De los satélites a los mapas urbanos: la navegación al servicio de la ciencia 

¿Quién no ha utilizado Google Earth para localizar su casa o la isla a la que piensa viajar en  vacaciones? Los científicos no son menos pero, en su caso, emplean la herramienta para fines un poco distintos e inesperados como, por ejemplo, descubrir lugares donde pueden habitar nuevas especies.

Dispositivos cartográficos y de navegación de este tipo, con los que cualquier persona con un ordenador y acceso a internet está familiarizada, ayudan a los investigadores en su trabajo diario. Contar con millones de imágenes a golpe de clic facilita el estudio del cambio climático, pero no solo eso. Con la tecnología adecuada, las habituales fotografías que se realizan para cartografiar las calles e incluirlas en un mapa pueden ir un paso más allá e incluso detectar escapes de gas.

El Monte Mabu, descubierto con un ordenador

Si al botánico Jonathan Timberlake le dicen en 2005 que Google Earth le iba a ayudar a descubrir nuevas especies, no se lo habría creído. Ese año debutó el programa que simula la Tierra, mediante la superposición de imágenes de satélites, fotografías aéreas y datos de sistemas de información geográfica (SIG) sobre un globo terráqueo en 3D. “Pensábamos que esas imágenes solo nos servirían para tener una vista preliminar de montañas difíciles de acceder y de las que se había escrito poco”, aduce a OpenMind.

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El Monte Mabu (Mozambique) fue descubierto gracias a un ordenador. Imagen cedida: Tom Timberlake

Timberlake, que ha dirigido numerosas expediciones botánicas en Mozambique en busca de nuevas especies, se adentró en el exuberante Monte Mabu gracias a estas imágenes ofrecidas por el buscador. La montaña escondía plantas, reptiles, mariposas y cangrejos desconocidos para la comunidad científica.

“Las imágenes por satélite ayudan a centrar la atención en áreas que tal vez se han pasado por alto. No significa que se encuentren nuevas especies allí, pero existe una mayor posibilidad de que pueda ocurrir”, puntualiza Timberlake, que actualmente trabaja en el Real Jardín Botánico de Kew (Reino Unido).

El investigador hoy utiliza estas fotografías de forma habitual para cartografiar áreas de pastizales o bosques densos y ver cuáles están desapareciendo. También le resultan útiles para comprobar dónde ha realizado su trabajo de campo, observar los hábitats y calcular las altitudes de esas zonas.

Fugas ‘cazadas’ por un coche

Además de servir para explorar lugares vírgenes, este tipo de herramientas también son útiles para monitorizar zonas conocidas y revelar datos ocultos. Joseph C. von Fischer, profesor del departamento de Biología de la Universidad Estatal de Colorado (EEUU), tuvo una idea hace unos años para localizar las fugas de metano bajo el asfalto. Este hidrocarburo –el principal componente del gas natural– fluye por las tuberías de las ciudades y calienta miles de hogares.

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El dispositivo de láser infrarrojo para detectar metano se monta sobre un coche de Google Earth. Crédito: EDF

Al investigador se le ocurrió que si instalaba un dispositivo láser infrarrojo en un coche e iba recorriendo las calles podría cartografiar los escapes de forma rápida y eficiente. Este láser resulta muy útil para localizar estas fugas, que pasan inadvertidas para el ojo humano.

Los científicos están colaborado con el gigante Google para que, en los coches que fotografían las calles con Google Street View, se instalen estos dispositivos. Por el momento han cartografiado los escapes de metano de Boston, Burlington, Chicago, Dallas, Indianápolis, Jacksonville, Los Ángeles, Mesa, Pittsburgh, Staten Island y Siracusa (EEUU).

“Cuando el gas se escapa puede ser un peligro para la seguridad, además de un desperdicio de los recursos que los consumidores terminan pagando”, indica a OpenMind. “Mediante el uso de la tecnología láser, estos analizadores son unas cien veces más sensibles al metano que los dispositivos utilizados habitualmente por las compañías de gas natural para examinar las fugas”, añade.

Según los investigadores, si detectan un 8% de los escapes más grandes y se reparan, las emisiones se reducirían un 30%. No hay que olvidar que el metano es un gas de efecto invernadero muy potente que absorbe el calor emitido por la tierra, provocando que la atmósfera se caliente.

Controla el cambio climático desde casa

Otros investigadores como Pablo Trujillo, experto en el sector pesquero afincado en África Oriental, resaltan la utilidad de este tipo de herramientas para monitorizar el impacto del cambio climático, sobre todo en zonas vulnerables como estuarios o playas. “Hoy en día, cualquiera con su ordenador y conexión a Internet puede hacer investigaciones de este tipo y muchas cosas más”, afirma a OpenMind Trujillo.

En su caso, utilizó Google Earth para examinar el 91% de la costa mediterránea y calcular cuántos peces estaban siendo criados en piscicultura oceánica: 225.736 toneladas, una cifra muy parecida a la calculada por la FAO.

Este monitoreo se extiende a un sinfín de lugares. Conscientes de lo laborioso que es buscar imágenes de diferentes años para poder realizar comparaciones, el equipo de Google Earth ha actualizado la función timelapse de la aplicación. Ahora cualquier persona puede comprobar cómo ha disminuido la superficie de hielo de los glaciares en los últimos treinta años o de qué forma ha cambiado el desarrollo urbanístico en un área determinada. Una herramienta que también agiliza la labor de los científicos.

Laura Chaparro para Ventana al Conocimiento

@laura_chaparro