Eric Clarke: neurociencia, antropología y sociología para entender la música

Entrevista a Eric Clarke

Humphrey Bogart sabía muy bien que como Sam siguiera tocando la famosa melodía de As time goes by caería sin remedio en el recuerdo, algo que Shakespeare ya intuía cuando definió la música como el “alimento del amor”. Y, en el lado opuesto del razonamiento, una de las últimas ediciones de los premios Golden Globe de cine contó con una orquesta tocando la electrizante pieza de Tiburón para que los ganadores acabaran sus discursos y bajaran de una vez del escenario. Parece que hay poco que la música no pueda hacer. Eric Clarke (1955) ocupa la cátedra Heather de musicología en la Universidad de Oxford aunque en su infancia se vio tentado a dejar el violín por su interés por los animales. Es miembro de la Academia Británica de Humanidades y Ciencias Sociales del Reino Unido, de la prestigiosa Academia Europæa y autor de varios libros sobre teoría musical y psicología de la música. En el proyecto Six songs that matter to me, que lanzó el periódico The Guardian para tratar de encontrar patrones en las canciones que más les importaban a sus lectores, Clarke combinó un vinilo de canciones francesas para niños y la quinta sinfonía de Mahler con el grupo alemán de música progresiva Can y Stevie Wonder.

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Pregunta. Fue a la Universidad de Sussex para estudiar neurobiología pero acabó licenciándose en música. ¿Qué le llevó a cambiar?

Respuesta. Durante mi infancia y adolescencia estaba profundamente fascinado por las ciencias biológicas, investigando y coleccionando animales y ese tipo de cosas, pero también cantaba en un coro y tocaba el violín así que ya tenía un entrenamiento práctico musical significativo. Cuando empecé la universidad encontré que el estilo educativo asociado a las ciencias era mucho menos atractivo que el de las humanidades donde había una forma más independiente de pensar, de estudiar. Así que decidí que quería hacer una licenciatura en artes y como ya tenía habilidades musicales solicité el traslado. En ese momento dirigía la orquesta de la universidad, me hicieron una audición y me aceptaron.

P. ¿Por qué la música nos importa tanto?

R. Se ha especulado mucho sobre por qué la música es característica de todas las sociedades humanas y por qué nos importa. Una de las explicaciones es que tiene la capacidad de unir a la gente en formas de interacción y de vinculación social muy importantes, en la forma en que se hace música de manera conjunta, se baila… En un período temprano de la evolución humana la música podría haber sido muy importante para que la gente se reuniera e hiciera cosas de una manera sincronizada lo que les habría llevado a adquirir un intenso sentimiento de unidad. También hay mucha investigación sobre los poderosos efectos emocionales de la música y, aunque creo que hay algunos riesgos en sobrestimar este impacto emocional, existen evidencias considerables de que, para la mayoría de las personas, algunas de las experiencias más profundas de sus vidas ocurren de forma directa en relación con la música o en circunstancias donde la música es parte de la situación. Por ejemplo, en relaciones románticas, en momentos de pena y duelo… Pensemos en cómo se utiliza la música en funerales o para celebrar todo tipo de eventos en nuestras vidas individuales y sociales.

Y aunque en el siglo XXI muchas personas experimentan la música sólo como oyentes, la mayoría de las sociedades tradicionales experimentan la música como creadores, como participantes. La música tiene una forma muy poderosa de permitir a la gente hacer algo que es muy gratificante, disfruta de tener el tipo de habilidades y aptitudes que se asocian a la creación musical, incluso al placer físico.

