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01 abril 2018

El test de Rorschach, ¿ciencia o pseudociencia?

Antropología | Cerebro | Medicina | Neurociencia | Salud
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El 2 de abril de 1922 moría en el quirófano, por una peritonitis, un casi desconocido psiquiatra suizo de 37 años. Solo nueve meses antes, aquel médico había publicado su libro Psychodiagnostik, que apenas había atraído atención y en el que proponía una serie de figuras de manchas de tinta como método de diagnóstico mental. Hoy el test ideado por Hermann Rorschach es quizá la prueba psicológica más popular del mundo, que incluso ha inspirado a artistas como Andy Warhol. Sin embargo, un siglo después persiste una pregunta: ¿es científicamente sólido?

La relación de Rorschach con los borrones se remonta a su adolescencia, cuando en la fraternidad de su escuela le conocían como Klex, “mancha de tinta” en alemán. Según la biografía de Damion Searls The Inkblots (Simon and Schuster, 2017), este sobrenombre se debía a la habilidad de Rorschach con la pintura. Fue años más tarde, durante sus estudios de medicina en Zúrich y muy influido por el auge del psicoanálisis, cuando comenzó a interesarse por las manchas de tinta, que se habían empleado antes como prueba de creatividad. Ya como psiquiatra, comenzó a mostrarlas a pacientes para estudiar sus reacciones.

Rorschach eligió las diez figuras de su test por grado de ambigüedad. Fuente: Wikimedia

Finalmente, de entre cientos de figuras, Rorschach eligió las diez que integrarían su test. Las escogió por su calculado grado de ambigüedad, cinco de ellas en negro, dos en negro y rojo y otras tres con varios colores. El psiquiatra diseñó su prueba como un método de diagnóstico de la esquizofrenia. Sin embargo, a partir de 1939 comenzó a adoptarse como lo que originalmente se denominaba test proyectivo de personalidad, un tipo de prueba psicológica abierta que permite al analista indagar en las emociones y motivaciones ocultas.

Estandarización del test y sus resultados

Durante décadas, el test de Rorschach se aplicó de forma escasamente metódica, con variaciones según el juicio del analista. Pero en los años 60, John Exner diseñó una metodología rigurosa para estandarizar el test y sus resultados. Actualmente, el test es sistemático incluso en las posiciones de analista y sujeto. Y al contrario de la idea popular, la clave de la prueba no estriba solamente en lo que el sujeto ve en las manchas, de hecho, esto es menos relevante que otros aspectos, como sus reacciones, lo que dice y cómo lo dice, o en qué rasgos de la imagen se fija (forma, color o detalles).

Sin embargo y a pesar de la estandarización, numerosos psicólogos han criticado la validez del test y la variación dependiente del experimentador, además de su aplicación más allá de su propósito original. A no pocos expertos les preocupa su frecuente uso en juicios criminales, sobre todo teniendo en cuenta la tendencia del test a sobrediagnosticar trastornos mentales, según los críticos. El psicólogo Pieter Drenth ha llegado a calificar el test como “diagnóstico pseudocientífico”, mientras que para el psicólogo e investigador escéptico Benjamin Radford la prueba “debería relegarse al montón de test psicológicos en su día prometedores pero ahora desacreditados”.

En la fraternidad de su escuela se conocía a Rorschach como Klex, “mancha de tinta”. Fuente: Wikimedia

Por todo ello, en 1999, el psicólogo Howard Garb recomendó una moratoria del uso del test para fines clínicos y forenses hasta que nuevas investigaciones determinaran su validez real, una iniciativa a la que se unieron otros expertos como James Wood, Teresa Nezworski y Scott Lilienfeld. En 2003, los cuatro publicaron el libro What’s Wrong with the Rorschach? (Jossey-Bass), en el que repasaban más de medio siglo de uso del test para concluir que sus fundamentos científicos son débiles.

En 2013, un extenso estudio encabezado por la psicóloga Joni Mihura, de la Universidad de Toledo (EEUU), reunió revisiones científicas y metaanálisis sobre el test. Las conclusiones parecían rehabilitarlo parcialmente, al menos para sus usos originales: “el Rorschach es un test útil si se utiliza en línea con la investigación actual y las normas adecuadas”, resume Mihura a OpenMind. Según la experta, “la fortaleza del Rorschach es evaluar la psicosis”, un estado mental alterado que desconecta al individuo de la realidad y que puede ser producto de trastornos como la esquizofrenia. Mihura y sus colaboradores elaboraron además un nuevo sistema de uso del test, el Rorschach Performance Assessment System (R-PAS), que se aplica en varios países.

Una controversia abierta

El estudio de Mihura llevó a una retirada parcial de la petición de moratoria, según aclara a OpenMind James Wood, de la Universidad de Texas en El Paso. “Pensamos que es aceptable usar el Rorschach para evaluar síntomas de trastornos del pensamiento y esquizofrenia”, siempre y exclusivamente según las normas internacionales actuales del sistema promovido por Exner, dice el psicólogo. “Sin embargo, nuestra llamada a una moratoria sigue en vigor para otros usos y otras formas del Rorschach”. Así, Wood y sus colaboradores desaprueban la utilización del test para analizar “aspectos no cognitivos de la personalidad, como el estrés traumático o no, emoción, depresión, ansiedad o trastornos de personalidad”. Asimismo, el psicólogo aduce que no hay pruebas suficientes para justificar el uso del R-PAS.

El test de Rorschach ha inspirado también la cultura popular y el arte, como este cartel de la serie “Mindhunter”. Fuente: Pinterest

La controversia continúa abierta. Para Mihura, si acaso los psicólogos están empleando el Rorschach para cosas que realmente no puede medir, lo mismo ocurre con otros test sin suficiente aval científico. La psicóloga admite que, por ejemplo, “el Rorschach no debería ser la fuente primaria para determinar un diagnóstico de depresión”, pero defiende que sus usos legítimos están empíricamente más sustentados que los de otros test psicológicos. Sin embargo, Wood considera que el Rorschach es hoy “un test de menor importancia y utilidad limitada”. Incluso para diagnosticar el déficit causado por un ictus o una lesión cerebral, un uso que algunos apoyan, Wood señala que existen otras pruebas más fiables y válidas.

Pero en medio de este debate, voces como la de Radford sostienen que un test con tales sombras de duda debería abandonarse, si el propósito para el que se ha utilizado y para el que es moderadamente válido puede alcanzarse con otros métodos. Según explica Radford a OpenMind, el test solo es claramente revelador en casos extremos, y en estos ni siquiera las figuras concretas del Rorschach aportan nada especial; “podrías hacer lo mismo con imágenes de nubes”, apunta. “Las personas que sufren enfermedades mentales merecen que se les ayude con terapias basadas en pruebas”, concluye Radford.

Javier Yanes

@yanes68

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