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07 diciembre 2018

El cometa que adelanta la Navidad

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Este mes de diciembre es ideal para disfrutar del cielo estrellado y de dos de los espectáculos astronómicos más sobrecogedores. Ambos están rodeados de cierta incertidumbre: uno es la caza del cometa 46P/Wirtanen y otro son las Gemínidas, probablemente la mejor lluvia de estrellas fugaces del año.

No suele ocurrir, pero este año tenemos la ocasión de disfrutar de un auténtico cometa que nos anticipa la llegada de la Navidad, como en su día pudo ser la estrella de Belén que, según la mitología, guió a los Reyes Magos. Su clásica representación, como una gran estrella seguida de una larga cola, recuerda a la forma de un cometa. La historia de su irrupción repentina en el cielo, como una nueva estrella nunca vista antes, también encaja con la aparición de un cometa. Aunque hay otras teorías que podrían explicar aquel fenómeno, como la aparición de una supernova o una conjunción planetaria especialmente llamativa.

Sea lo que fuera aquella estrella de Belén, ahora el cometa 46P/Wirtanen se aproxima a la Tierra y cuanto más cerca está de nuestro planeta mayor es su brillo. Las previsiones más optimistas esperan que pueda llegar a brillar lo suficiente para verse a simple vista a partir del 16 de diciembre. En ese momento pasará a la mínima distancia de nuestro planeta, unos 11 millones de kilómetros, convirtiéndose en uno de los pases cometarios más cercanos de la historia.

Diagrama que muestra la posición del cometa 46P/Wirtanen en el cielo, en los días de la segunda y tercera semana de diciembre de 2018. Crédito: Borja Tosar

En el peor de los casos, si no aumenta su brillo al ritmo previsto, podrá verse fácilmente con unos prismáticos o un pequeño telescopio, con lo que merece la pena salir a su caza.

En estos momentos, el cometa puede localizarse ya, con ayuda instrumentos ópticos, en la constelación de Fornax (el horno, en latín), accesible a observadores tanto del hemisferio sur como del norte. Para localizar, tanto la constelación como el cometa, conviene ayudarnos de un planetario virtual como Stellarium, imprimir unas cartas de localización como las generadas en Heavens-Above o en Skylive, o instalar una aplicación para teléfono móvil como Google Sky Map.

Predecir el brillo de un cometa no es fácil

La astronomía y sus eventos suelen asociarse con precisión matemática, podemos conocer la hora de un eclipse de Sol dentro de siglos (afinando el instante hasta centésimas de segundo) o la distancia de la Tierra a la Luna en cada momento (ajustándola en centímetros). Sin embargo, el brillo de un cometa se parece más a un pronóstico meteorológico, ¿por qué esa nube de imprecisión?. La respuesta es debido a otra nube, la nube que envuelve el cometa.

Los cometas son grandes bloques de polvo helado, provenientes de la zona más exterior y fría del sistema solar, donde apenas llega la luz del Sol. Pueden orbitar estables durante millones de años, pero en algunos casos, una interacción gravitatoria o una colisión con un objeto cercano puede hacer que uno de estos objetos se desvíe y caiga en la gravedad del Sol, entrando en el Sistema Solar interior. Al pasar la órbita de Marte, la superficie se calienta hasta el punto de que el hielo sublima (pasa de sólido a gas), generando una nube de gas y polvo que crece cuanto más se acerca al Sol: en esta fase podemos decir que ese planetoide congelado pasa a ser un cometa, y la nube de gas y polvo su cola.

El cometa 46P/Wirtanen. Crédito: Alex Cherney (TerrastroTWAN)

Del tamaño de la cola del cometa depende su brillo. Los cometas brillan porque reflejan la luz del Sol, así que cuanto mayor y más densa es la nube que los rodea, más cantidad de luz reflejan y más brillan. En el caso del 46P/Wirtanen poco sabemos sobre la cantidad de hielo y cómo está distribuido en la superficie del objeto, con lo que es imposible hacer predicciones precisas sobre su brillo.

El mejor método es analizar la evolución de la curva de brillo del cometa en relación a su distancia al Sol y la Tierra, pero este método sólo da predicciones aproximadas. No son pocas las ocasiones en las que un cometa da una sorpresa: una eyección imprevista de material hace que aumente su brillo rápidamente, lo que se conoce como outburst.

El espectáculo no termina cuando pasa el cometa

Pero el espectáculo no termina cuando pasa un cometa y se aleja de nuevo. La parte de la cola formada por gas se disipa con rapidez, pero el polvo que va dejando tras de sí permanece en una órbita parecida al ser más pesado. No son partículas grandes, apenas granos de polvo del tamaño de arena de playa.

Cuando la Tierra pasa por una zona que coincide con la órbita de un cometa y se encuentra estas partículas, estas entran en la atmósfera de nuestro planeta a una velocidad relativa de entre 30 y 60 kilómetros por segundo. El impacto es brutal. El aire se comprime delante de la partícula de forma brusca y rápida, se genera una gran cantidad de calor, la partícula se volatiliza y una parte de la energía se radia en forma de luz. Desde el suelo vemos cómo de pronto como si una estrella cayera hacia el horizonte: es lo que llamamos una estrella fugaz.

Un meteoro de las Gemínidas de 2017. Crédito: Brian Tomlinson

Durante este mes de diciembre la Tierra pasa por una zona llena de partículas del cometa Phaeton generando la lluvia de estrellas fugaces conocida como las Gemínidas (pues parecen surgir de la constelación de Gémini). Muchos astrónomos la clasifican como la mejor lluvia de meteoros del año, por delante de las Perseidas de agosto.

Este año se espera una actividad máxima de unos 120 meteoros por hora, entre el 13 y 14 de diciembre, días de máxima intensidad, aunque el dato es para condiciones ideales. Un observador casual podrá apreciar unas 20-40 estrellas fugaces por hora. Las condiciones de observación este año son buenas, la Luna creciente molestará un poco con su luz, pero se pondrá temprano, dejando gran parte de la noche disponible para observar los meteoros. Dependiendo de la zona y del tiempo, puede ser la mejor lluvia de estrellas del año.

La astronomía y la meteorología aún nos reservan algunas incógnitas. La mejor manera de resolverlas es salir a buscarlas.

Borja Tosar

@borjatosar

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