P. También tiene un doctorado en psicología, ¿cómo se enfrenta al estudio de la música?

R. Gran parte del trabajo en psicología de la música llevado a cabo en la mayor parte del siglo XX ha sido dominado por psicólogos más que por musicólogos. Sus estudios se centraban, generalizando, en entender el tipo de mecanismos fundamentales involucrados en la percepción y la producción musical. Comprensiblemente se vieron fascinados al intentar entender cómo la gente es capaz de hacer algo tan complicado y sofisticado como es crear y escuchar música porque un hábil pianista está haciendo algo que tiene algunas de las capacidades atléticas de un acróbata olímpico, algunas de las capacidades cognitivas de un jugador de ajedrez de alto nivel y algunas de las capacidades emocionales de un buen psicoterapeuta, es decir, combina una cantidad muy importante de capacidades humanas significativas. Pero más recientemente, desde 1980 hasta ahora un mayor número de músicos y musicólogos se han interesado en la psicología de la música trayendo una perspectiva ligeramente diferente: tratan de comprender cómo se entienden las estructuras musicales, de qué manera la música puede tener significado y si es así, de qué tipo, qué opinan los psicólogos al respecto…

P. Pero también varias disciplinas científicas como la neurociencia, la antropología o la sociología se están interesando actualmente por la música…

R. Creo que hay ventajas considerables en tener todas estas diferentes disciplinas mirando hacia la música y, por supuesto, también hay algunos riesgos. Las ventajas son que la música en sí tiene muchas y capacidades diferentes. Es, por un lado, una cuestión profundamente individual, incluso privada, si se imagina a una persona escuchando música en la oscuridad con sus auriculares. Pero la música también participa en fenómenos musicales a nivel mundial como las ceremonias de apertura de los Juegos Olímpicos o de los mundiales de fútbol, por lo que es inevitable que vayamos a necesitar diferentes perspectivas disciplinares para tratar de entender su enorme variedad de cualidades. Así, necesitamos de la neurociencia para ayudarnos a entender lo que podría estar pasando en el cerebro de las personas mientras están escuchando o haciendo música. Y sin duda también necesitamos a sociólogos y antropólogos para comprender cómo la música está embebida en las sociedades humanas y qué función tiene en las mismas. Y  vamos a seguir necesitando a los filósofos para ayudarnos a entender qué es realmente la materia musical y cómo debemos entenderla en relación con nuestro mundo. La dificultad de tener tantas disciplinas involucradas es que veces es muy difícil encontrar un lenguaje común desde el que intentar reconciliar los puntos de vista.

P. Precisamente estuvo recientemente en el festival Howthelightgetsin con un filósofo, un compositor y un directivo de la discográfica Universal hablando sobre el “Misterio de la música”. ¿Consiguieron desvelarlo?

R. Fue una de esas situaciones donde había un grado considerable de puntos en común y, sin embargo, había también diferencias. El filósofo, el compositor y yo hicimos hincapié en lo contrario precisamente: en que no creemos que exista ningún misterio en relación a la música sino que es una cosa muy compleja y, como a otras cosas complejas, no se le puede dar una explicación obvia y sencilla, es simplemente una cuestión “eternamente sin resolver”, de alguna manera. El directivo de la industria quería aferrarse a la idea de hay un cierto misterio en la música y que es una sensación compartida por mucha gente, que lo contrario sería un poco triste. Aunque entendíamos esa posición, no queríamos estar de acuerdo en el sentido de que si se continúa diciendo que hay un misterio acerca de la música se refuerza que parezca fuera del alcance de la gente y la música es algo que todo el mundo debería sentirse capaz de agarrar y hacer por sí mismo y no sentir que es una especie de gran misterio que nunca van a entender, que sólo las personas especiales como compositores o intérpretes realmente lo entienden y para el resto del mundo es todo un misterio. No creo que esa es una posición muy saludable.

P. También afirma que en lugar de intentar encontrar una explicación única es más interesante entender su función social, el papel que juega en la vida de la gente…

R. De nuevo, creo que hay algo más bien místico en eso de que la música juega un papel inabarcable e imposible de comprender en la vida de las personas, algo mágico. No estoy de acuerdo. Y no por eso creo que la función de la música sea menos potente, simplemente no creo que sea magia o no más magia en el sentido en que pueden serlo una comida fantástica o el sexo fantástico con alguien, que también pueden tener un efecto transformador. Si no pensamos en el sexo como algo místico, ¿por qué tenemos que pensar que la música lo es?

