El verdadero padre de la inteligencia artificial

La historia no siempre se lo pone fácil a los genios. Cuando John McCarthy (1927-2011) nació en Boston en plena Gran Recesión en una humilde familia de emigrantes europeos, poco parecía presagiar que este niño prodigio iba a convertirse en un digno sucesor de Alan Turing. La delicada salud de su hermano pequeño llevó a los McCarthy, que vagaban por el país de las oportunidades en busca de trabajo, a establecerse en Los Ángeles. Allí John, un adolescente ya sobresaliente en matemáticas, entró en contacto con el Instituto de Tecnología de California, el Caltech, al que pidió permiso para estudiar sus libros usados.

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John McCarthy, padre de la inteligencia artificial, en una foto de 2006. Crédito: Wikimedia Commons.

El futuro padre de la inteligencia artificial intentaba estudiar mientras trabajaba de carpintero, pescador, inventor (ideó un exprimidor de naranjas hidráulico, entre otras cosas) para ayudar a su familia. Cuando entró oficialmente a estudiar matemáticas en el Caltech había estudiado tanto por su cuenta que le permitieron saltarse los dos primeros cursos. Se licenció en 1948 y se doctoró, también en la misma materia, en 1951 en Princeton. Hasta ahí la carrera de McCarthy era solo un poco más rápida de lo normal, pero ya tenía en mente su gran obsesión: la inteligencia de las máquinas.

En 1956, John organiza la mítica conferencia de Dartmouth donde, en su discurso, acuña por primera vez el término inteligencia artificial, definido como la ciencia e ingeniería de hacer máquinas inteligentes. Allí planteó los objetivos que le perseguirían toda su carrera:

“Este estudio procederá sobre la base de que todos los aspectos del aprendizaje o de rasgo de la inteligencia pueden, en principio, ser descritos de una forma tan precisa que se puede crear una máquina que los simule”.

Una leyenda para programadores y ‘hackers’

El texto inaugural lo realiza junto a Marvin Minsky y Claude Shannon, dos prestigiosos científicos que pronto abandonaron el estudio de este campo para orientarse hacia la computación o la teorización matemática. Sin embargo, McCarthy se consagra como padre de la inteligencia artificial no solo por lograr abrir y convertirlo en un campo de investigación nuevo, sino por seguir aportando evidencias para su desarrollo durante medio siglo.

En los años siguientes, McCarthy se dedicó a sembrar por las mejores universidades laboratorios de inteligencia artificial, un trabajo del que todavía hoy recogemos frutos. Estaba contagiado de un optimismo inquebrantable: estaba convencido de que podía conseguir que las máquinas pensaran. “La velocidad y capacidad de memoria de los computadores actuales puede ser insuficiente para estimular muchas de las funciones más complejas del cerebro humano, pero el principal obstáculo no es la falta de capacidad de las máquinas, sino nuestra incapacidad de escribir programas que aprovechen por completo lo que tenemos”, llegó a enunciar en esos años.

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McCarthy creía que las máquinas podían replicar la inteligencia humana. Crédito: Héctor Pasquariello

Él mismo buscó la solución a su problema y creó Lisp, el segundo lenguaje de programación de alto nivel más antiguo que existe. El Lisp era uno de los lenguajes favoritos de los hackers originales, con el que intentaban hacer jugar al ajedrez a las primitivas máquinas de IBM de finales de los 50. Tal vez por eso dominar este lenguaje tiene tanta consideración en la jerarquía de los programadores. Este sistema fue necesario para el desarrollo de la otra gran contribución de McCarthy: la idea de tiempo compartido. En una época donde el ordenador personal parecía ciencia-ficción, John ideó la teoría de un super ordenador central al que muchas personas pudieran conectarse a la vez. Fue uno de los pilares de la futura creación de Internet.

Suspenso en el test de Turing

Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, este sistema no le sirvió a McCarthy para conseguir su verdadero objetivo: que un ordenador pasara el test de Turing, según el cual un humano realiza preguntas a través de la pantalla de un ordenador, si no puede decidir si quien le está respondiendo es otro humano o una máquina, esta es definitivamente inteligente. Por ahora, ningún ordenador lo ha conseguido. “Él creía en que la inteligencia artificial consistía en crear una máquina que realmente pudiera replicar la inteligencia humana“, declaró la investigadora Daphne Koller, del laboratorio de Inteligencia Artificial de la Universidad de Stanford (California), donde McCarthy trabajó casi 40 años. Por eso, el investigador rechazó la mayor parte de las aplicaciones de inteligencia artificial desarrolladas en la actualidad, que están dirigidas, únicamente, a que las máquinas imiten comportamientos, pero no a que aprendan.

Casi al final de su etapa investigadora, en 1978, McCarthy tuvo que darse por vencido en su idea purista de inteligencia artificial: “Para crear una una verdadera IA se necesitaría el trabajo de 1,7 Einsteins, 2 Maxwells, 5 Faradays y la financiación de 0,3 Proyectos Manhattan”, reconoció resignado.

Beatriz Guillén Torres para Ventana al Conocimiento
@BeaGTorres