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29 octubre 2012

Todo es cuestión de tiempo

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No hay límites para el conocimiento humano. Simplemente, todo es cuestión de tiempo.  Reflexiono sobre un reportaje que vi en televisión acerca de los diversos viajes realizados por el Hombre a la Luna. Me sigue pareciendo increíble al visionar las imágenes, una y otra vez, que todo aquello haya sido posible.

¿Existen fronteras para el conocimiento humano? Simplemente, no. La rapidez con la que, desde hace unos años, se están consiguiendo avances increíbles en tecnología, medicina, etc., hace que no nos demos cuenta del progreso tan extraordinario que estamos viviendo (sí, viviendo, y en primera persona).

Como aquellos ciudadanos que vieron por primera vez como echaba a andar el automóvil, en Mannheim, en 1886, gracias al invento de un señor de apellido Benz, o aquellos que vieron elevarse (aunque luego se cayera) sobre el cielo de Aranjuez (mi localidad) el primer globo aerostático que se intentaba hacer volar en España, por un tal Charles Bouche, en 1784… como aquellos que vivieron el momento en el que un tal Alexander Fleming, en 1928, consiguió cuajar todo su conocimiento y su esfuerzo en convertir lo que era un moho, en aplicación medicinal a través de la penicilina, —cuestión que revolucionó la medicina a partir de entonces, y que hoy en día seguimos usando y agradeciendo. Todos estos inventos o momentos de la Historia, que haciendo un ejercicio de memoria podemos recordar, que hemos estudiado y establecido en nuestro esquema mental como momentos únicos, importantes y básicos en la evolución de la humanidad… ¿por qué ahora, quizás, no les damos tanta importancia? ¿Por qué a ciertas cosas extraordinarias les damos el carácter de normalidad y no las valoramos como lo que realmente son: algo único, el producto del avance del hombre en definitiva?

Un ejemplo: encender la televisión y ver imágenes en alta definición —desde cualquier punto del globo terráqueo, en tu salón— es algo increíble, y lo vemos como algo totalmente normal; forma parte de nuestro día a día. Pero ponerse a pensar sobre cómo realmente eso puede ser posible hace que se vea la importancia de ese hecho y lo extraordinario del mismo.

Estamos inmersos en un momento de la historia único, y quizá no nos damos cuenta o no nos detenemos a pensar en ello. Tendrán que pasar décadas para que, echando la vista atrás, situemos realmente todos los logros que el conocimiento humano está realizando en los últimos años.  Todo se ejecuta con tanta celeridad que se nos escapa el verdadero contenido e importancia de todo ello.

Por mi parte, voy a hacer un ejercicio particular minúsculo de reflexión: en estos momentos tengo mi móvil, o smart phone o como lo queramos llamar, en la mano. Pienso cómo es posible que en una tarjeta de memoria tan diminuta pueda caber tanta información (fotos, libros, canciones…) Me sigue pareciendo increíble. Y que lo puedas ver, escuchar, leer… al instante… ¡asombroso!

Mientras tanto, sigo pensando en ello. Estoy en Zahara de los Atunes, de vacaciones. Se está poniendo el sol. La imagen pone los pelos de punta… los colores dorados, brillantes, el astro ya atenuante de potencia, reflejados sus rayos en el espejo del mar. La amplitud de la playa recibiendo los últimos estertores de luz, en el día que termina…¡no pasa nada! En un segundo la cuelgo en Facebook desde aquí mismo, mientras me acaricia el viento, con los pies hundidos en la arena.


Francisco José Cano

Analista de Riesgos, BBVA, Madrid (España)

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