Diez consejos para investigadores navegantes

La investigación es una tarea fundamental para los lectores del futuro. Navegamos en un mar de información ingente. Y en el nuevo océano informativo la tierra firme no se distingue de algunas islas flotantes o territorios peligrosos. El investigador anda tras aquellos conocimientos que sean adecuados para la generación de hipótesis. Esto no es otra cosa que distinguir el trigo de la paja en materia de conceptos. Por eso ante el diluvio informativo que se inició hace algunas décadas con el inicio de Internet, y que prosigue con transformaciones como la edición digital, se vuelve fundamental que todo profesional sepa distinguir, procesar e interpretar la información. Aquí van algunos consejos iniciales.

  1. Desconfía de la mala ortografía, es como el mal clima. Y también de la mala redacción. Aunque puedan parecer cuestiones formales, quien se da tiempo para colgar información seria, se dará tiempo también para cuidar su presentación.
  2. No podemos leerlo todo. La cantidad de información presente en Internet es ingente y genera a veces un desbordamiento tal, que nuestra capacidad de percepción se reduce. Es un fenómeno paradójico que hay que enfrentar con tranquilidad.
  3. Google se parece (a veces) más a una lupa que a un telescopio. Los buscadores ayudan, pero también confunden y no solo por exceso de información sino por todo lo contrario. Con el afán de personalizar la indagación, algunos buscadores generan un efecto embudo que restringe la pesquisa al historial de búsquedas que hemos realizado, o a una serie de algoritmos de territoriales. También suelen focalizarse desde las novedades o las páginas más exitosas.
  4. Los tweets y los avisos en el muro de Facebook no son mensajes en botellas que flotan en el mar. Más bien son hojas de papel que se van hundiendo en él, por eso hay que estar atentos a su lectura, pues muchos de ellos dan información valiosa que hay que atender antes de que se pierda.
  5. Hay islas de desechos informativos por doquier; como esas islas de plástico desperdiciado en el océano. Haciendo un símil, si la información veraz es tierra firme en esta navegación electrónica, hay mucha información inútil, muchas repeticiones, muchos bulos y suposiciones. Los griegos diferenciaban entre el conocimiento comprobado (episteme) y la mera opinión (doxa), y en Internet hay más de lo segundo que de lo primero. El problema aquí no es solo la copia, sino la confusión que genera. Un ejemplo: las consultas sobre asuntos médicos. Si no están confirmados por una adecuada fuente científica, de poco servirán o quizás perjudiquen a alguien.
  6. Hay islas paradisiacas también. Y ese es uno de los desafíos de todo internauta con agudeza. Si encontramos una página con buenas referencias, con solidez informativa (perduración en el tiempo) y con estética y agilidad gráfica, estamos en un lugar al que debemos volver una y otra vez. Y para eso está la bitácora, que pueden ser las pestañas del navegador.
  7. Todo texto tiene un autor. Esto, que es una verdad de Perogrullo, a veces se olvida. La autoría le da un valor crucial a cualquier texto, que no es otro sino la responsabilidad sobre el mismo. En ello se funda (en un sentido) toda la historia del pensamiento: el que alguien dijo algo nuevo en un momento determinado y quedó fijado. Cuando obtengamos claramente la responsabilidad de lo dicho habremos confirmado que estamos sobre un continente.
  8. Atentos con los sinónimos. Los buscadores no son personas, y no deducen, sino codifican la información. Por eso es importante intentar clarificar al máximo los datos que ingresamos en el buscador. Los programas de búsquedas utilizan algoritmos para tener éxito, las palabras que introducimos no tienen un sentido específico para el ordenador, sino que solo son un conjunto de números que deben ubicar. Por eso, cuando buscamos, la fidelidad gramatical solo es útil si queremos hallar la frase exacta. Ante esta complejidad y aunque parezca contradictorio resulta útil contar con un buen diccionario de sinónimos, pues a más variaciones de la palabra, más posibilidades tendrás de buscar el concepto que quieras encontrar.
  9. En la línea anterior, como siempre, conviene tener claras las variaciones del idioma de cada región. En español atarse los cordones es lo mismo que amarrarse los pasadores, pero eso no lo saben todos los españoles ni los latinoamericanos, y en inglés las galletas tienen más variedades que sus sabores. Si escribimos “grifo” en un buscador de Lima saldrá una lista de gasolineras de la región, mientras que si colocamos la misma palabra en Madrid la lista será relativa a la fontanería.
  10. Regresar a los antiguos métodos de investigación adecuándolos a la modernidad. Todavía hoy, la mejor ayuda para saber quién y cuándo alguien descubrió algo nuevo son las revistas y libros científicos, las referencias bibliográficas y las antiguas editoriales de libros físicos. Y si están tienen presencia en la red, pues mucho mejor. La tarea del investigador es aprender, comparar, y en la medida de lo posible fijar los nuevos conocimientos en la red.

 

Ángel Pérez Martínez

Profesor Investigador, Universidad del Pacífico, Lima (Perú)