Entrevista a Charles Fefferman

¿Quién es Charles Fefferman? Gracias al equipo de comunicación del ICMAT, conocemos al catedrático más joven de la historia de Estados Unidos y ganador de la medalla Fields.

Cuando tenía nueve años, Charles Fefferman (1949, EE. UU) quería saber cómo funcionaban los cohetes, así que empezó a leer libros de física por su cuenta. Podría decirse que su impresionante carrera como matemático se inició poco después, cuando se dio cuenta de que necesitaba de esta ciencia para entender en profundidad este y otros problemas. Desde entonces, su carrera ha sido imparable: se licenció con la más alta distinción en la Universidad de Maryland a los 17 años, y se doctoró en Princeton tres años después. Tras un puesto júnior en esta universidad se trasladó a Chicago, dónde obtuvo el puesto de catedrático, lo que le convirtió en el investigador más joven con este cargo en EE. UU. Fefferman regresó a Princeton en 1973, donde sigue ejerciendo como investigador y profesor en la actualidad.

Se licenció con la más alta distinción en la Universidad de Maryland a los 17 años, y se doctoró en Princeton tres años después.

En 1978 ganó la Medalla Fields por su trabajo en convergencia y divergencia de series trigonométricas. Sin embargo, si le preguntan, dirá que su contribución a la investigación favorita no es la que le hizo merecedor del mayor reconocimiento que puede recibir un matemático, sino alguna de sus últimas aportaciones.

Pregunta: ¿Cómo y cuándo empezó a interesarse por las matemáticas?

Respuesta: Cuando tenía nueve años estaba interesado por la ciencia juvenil: cómo funcionan los cohetes y cosas de este tipo, pero no me satisfacían las explicaciones para niños, así que cogí un libro de física de la biblioteca pública. No era capaz de entender nada y mi padre mi dijo: “¡Claro que no puedes, tiene muchas matemáticas!” Entonces pregunté: “¿puedo estudiar matemáticas?” Estaba en 4º curso, así que mi padre me compró un libro de texto de este nivel. Ese fue el comienzo.

P: A partir de ahí, ¿cuándo se dieron cuenta de su especial talento para las matemáticas?

R: Muy poco después. Leí aquel libro en uno o dos días. Mi padre no se lo creía, así que me hizo una serie de preguntas para darse cuenta de que efectivamente lo había entendido. Entonces me compró un libro de texto de 5º curso, y lo leí en un par de días, y así sucesivamente, hasta que llegué al estudio de cálculo matemático, y eso me costó más tiempo, pero era un niño muy pequeño estudiando cálculo, así que era obvio que tenía talento.

P: No tardó mucho más en escribir su primer artículo científico, con tan solo 15 años, ¿cómo fue aquello?

R: En aquella época tenía una profesora de lógica matemática estupenda, Carol Karp, que nos habló del problema de determinar qué podrías decir si pudieras hablar con frases infinitamente largas, en particular, del número de cosas diferentes que se podían distinguir, dependiendo del tipo de infinito de la frase infinitamente larga. Yo tenía que presentar en clase una solución muy complicada que no era capaz de comprender, así que pensé una demostración propia, que luego resultó que podía generalizarse. Mi profesora me apoyó mucho y me empujó a trabajar más sobre ello para llevarlo más lejos; después, me preguntó “¿por qué no lo escribes?” y finalmente: “mandémoslo a una revista y veamos qué sucede”. Lo aceptaron.

P: En ese momento ya acudía a la Universidad de Maryland, ¿verdad?

R: Sí. De pequeño vivía al lado de la universidad, y cuando ya aprendí suficientes matemáticas, la escuela pública no podía ofrecerme nada más, los profesores de la Universidad de Maryland, un gigantesco centro público, se interesaron en mi. Parte de mi educación fue salirme del sistema escolar e incorporarme a la universidad con catorce años.

P: ¿Asistía a las clases como cualquier otro alumno?

