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27 septiembre 2014

Dos maneras de convertir el CO₂ de gas invernadero a materia prima

Medio ambiente | Recursos Naturales | Sostenibilidad y ecología
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El aumento de emisiones de CO₂ parece imparable. El quinto informe de situación producido por el panel intergubernamental sobre cambio climático (IPCC) confirma que se emite más gas de efecto invernadero que nunca. Si cambiar a escala mundial hacia fuentes de energía alternativas o frenar el ritmo de desarrollo industrial parece tarea de titanes, científicos e ingenieros plantean sistemas de sacar este gas de la atmósfera. Para siempre.

Es lo que se conoce como captura y almacenamiento de carbono. Nuevas plantas energéticas especialmente diseñadas son capaces de evitar la emisión a la atmósfera del CO₂ producido. El gas así capturado puede ser luego inyectado en depósitos geológicos, como yacimientos petrolíferos exhaustos, para lograr un almacenamiento definitivo.

La inyección de gases en el subsuelo no está exenta de críticos, sin embargo. Sucesos sísmicos como los ocurridos en septiembre del año pasado en el depósito de gas natural del proyecto Castor frente a la costa de Castellón levantan preocupación en las poblaciones cercanas así como el miedo a que se produzca una fuga masiva de letales consecuencias. Innovadores proyectos podrían solventar estos problemas cambiando el destino del CO₂, de ser simplemente almacenado a convertirse en materia prima.

Planta de cultivo de microalgas para producir biocombustibles/ Solix BioSystems

Plantas de cultivo de algas

La primera de estas alternativas aprovecha un proceso natural, la fotosíntesis, para utilizar algas microscópicas capaces de convertir el CO₂ en hidrocarburos, utilizables a su vez como materia prima en la elaboración de plásticos o combustibles. Numerosas empresas petroquímicas llevan años invirtiendo en el desarrollo de esta tecnología. Un reciente informe de la Universidad Estatal de Utah, en EEUU, calcula que el cultivo de microalgas puede producir 50 veces más combustible por unidad de superficie que el cultivo de soja. Además, estas instalaciones pueden realizarse en terrenos no aptos para la agricultura, por lo que no compite por el suelo, y utilizar agua no potable e incluso salobre.

En lugar de utilizar el dióxido de carbono atmosférico, estas plantas de cultivo de algas pueden acoplarse a centrales térmicas con captura de CO₂. Si además estas centrales utilizan el biocombustible generado por las algas y otras fuentes, el ciclo resultante puede generar lo que se conoce como emisiones negativas, eliminar CO₂ de la atmósfera al tiempo que producir energía.

Acantilados del sureste británico. Toda esa roca fue CO2 hace millones de años / Ian Stannard

 Mineralización

Otra forma que tiene la naturaleza de deshacerse del CO₂ es convertirlo en roca, si bien este proceso químico requiere de enormes periodos de tiempo. Varias empresas, como Calera o Skyonic, han optado por acelerar las reacciones, en algunos casos utilizando productos de desecho de otras industrias químicas o consiguiendo compuestos secundarios también comercializables, como el bicarbonato sódico, y que ayuden a lograr mayor rentabilidad.

El carbonato cálcico obtenido puede utilizarse como materia prima en la construcción, por ejemplo para la elaboración de cemento. Otra empresa, CarbonCure, ha optado también por el cemento, pero con otro enfoque: inyectar el CO₂ en la elaboración de los bloques de hormigón, de manera que quede ahí secuestrado y la carbonatación se produzca en ese confinamiento.

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