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06 mayo 2014

Cómo nuestra herencia familiar condiciona la percepción del riesgo

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Cómo nuestra herencia familiar condiciona la percepción del riesgo

La importancia que le concedemos a los riesgos que asumimos difiere en cada persona. ¿Qué motiva que tengamos valores diferentes? La World Values Survey Association clasifica a las personas según dos ejes, el religioso y el de supervivencia. La Teoría Cultural del Riesgo, con los ejes Grid y Group, nos ordena en cuatro categorías: Jerárquicos, Individualistas, Igualitarios y Fatalistas.

La situación social, el sexo, la raza son condicionantes de nuestra visión de la realidad. El White Male Effect es un fenómeno bien conocido que explica la diferente sensibilidad hacia el riesgo o determinados riesgos que presenta el clásico “hombre blanco”, frente a las actitudes hacia el riesgo que presentan, de modo diferenciado, el género femenino o las minorías raciales. Es más, este efecto se ha utilizado para explicar y predecir los ganadores de los Oscar de la Academia de Cine…En un próximo post volveremos a este tema.

Si somos hijos de nuestra religión, nuestra situación social, nuestro sexo e incluso nuestro color de piel…con mayor razón seremos hijos de nuestros padres, ¿o no?

Thomas Dohmen (2006, Dohmen et al.) presentaron un estudio denominado “The Intergenerational Transmission of Risk and Trust Attitudes” (disponible Aquí), basado en el análisis de una encuesta a gran escala en Alemania. Previo a repasar las conclusiones alcanzadas, merece la pena detenerse a reflexionar en tres ideas que surgen en dicho artículo:

  1. No es lo mismo Confianza que Tolerancia al Riesgo. La confianza es una Actitud, que se apoya en los conceptos de confianza-dependencia (Reliance) y precaución-cautela. (Caution). La Confianza posee unas dimensiones que no tiene la propensión al riesgo, como la percepción que tenemos de los demás como “confiables”.
  2. Los mecanismos de transmisión de padres a hijos son independientes para confianza y riesgo, es más, existen diferencias en cómo y cuánto se transmiten ambos conceptos en función de quién los transmita, el padre o la madre. Esto muestra que el componente educacional es diferenciado, y los hijos tienen diferentes percepciones y actitudes en función de qué miembro parental tenga mayor influencia.
  3. Existe una correlación positiva entre los padres en la predisposición a la confianza. El estudio no profundiza en este aspecto, pero sí da pie a pensar que, en el proceso de búsqueda de pareja, compartir la misma actitud a la confianza actúa favorablemente.

Las principales conclusiones del artículo son:

  1. La propensión al riesgo de los hijos es un fiel reflejo de la propensión de los padres. El efecto es más acentuado en familias con menor número de hijos y en primogénitos.
  2. La actitud al riesgo se transmite de modo diferente a la confianza. No depende del tamaño familiar ni del orden de nacimiento.
  3. Los autores enumeran tres posibles canales de transmisión: carga genética, aprendizaje por  imitación, y esfuerzo parental por “moldear” las actitudes y formas de pensar de los hijos para parecerse a los suyos.
  4. El papel de la madre tiende a ser más relevante: existe mayor correlación entre madre e hijos que entre padre e hijos, tanto en propensión al riesgo como en confianza.
  5. Las hijas tienden a ser más aversas al riesgo que los hijos, si bien en términos generales hijos e hijas mantienen la misma predisposición al riesgo que los padres.

Queda fuera del ámbito de análisis de este estudio, o al menos no se explicita, el caso de familias monoparentales o con padres del mismo sexo.

Las reflexiones no giran, al menos en mi caso, en torno a la estructura familiar y las interrelaciones que mantienen los diferentes miembros de la familia. Lo más relevante es entender que confianza y propensión al riesgo son conceptos separados, con dimensiones diferentes, y transmitidos de forma independiente, aunque positiva, de padres a hijos.

¿Es por tanto, la confianza una característica cultural de los pueblos? Volviendo a temas financieros, podemos deducir que la propensión al riesgo es un componente “hereditario”, reflejo de la predisposición paterna y materna, por tanto, cultural, Si esto es así, las rentabilidades medias, las volatilidades y, en suma, el crecimiento potencial de un país, región o pueblo con una identidad común dependerá, en mayor o menor medida, de esta herencia cultural.

Pedro Agudo

Economista, BBVA, Madrid (España).

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