Drones para hacer el bien

En su origen, los drones fueron ideados para finalidades bélicas. Por ejemplo, para llevar a cabo peligrosas misiones de espionaje o para bombardear zonas de guerra sin arriesgar las vidas de los pilotos. Con el tiempo, sin embargo, se han multiplicado sus aplicaciones civiles. Su mala fama ha dejado paso a una imagen más sostenible y solidaria. El descenso de su coste, el perfeccionamiento de su manejo por control remoto y la posibilidad de dirigirlos desde tablets y smartphones han posibilitado una infinidad de aplicaciones  para  sectores muy diferentes.

Los drones ya desempeñan las labores que antes hacían grúas y helicópteros. Son un gran activo para sectores como la industria audiovisual, al facilitar la captura de imágenes desde puntos de vista antes imposibles. Los drones también encarnan el papel de guardas forestales. Vigilan desde el aire que nuestros bosques no ardan. Los aparatos con cámaras térmicas acopladas permiten prevenir fuegos, reducir los recursos dedicados a la extinción de incendios y evitar poner en riesgo vidas humanas. Los drones incluso sirven para bombardear semillas en reforestaciones masivas.

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