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24 junio 2018

El desamor entre Ernesto Sábato y la ciencia

Física | Grandes Personajes | Historia | Literatura
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Antes de convertirse en uno de los escritores más importantes de la literatura hispanoamericana del siglo XX, Ernesto Sábato fue un reconocido físico que trabajó en centros internacionales de primer nivel como el Laboratorio Curie en París y el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Fue la física lo que lo llevó a París, donde, paradójicamente, empezó a gestarse su desamor por la ciencia. Contagiado de la irreverencia de los surrealistas parisinos y “guiado por una intuición oscura pero persistente”, acabó por abandonarla para dedicarse de lleno a la escritura.

Ernesto Sábato (24 de junio de 1911, Rojas – 30 de abril de 2011, Santos Lugares, Argentina) fue el décimo de once hermanos que vivían atemorizados bajo la férrea disciplina de su padre, por el que el propio autor confesó sentir terror. Aún así, en el colegio fue un niño brillante, como recuerda Fernando Rodrigo Beltrán, experto en Sociología de la Literatura de la Universidad Nacional Autónoma de México. Y como en su localidad natal, Rojas (un pueblo agrícola de La Pampa), no podía continuar sus estudios de secundaria, con trece años se marchó a la ciudad de La Plata para matricularse en el Colegio Nacional de la Universidad de La Plata.

Fotografía de Sábato sacada del libro “Historia de la Literatura Argentina Vol I”. Fuente: Wikimedia

En esa misma universidad, en 1929, ingresó en la facultad de Ciencias Físico-Matemáticas. “Uno busca lo que no tiene. Yo no tenía orden y busqué el orden porque no lo tenía. Y el orden por excelencia es el orden de las matemáticas”, explicaba Sábato en una entrevista a Televisión Española en 1977 en relación a la elección de sus estudios. Pero su militancia en el Partido Comunista —llegó a ser secretario general de la Juventud Comunista Argentina— le llevó a dejar sus estudios durante un tiempo para viajar a Bruselas y París.

En 1936, tras haber abandonado el comunismo, regresó de forma clandestina a Argentina y retomó sus estudios en la universidad, donde se doctora en Ciencias Físico-Matemáticas dos años después. “Nadie sospechará que ese mismo año, cuando el profesor Houssay, premio Nobel de Fisiología en 1947, le otorgue una beca de todo un año para trabajar y estudiar en el Instituto Curie en París, el contacto con el surrealismo precipitará su desencuentro con la ciencia”, destaca Beltrán.

Físico en centros de referencia

El entonces científico se instaló en la capital francesa y comenzó a trabajar con la pareja Joliot-Curie, que hizo historia investigando la fisión de los átomos. En el Instituto Curie la labor de Ernesto Sábato se centraba en el estudio de las radiaciones atómicas y allí, por ejemplo, fue testigo de la fragmentación del átomo de uranio, un paso que sería decisivo para la fabricación de la bomba atómica. También allí, en aquella época vibrante para la física nuclear, Sábato entró en contacto paralelamente con el movimiento surrealista, que acabaría por conquistarlo y que marcaría su futuro como literato. “Durante ese tiempo de antagonismos, por la mañana me sepultaba entre electrómetros y probetas, y anochecía en los bares, con los delirantes surrealistas”, contaba Sábato de esa etapa parisina en el libro Antes del fin (1998).

Sábato no llegó a coincidir con Marie Curie en su laboratorio porque la científica falleció cuatro años antes de que el argentino se estableciera en París. Crédito: Museo Curie.

Solo un año después, antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, el físico se trasladó al Instituto Tecnológico de Massachusetts (EE.UU.), donde publicó un trabajo sobre rayos cósmicos. Y en 1941 volvió a Argentina, convencido ya de que quería abandonar la ciencia y dedicarse a la literatura. Pero antes realizó su último trabajo como científico: trabajó como astrofísico e impartiendo cursos de doctorado en la Universidad de La Plata, para cumplir con los que le habían otorgado la beca.

En 1943, Sábato abandonó para siempre la ciencia y se marchó con su familia a un rancho en la provincia de Córdoba sin luz eléctrica ni calefacción. Allí escribe Uno y el universo (1945), su primer libro de ensayos.

Lo abandona todo por la literatura

Para sus profesores Enrique Gaviola, director del Observatorio Astronómico de Córdoba, y Guido Beck, discípulo de Einstein, la literatura era una frivolidad, por eso intentaron convencer a Sábato de que no abandonara su carrera científica. “Solo consiguieron de mí que les prometiera terminar mi teoría sobre la energética”, afirmó el escritor, tal y como recuerda Vázquez Bigi en el prólogo de Sobre héroes y tumbas (1961), una de sus obras maestras.

Ernesto Sábato con Borges. Fuente: Revista Gente

¿Qué pasó para que el escritor escogiera la literatura? Ni él lo sabía. En Antes del fin asegura ignorar por qué a los treinta años, cuando la ciencia le aseguraba un futuro tranquilo y respetable, lo abandonó todo “a cambio de un páramo oscuro y solitario”.

Lo que sí recuerda es cómo en el laboratorio Curie se encontró vacío y que, a pesar de todo, siguió ese camino científico unos años más “por una fuerte inercia” que su alma rechazaba. Pero su intuición no le falló.

 Sábato se convirtió en uno de los escritores más importantes de la literatura hispanoamericana. Fue el segundo argentino en ganar el Premio Miguel de Cervantes en 1984, después que Jorge Luis Borges. Aunque la ciencia perdió a un físico, las letras ganaron a un genio literario.

Laura Chaparro

@laura_chaparro

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