La ciencia de Sherlock Holmes y los fantasmas de Conan Doyle

Seis días después de la muerte de Sir Arthur Conan Doyle, fallecido de un ataque cardíaco el 7 de julio de 1930, se celebró en el Royal Albert Hall una multitudinaria sesión de espiritismo. Diez mil personas se congregaron en el auditorio londinense con la esperanza de escuchar un mensaje enviado por el creador de Sherlock Holmes desde el más allá. Su mujer, Lady Doyle, dijo a la revista Time: “Aunque no he hablado con Arthur desde que falleció, estoy segura de que a su debido tiempo y a su propio modo nos enviará un mensaje”. Y según algunos, ese tiempo llegaría en 1934, cuando en otra sesión cuya grabación se conserva hoy en la British Library pudo escucharse: “Cuidad de mis chicos y de mi buena esposa Jean”.

Pero, ¿cómo es posible que el padre literario del detective de ficción que popularizó el uso del empirismo científico pudiera al mismo tiempo creer en fantasmas? Doyle era un hombre con raíces científicas, médico titulado en la Universidad de su Edimburgo natal. Ya por entonces apuntaba a la que sería la trayectoria decisiva de su vida, cuando en 1879 publicó su primer estudio, una carta a la revista British Medical Journal. En el texto describía cómo había experimentado consigo mismo con dosis crecientes de un veneno, la planta Gelsemium, utilizada también para calmar la neuralgia, hasta que tuvo que interrumpir el tratamiento por miedo a provocarse la muerte.

Sir Arthur Conan Doyle. Crédito: Mortimer Menpes

Sir Arthur Conan Doyle. Crédito: Mortimer Menpes

Doyle ejerció la medicina como cirujano naval y en su práctica privada. Viajó a Europa para especializarse en oftalmología y a su regreso abrió una consulta en Londres, pero no llegó a ver a un solo paciente. Por suerte para sus lectores, desde su época universitaria aprovechaba los ratos ociosos para escribir ficción. En 1886 logró vender a una editorial su novela Estudio en escarlata, en la que presentaba por primera vez a dos nuevos personajes, el detective Sherlock Holmes y su ayudante el Doctor John Watson.

El éxito del detective llegó a saturar a su creador

A lo largo de su carrera literaria, Doyle dio vida a otros personajes con vocación de continuidad, como el Profesor Challenger o el Brigadier Gerard. Pero sin discusión posible su gran triunfo fue Sherlock Holmes, un personaje inmortal para el que produjo un total de cuatro novelas y 56 relatos. El éxito del detective llegó a saturar a su creador, más interesado en escribir novelas históricas. En el relato El problema final, Doyle decidió matar a Holmes haciéndole caer por una cascada junto a su archienemigo, el Profesor Moriarty; pero la demanda popular fue tal que se vio obligado a resucitarlo.

Holmes, un personaje inspirado por el mentor de Doyle en la Universidad, Joseph Bell, no fue el primer detective de ficción guiado por el raciocinio: el Chevalier Auguste Dupin de Edgar Allan Poe pudo ser una influencia previa. Lo que enganchó al público a las aventuras de Holmes fue su hábil y extenso uso de técnicas forenses científicas que Doyle no inventó, pero que aún eran novísimas. “Doyle era muy leído”, resume a OpenMind James O’Brien, autor de La ciencia de Sherlock Holmes (Crítica, 2013 / The Scientific Sherlock Holmes, Oxford University Press, 2013). “Constantemente usa ideas que encuentra en sus lecturas. No era exactamente el innovador, pero veía el poder de nuevos métodos emergentes”.

Silueta al atardecer de la estatua de Sherlock Holmes en Baker street. Crédito: Wikimedia Commons

Silueta al atardecer de la estatua de Sherlock Holmes en Baker street. Crédito: Wikimedia Commons

Así, según detalla O’Brien, Holmes se adelantó tres años al uso de la idiosincrasia de las máquinas de escribir; utilizó los residuos de los disparos cinco años antes del primer informe técnico sobre este método, y comentó el uso de huellas dactilares antes de que Scotland Yard lo adoptara en 1902. En este último caso, añade O’Brien, Doyle tuvo la visión de favorecer la huella dactilar sobre otro método entonces rival, el Bertillonaje, basado en varias mediciones antropométricas. “A la sociedad le llevó 40 años decidir entre estos dos métodos para identificar a la gente”, dice. Pero Doyle lo tuvo claro y acertó. “Todavía se usa hoy”.

Holmes influyó en los detectives reales

Holmes influyó también sobre los detectives del mundo real. O’Brien cita la policía egipcia y la parisina como ejemplos de cuerpos que posiblemente se inspiraron en los métodos del personaje. Según apunta a OpenMind, E. J. Wagner, autora de La ciencia de Sherlock Holmes (Planeta, 2010 / The Science of Sherlock Holmes, última edición en Fall River Press, 2017): “Los laboratorios de criminalística son caros de crear y mantener, y el entusiasmo del público por Holmes y su método hizo que pudieran financiarse”. La escritora añade que Edmond Locard, pionero criminalista francés, “alentó a sus alumnos a leer y aprender de las historias de Holmes”.

Todo lo cual no parece cuadrar fácilmente con un Doyle que celebraba sesiones de espiritismo y que creía en médiums, clarividentes y telépatas. El propio autor contó en una entrevista en 1927 que su interés por el espiritualismo surgió temprano en su vida, hacia 1886, cuando empezaba a dar forma a Sherlock Holmes. “Cuando hablo de esta materia, no hablo de lo que creo, ni hablo de lo que pienso, hablo de lo que sé”, afirmaba Doyle con su marcado acento escocés.

Doyle fue un ardiente espiritualista que defendiendo la legitimidad de los mediums. Crédito: Occult World/Flickr

Doyle fue un ardiente espiritualista que defendiendo la legitimidad de los mediums. Crédito: Occult World/Flickr

Sin embargo, es cierto que fue a partir de 1916 cuando comenzó a decantarse de forma más rotunda: “Doyle se implicó más y más fuertemente con el espiritualismo a medida que envejecía”, dice O’Brien. Sus creencias le llevaron a protagonizar agrios encontronazos con escépticos como el mago Harry Houdini. “Algunos han dicho que se puso en ridículo”, agrega el escritor. Se ha llegado a sugerir que Doyle terminó resentido con los científicos y que incluso quiso vengarse de ellos creando el famoso fraude del Hombre de Piltdown, el presunto descubrimiento de un antepasado humano que resultó ser falso. Sin embargo, tanto O’Brien como Brian Pugh, conservador del Conan Doyle (Crowborough) Establishment, niegan tajantemente esta hipótesis. “Considero a Doyle un hombre de demasiado honor como para haber estado implicado en ningún fraude, o incluso para haber estado resentido”, concluye O’Brien.

Tal vez no sea raro que quien forjó una leyenda tan duradera, hasta tal punto que Sherlock Holmes pasa a veces por una figura real, se haya convertido él mismo en objeto de leyendas. Una de las más populares en Internet es que en su primera sepultura en su jardín de Crowborough, Doyle fue enterrado de pie. Lo desmiente Pugh a OpenMind: “No, no fue enterrado de pie, esto es un rumor tonto”.

Javier Yanes

@yanes68