R: Hice muchos cursos de matemáticas y física, y quizás no los suficientes de filosofía y literatura. Además trabajaba fuera del aula en los problemas que los profesores me sugerían especialmente a mí. Si tenía cualquier duda podía recurrir siempre a ellos, lo viví como si tuviera un ejército de profesores particulares, todos ellos fueron maravillosos y tuvieron un gran impacto en mí.

P: Unos pocos años después de su tesis se convirtió en el catedrático más joven de la historia de EE UU, ¿podría hablarnos de aquella experiencia?

R: Fue estupendo. Normalmente, el proceso de obtención de la plaza de catedrático es muy difícil y sin embargo para mí sucedió instantáneamente: me doctoré en Princeton, tuve una plaza de ayudante allí durante un año, y después me convertí en profesor asociado (assistant profesor). En la primavera de mi primer año en Chicago me dieron la cátedra. Al principio fue un poco extraño por la diferencia de edad con el resto de profesores, pero fueron muy amables y en seguida todo empezó a transcurrir con normalidad.

P: Ya allí, en 1978, ganó la Medalla Fields, ¿qué significó esto en su carrera?

R: En el momento se tradujo en felicidad; era el mayor reconocimiento que podía tener. Después, en momentos en los que estaba totalmente atascado con un problema, como suele suceder de manera habitual, y durante un largo periodo de tiempo no conseguía resultados, para evitar deprimirme pensaba ‘bueno, yo ya he ganado la Medalla Fields’.

P: ¿Cómo escoge las preguntas en las que trabaja?

R: Yo no escojo los problemas: ellos me escogen a mí. Si escucho hablar sobre un tema que interesa, no puedo parar de pensar en ello. Puede aparecer hablando con otros matemáticos, o simplemente pensando en mis cosas, leyendo…

“Yo no escojo los problemas: ellos me escogen a mí.”

P: Y después de ‘ser escogido’ por un problema, ¿cómo hace para resolverlo? ¿Cómo trabaja habitualmente?

R: Primero intento encontrar una versión simplificada del problema: ejemplos sencillos en los que la cuestión principal es posible y está presente, pero el resto de consideraciones secundarias no están. La idea es encontrar una escalera para trepar, e ir subiendo paso a paso. Al principio suele ser demasiado fácil encontrar esta escalera, y habitualmente me quedo atascado por completo durante largos periodos de tiempo. Pero de repente surge una idea, y la idea está mal, lo que conlleva más tiempo, pero entonces tengo otra idea, que también está mal, pero llega el momento en el que hay suficientes ideas, y se equilibran entre ellas, se combinan y finalmente soy capaz de resolver esa versión sencilla del problema: avanzo el primer escalón. Después intento generalizar el problema, pero a veces en este proceso me caigo de la escalera, porque no me había dado cuenta de un error que estaba cometiendo. Desde luego, no es todo progreso.

P: ¿Cuál es el periodo más largo que le ha dedicado a un problema?

R: 15 años.

P: ¿En qué consistía?

R: Era una cuestión de mecánica cuántica: quería saber el porqué de la forma del átomo. Si lees un libro de texto te dirá que si juntas un protón y un electrón obtienes un átomo de hidrógeno. Pero si tienes 10^26 protones y 10^26 electrones en una caja nadie puede decirte por qué forman 10^26 átomos.

P: ¿Fue capaz de resolver el problema?

R: No. Estuve pensado en ello durante mucho tiempo, y no lo conseguí, de hecho todavía se desconoce el porqué. Fui capaz de demostrar que algunas constantes relacionadas cumplían ciertas propiedades, pero nada más.

Este texto es un extracto de la entrevista original realizada a Charles Fefferman por Ágata Timón, ICMAT. Puedes encontrar el texto completo de la entrevista original en la Newsletter  del Instituto de Ciencias Matemáticas.

Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT)

Centro mixto de investigación matemática formado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y tres universidades de Madrid: la Autónoma (UAM); Carlos III (UC3M); y Complutense (UCM).