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28 septiembre 2018

Coleccionando borrones en el cielo

Astrofísica | Astronomía | Espacio | Física
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Cada estación del año tiene unas estrellas y constelaciones típicas, diferentes a otras estaciones del año. Desde este domingo comienzan a verse las constelaciones y estrellas de otoño en el hemisferio norte —y las de primavera en el hemisferio sur. No son nuevas, son las mismas formas y astros que los del año pasado; o lo que se verá dentro de uno, diez o cien años… El gran logro del calendario gregoriano es precisamente este: el mismo día del año siempre se ven las mismas estrellas, pues la Tierra está justo en la misma posición de su órbita alrededor del Sol.

Sin embargo, estas noches serán algo distintas a las del año pasado y a las de los próximos años, mismas estrellas, pero no mismos planetas, que con sus movimientos particulares hacen que el cielo sea algo diferente cada año. Iniciamos con ellos un recorrido por el cielo de otoño que nos llevará hasta un cielo más borroso y profundo, más allá de estrellas y constelaciones —pero al alcance de todos los públicos.

En una noche y un lugar concretos sólo podemos ver las estrellas que están en dirección opuesta al Sol. Crédito: Borja Tosar

El gran protagonista de los próximos meses será Marte. Visible justo después del anochecer destaca como una estrella muy brillante de color rojo intenso sobre el sur. Si nos cuesta encontrar el punto cardinal siempre nos puede ayudar la brújula del teléfono móvil. Dependiendo de la latitud en la que estemos se verá más o menos alto, pero es sin duda inconfundible: su color sanguinolento lo delata, con la ayuda de unos simples prismáticos.

Cerca de Marte, hacia el oeste, se podrá ver otro planeta, Saturno, no tan espectacular, parece apenas una estrella más a simple vista, pero para los afortunados que posean un pequeño telescopio se convierte en uno de los objetos más impresionantes del cielo, ya que puede verse su sistema de anillos.

Nubes de Magallanes en el hemisferio sur

Los observadores del hemisferio sur tendrán la suerte de poder disfrutar aún de la visión de otros dos planetas a principio de la noche, Júpiter y Venus, que a simple vista parecen las dos estrellas más brillantes del cielo sobre el horizonte oeste al principio de la noche.

Principio de la noche, latitud intermedia del hemisferio sur, mirando hacia el sur. Crédito: Borja Tosar

Una vez localizados los planetas, si continuamos observando en esta zona podemos ver una pequeña pero llamativa constelación en forma de cruz, ligeramente hacia el oeste del sur, es la Cruz del Sur. Opuesta a esta constelación, desde el punto cardinal sur, se ven dos enormes borrones que merecen nuestra atención. No son estrellas, son dos de los objetos más espectaculares del cielo, las nubes de Magallanes.

A simple vista, en un cielo negro, lejos de las luces de ciudades, su imagen es sobrecogedora, pero si apuntamos hacia ellos unos prismáticos —sirven unos sencillos, como los que hay en muchas casas olvidados en un cajón— veremos que esas manchas difusas son en realidad gigantescas agrupaciones de estrellas. Las nubes de Magallanes son dos galaxias enanas que orbitan en torno a nuestra galaxia como si fueran satélites. Contienen decenas de miles de estrellas y están 160 y 200 mil años luz, lo que en distancias galácticas es “en este vecindario” —pero significa que la luz que nos llega de ellas salió de esas galaxias cuando el homo sapiens acababa de surgir como nueva especie.

Andrómeda en el hemisferio norte

En el hemisferio norte solemos empezar por la estrella polar. Se puede localizar fácilmente, situada justo encima del punto cardinal norte. Pero estas noches queremos llamar la atención sobre un borrón que se encuentra entre la constelación de Casiopea (parecida a una W al este de la polar) y la constelación de Pegaso (un gran cuadrado justo sobre el este). Si observamos con atención justo entre estas dos constelaciones, en un cielo oscuro acabaremos viendo lo que, al principio, puede parecer una estrella borrosa, pero viéndolo con detenimiento se ve como una mancha difuminada. Es el objeto más lejano que se puede ver en el cielo a simple vista, la galaxia de Andrómeda, situada a 2,5 millones de años luz de la Tierra.

Principio de la noche, latitud intermedia del hemisferio norte, mirando hacia el norte. Crédito: Borja Tosar

Si volvemos a observar el borrón con unos prismáticos, la visión es espectacular, es un objeto del tamaño de casi dos lunas llenas y su visión, aunque este lejos de las de fotografías de páginas web y libros, permite reconocer la galaxia inmediatamente.

Tanto las nubes de Magallanes como la Galaxia de Andrómeda son los borrones más fáciles de encontrar en el cielo y también son los dos objetos más lejanos que se pueden ver a simple vista, pero hay muchas más manchas en el cielo que podremos descubrir si usamos unos prismáticos.

Recopilación los objetos astronómicos de Mesier. Credit: Michael A. Phillips

Intentando clasificarlas, el astrónomo francés Charles Messier anotó hasta 45 borrones en cielo, que incluían galaxias, cúmulos de estrellas e incluso restos de supernovas. Son 110 si contamos las aportaciones de colegas posteriores y la mayoría pueden observarse sin necesidad de telescopio. Si uno sale al campo y disfruta con la visión de las nubes de Magallanes o de la Galaxia, puede ser el principio de una nueva afición.

La astronomía visual es algo parecido a coleccionar borrones en el cielo, y en toda la Tierra hay 110 objetivos: los codiciados objetos del catálogo Messier.

Borja Tosar

@borjatosar

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