inmenso de datos que no puede transmitirse por internet, sino que debe enviarse por avión en discos físicos. Los investigadores han tenido que desarrollar nuevos algoritmos para obtener las imágenes, que en 2019 deberían mostrarnos por primera vez el aspecto del horizonte de sucesos de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea.

La gran encrucijada de la cirugía genética

Una de las grandes tendencias en la biomedicina actual viene preparándose desde que en 2012 se publicó el desarrollo de CRISPR, la herramienta molecular más precisa y potente para modificar genes en células vivas. La edición del genoma humano para combatir enfermedades ha superado ya diversos hitos críticos, como las primeras pruebas preliminares en pacientes humanos y la corrección de genes en embriones viables.

CRISPR-Cas9 permite a los científicos cortar e insertar fragmentos de ADN en áreas precisas a lo largo de una cadena de ADN. Crédito: Ernesto del Aguila III, Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano, NIH

Pero mientras en Occidente arrancan los ensayos clínicos destinados a probar su eficacia contra diversas patologías –en China ya lo han hecho–, en 2019 aún deberá clarificarse y debatirse la proclama lanzada a finales del pasado año por el investigador chino He Jiankui, según la cual habría producido los primeros bebés con genomas retocados. Mientras He parece permanecer detenido en arresto domiciliario, la comunidad científica aún espera la publicación de sus resultados para confirmar que sus proclamas son verídicas. Y lo sean o no, el episodio motivará este año un debate más intenso sobre los límites éticos de esta tecnología: aunque la mayoría de los expertos han condenado los experimentos de He, algunas voces prominentes urgen al diseño de una hoja de ruta que conduzca a un uso responsable de la edición genética embrionaria con fines terapéuticos.

Entretanto, una nueva vía contra el cáncer está logrando notables progresos. A diferencia de tratamientos más extendidos como la quimioterapia, que elimina las células cancerosas casi como un efecto colateral de una agresión general contra el organismo, la inmunoterapia se fundamenta en un ataque específico contra las células malignas. Una prueba de que este enfoque se encuentra en su momento de despegue es la concesión del Nobel de Medicina a sus descubridores en 2018; es un reconocimiento de que se trata de una vía suficientemente validada en la lucha contra el cáncer. Es más que probable que 2019 nos traiga nuevos resultados esperanzadores en esta línea; sin embargo, aún pende la incógnita de si estos costosos tratamientos podrán estar al alcance de quienes los necesiten.

Javier Yanes

@yanes68

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