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11 diciembre 2017

Enciende las luces de navidad

Historia | Innovación | Lógica
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Aunque a día de hoy las luces navideñas son algo consustancial a estas fiestas, lo cierto es que se trata de una tradición relativamente reciente. Se cumplen cien años de la iniciativa empresarial que popularizó esta costumbre y aprovechamos para recordar su origen y repasar su evolución.

En 1917 montar las festivas luces era una misión poco menos que imposible, sólo al alcance de expertos en electricidad. Este desafío mayúsculo inspira este pasatiempo:

Cada una de las bombillas de estas luces navideñas está conectada a un interruptor con dos posiciones posibles A y B. Pero como corresponde a los primeros encendidos navideños, el montaje corre por cuenta del usuario. Y con tanto cable e interruptor, éste se ha acabado liando, cruzando los primeros y sin saber en qué posición deja pasar la corriente cada uno de los segundos. Ahora el tiempo apremia porque los vecinos ya se están empezando a congregar en torno al árbol.

El jugador dispone de la información facilitada por las tres pruebas efectuadas para averiguar qué interruptor y en qué posición enciende cada bombilla para que el encendido público sea un éxito:

Prueba 1:

Prueba 2:

Prueba 3:

 

¡Llegó el momento del encendido!:

Antes de ver la solución, y para descubrir el nacimiento de esta tradición, nos remontamos hasta las navidades de 1880, casi hasta el momento del invento de la bombilla. Thomas Edison, uno de los nominados como padre de la misma decidió decorar los exteriores de su laboratorio de Menlo Park con hileras de bombillas, para sorpresa y admiración de los pasajeros del tren que circulaba por sus aledaños. También sirvió, sobre todo, como deslumbrante reclamo publicitario.

Apenas dos años después, en 1882, su amigo y socio en la Edison Ilumination Company, Edward H. Johnson le secundaba e iba un paso más allá al ensamblar y cablear manualmente una guirnalda de 80 bombillas rojas, azules y blancas con las que decoró un árbol navideño. Una tradición que renovaría cada año.

Claro que aquellas primeras luces navideñas poco tenían que ver con las actuales: las bombillas debían de ser conectadas una a una al cable, entre sí y finalmente al generador eléctrico. Por eso requerían de unos conocimientos de electricidad que no estaban al alcance de cualquiera. Sólo podían permitírselas los muy manitas o aquellos lo suficientemente adinerados para poder contratar los servicios de un profesional y estar dispuesto a gastarse unos 300 dólares de la época (equivalentes a unos 2000 dólares actuales). Uno de ellos fue el presidente Grover Cleveland, quien en 1895 se convirtió en el primer mandatario que encargó decorar el árbol de la Casa Blanca con cientos de bombillas coloreadas. De este modo, a principios de siglo XX las luces navideñas quedaban restringidas a eventos y fiestas en clubes y residencias de la alta sociedad.

En 1903, la compañía General Electric se convirtió en pionera al comenzar a comercializar kits navideños con bombillas de colores, cables y casquillos para ensamblarlas en casa. Esto propició que su precio resultase más asequible para todos los bolsillos, pero no así su montaje, que todavía requería contar con un experto en casa.

Y así llegamos a 1917, cuando el adolescente Albert Sadacca intuyó que las luces navideñas podían ser una buena oportunidad de negocio y convenció a sus padres para poner a la venta guirnaldas de bombillas ya montadas en su tienda de iluminación. El primer año sólo consiguieron vender un centenar de ellas, pero Albert persistió en el empeño y tras reemplazar las bombillas blancas convencionales por otras de vivos colores, las ventas se dispararon. Hasta el punto de que a principios de los 1920, Albert fundaba con sus dos hermanos la NOMA Electric Company, la mayor compañía de luces navideñas del mundo hasta 1965.

Poco después, en las navidades de 1923, el presidente Calvin Coolidge inauguraba la tradición del encendido público de las luces navideñas, hasta 3000 en aquella primera oportunidad, en torno al árbol instalado en el Capitolio. Una tradición que pronto se extendería por todo el país y por el resto del mundo.

Solución:

 
 

Miguel Barral
@migbarral

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