P. ¿Somos una especie tan lingüística como musical?

R. Recientemente el antropólogo Robin Dunbar dijo que existen pruebas abrumadoras de que la música existía en las sociedades humanas mucho antes de que el lenguaje. Tengo que preguntarle cuál era esa evidencia. Hay mucho escrito acerca de cómo la música y el lenguaje podrían haber surgido a partir de una especie de sonidos comunes que hicieron nuestros antepasados ​​y que podrían haber divergido por un lado en música y por otro, en lenguaje. Parece innegable que la música y el lenguaje deben tener una raíz común independientemente de que se hayan ido distanciando de esa raíz, algo que ambas han hecho. Es tan obvio, que casi no vale la pena decir que ambos tienen un papel muy importante en la cultura humana; sin lenguaje, la mayoría de las cosas que los seres humanos modernos han logrado habrían sido muy difíciles, si no imposibles, de lograr.

P. ¿Tienen propiedades similares?

R. No creo que sea muy fructífero preguntarse cuál es la más importante, o cuál se desarrolló antes, éstas son cuestiones muy profundas y que se refieren a actividades independientes. En algunas cuestiones, el lenguaje y la música sí tienen propiedades similares: ambas tienen una estructura en el tiempo, formas escritas y sonoras, se practican tanto individualmente como en grupo aunque la creación de lenguaje en grupo es mucho menos común que la creación musical… Pero como he escrito en algunos de mis trabajos, hay que ser cuidadoso a la hora de traducir propiedades del lenguaje que, por supuesto, ha sido mucho más estudiado por psicólogos, lingüistas y filósofos, a la música.

P. ¿Cuáles son estas dificultades?

R. Incluso la distinción básica entre la sintaxis y la semántica del lenguaje, es decir entre la estructura y el significado, no es tan fácil de aplicar a la música donde no está tan claro que los sonidos musicales individuales tengan un significado de la misma forma que palabras como “gato”, “perro” o “libertad” lo tienen en el lenguaje. Creo que los intentos que se hicieron en los años setenta y ochenta para encontrar una especie de gramática generativa de música similar a las gramáticas de la lengua, no han sido un camino muy fructífero para entender la música.

P. ¿Cuál es el papel de las nuevas tecnologías a la hora de hacer y distribuir música hoy?

R. Las nuevas tecnologías han hecho que la música esté al alcance de más personas en el mundo que en cualquier otra época de la historia humana, hoy tenemos más acceso a más tipos de música que nunca antes por lo que en ese sentido los cambios tecnológicos han tenido un enorme beneficio cultural. Sin embargo, de nuevo, esos cambios también han venido con sus propios problemas. Algunas personas argumentan que la enorme disponibilidad de música grabada de una manera u otra, ya sea a través de internet o en todas las muchas maneras que tenemos disponibles, ha hecho que la gente sea menos activa, que esté menos involucrada en relación a crear música por sí mismos. Muchas personas se han convertido en receptores pasivos de música en vez de seres activos. Por supuesto, en la sociedad tradicional y en nuestra propia sociedad antes de la invención de la grabación, toda la música que se podía escuchar o bien la estaban haciendo ellos mismos o bien la estaban escuchando en directo: tenías que ir a un concierto o tocarla tú mismo con tus propios instrumentos en casa con tu familia, amigos… De alguna manera, la pérdida de esa perspectiva tan individual al escuchar y hacer música es algo que tenemos que reconocer. Pero soy más optimista que pesimista y creo que los medios digitales en la distribución musical han abierto nuevas posibilidades para la creación de música. Piense, por ejemplo, en la enorme cantidad de música extraña y maravillosa que hay disponible en YouTube, gente haciendo cosas locas en sus propios dormitorios, con ordenadores o con instrumentos extraños, usando los muebles… Esto muestra la inventiva musical humana para encontrar siempre nuevas maneras de hacer música. Y eso es tremendamente positivo.

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