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21 octubre 2013

La peste negra: ¿punto de inflexión y fin de la Edad Media?

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Génesis

La Peste Negra fue una epidemia que asoló Europa entre 1347 y 1400. Es una enfermedad que se propaga por la transmisión a través de animales (zoonosis), básicamente por las pulgas y otros parásitos de las ratas, animal que convivía en aquella época con los humanos de forma habitual, lo que contribuyó a su rápida propagación.

En 1347, aparece ya documentada la llegada de la Peste Negra a Crimea. El invierno siguiente fue llevada por los comerciantes genoveses a Constantinopla e Italia. En 1348 había llegado ya al Mediterráneo Occidental y se extiende con el calor del verano hasta el Occidente Europeo; el invierno paraliza su progresión. En 1349 toca el norte de Europa, y en 1350, Escandinavia y Rusia. Hasta 1720 se tienen noticias de irrupciones de grandes proporciones, por lo que no se erradicó completamente la enfermedad hasta más tarde, pero nunca golpeó con tanta virulencia a la sociedad como en el periodo final del Medievo.

Efectos y consecuencias

Los estragos provocados fueron terribles. En general, produjo una merma en la población de un cuarto de la misma, llegando en ocasiones (a nivel local) a exterminar a la mitad de la población.

Los efectos directos sobre la economía y la sociedad, de forma somera, fueron una reducción de la producción, y una reducción del consumo. Es indudable que esta epidemia produjo efectos económicos que supusieron la recesión más drástica de la Historia. Es relevante destacar que es en esta época, con clara influencia de la epidemia de la peste, cuando se pone fin a la construcción masiva de monasterios, iglesias y catedrales. Por todo ello, se puede decir que es el motivo del cierre del periodo medieval.

Las consecuencias económicas más llamativas a corto plazo de la expansión de la enfermedad se pueden resumir en que los campos quedaron sin trabajar y las cosechas se pudrieron; derivándose de ello una escasez incipiente de productos agrícolas, acaparados únicamente por aquellos que podían pagarlos. Los precios subieron, por lo que crecieron las penalidades y el sufrimiento de los menos pudientes.

A largo plazo, toda esta situación se verá agravada por brotes localizados de Peste Negra hasta el fin de la Edad Media.

Influencia de la peste sobre los factores de producción y la demografía

Antes de la rápida expansión de la Peste Negra, Europa estaba superpoblada y la tierra cultivable era escasa. Se habían llegado a forzar las áreas de labor hasta el máximo aprovechable, incluso terrenos antes baldíos se habían trabajado. El valor de la tierra era elevado, teniéndose que pagar elevadas rentas por ellas, y los salarios eran muy bajos.

El efecto revolucionario (si es que se puede llamar así) de la Peste Negra fue la inversión de la relación tierra/trabajo. La reducción de la fuerza de trabajo por la elevada mortalidad convirtió a ésta en un bien escaso. Los campesinos empezaron a tener cierto margen de negociación, ya que podían tener la posibilidad de pagar menores rentas por las tierras, lo que suponía un aumento de salarios. En algunos lugares de Europa, se tomaron desde los centros de poder medidas controladoras de estas subidas salariales, e incluso, hubo revueltas campesinas.

En definitiva, en el cómputo global, podría afirmarse que mejoraron las condiciones de los campesinos, fruto de esta escasez de mano de obra.

Al mismo tiempo, según avanzaba la enfermedad, la demanda global se redujo; así, el cultivo se pudo concentrar en las mejores y más fértiles tierras nuevamente. Los asentamientos, antes instaurados en los terrenos menos productivos, son abandonados y estas tierras se dedican al ganado, lo que permite a los campesinos ingerir proteína animal, mejorando en cierto grado las condiciones de vida de la época.

Toda esta evolución social y demográfica deriva en el Renacimiento, período que brilla especialmente por el auge de la expresión artística, basada en el mecenazgo, y que puede verse desde diversos puntos de vista. La sociedad está inmersa en una gran depresión y tristeza, con muchos miedos por la incertidumbre generalizada. Aparte, la merma de población habida en los últimos años es el estímulo (parece una incongruencia) para el crecimiento económico.

Finalmente, no nos queda más que reflexionar sobre si una tragedia de este calibre por sí sola puede producir tantos cambios en la sociedad hasta provocar el final del Medioevo.  A pesar de que hay muchas y muy cariadas teorías e interpretaciones, lo que está claro es que fue un factor determinante para un cambio, para el cual la sociedad del siglo XIV no estaba preparada.

Francisco José Cano Galán

Analista de Riesgos, BBVA, Madrid (España)

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