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06 agosto 2019

Triángulos en el cielo

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En el cielo de las noches de verano tenemos un claro protagonista, pero no es ni una constelación, ni un planeta, ni siquiera un objeto celeste, se trata de un triángulo formado por tres estrellas. Teniendo en cuenta que cualquier grupo de tres estrellas forman un triángulo y a simple vista podemos contemplar unas 3.000 estrellas, en el cielo podríamos identificar miles de millones de triángulos… ¿Por qué es este, en particular, es tan famoso?

Lo primero que llama la atención es el brillo de las estrellas que forman sus vértices, son tres de las estrellas más brillantes que se pueden ver en cielo: Vega, Deneb y Altair, cada una la más luminosa su constelación (la Lira, el Cisne y el Águila respectivamente).

No sólo son estrellas bonitas. Vega es una estrella de referencia —nunca mejor dicho— en astrofísica. Su brillo es considerado 0, el punto de partida de donde medir el brillo de todas las estrellas. Y también ha sido una estrella cinematográfica, ya que es de Vega desde donde llega el mensaje alienígena de la película Contact.

Además es la forma del triángulo lo que lo hace fácilmente reconocible: es casi equilátero, (con lados y ángulos iguales), quizás tirando un poco a isósceles, tipo porción de pizza. Si fuese un triángulo rectángulo o escaleno (con todos los lados diferentes) sería menos fácil de identificar y muy probablemente menos famoso. Su tamaño es poco menos que el que puede abarcar el campo de visión, lo que termina de hacerlo más espectacular en el cielo.  Y por último, esta figura se ve en el verano del Hemisferio Norte desde el comienzo de la noche sobre el horizonte este, hasta el amanecer sobre el oeste, los que le otorga el oportunista nombre de “el gran Triángulo de Verano”.

El gran triángulo, sobre el horizonte nocturno de julio. Crédito: Óscar Blanco

Los tres vértices de este colosal triángulo se identifican claramente sobre un fondo de estrellas más débiles. Pero si nos fijamos con más detalle hay mucho más que descubrir, entre Deneb y Altair están dos de las constelaciones más huidizas, pero también más hermosas: el Delfín y la Flecha, que son pequeñas pero con una forma tan curiosa que merece la pena el esfuerzo de intentar identificarlas.

Para los observadores con unos prismáticos o pequeño telescopio entre Vega y Altair encontramos la curiosa agrupación de estrellas llamada “la percha”. Aunque no es una constelación ni un objeto celeste, si es muy conocida por astrónomos aficionados de todo el mundo.

Constelaciones espectaculares, pero un poco escondidas

Más difíciles de ver, pero quizás más espectaculares, se pueden observar las constelaciones de Sagitario y Escorpio justo por encima del horizonte sur. Se ven tan bajas que un árbol o un edificio las taparia, impidiendo su visión; por eso necesitamos un cielo limpio de objetos en su horizonte.

La forma de Sagitario (figura mitológica de un ser mitad hombre, mitad caballo) llama también la atención, aunque no sea una silueta equina, sino algo más parecido a una tetera —con su asa y su pitorro, por el que hasta parece salir vapor (que sería la banda lechosa de la vía láctea). Si se pusieran los nombres en la actualidad a las constelaciones, sin duda estaríamos hablando de la tetera. Durante estas semanas en 2019 está de invitado en la constelación Saturno, que se ve como una estrella brillante al lado del asa.

A su lado está la constelación de Escorpio —su estrella más brillante, Antares, destaca por su brillo rojo: no en vano es una gigante roja, uno de los tipos de estrellas más grandes. Estas semanas Antares compite con Júpiter, justo a su lado. Parecen medirse por ganar un premio al astro más brillante… y Júpiter gana por goleada, pues aunque el planeta es mucho más pequeño, está mucho más cerca de nosotros que la estrella gigante.

Sagitario y Escorpio, en el centro del cielo visto desde Chile. Crédito: Óscar Blanco

Para quien tenga a mano unos prismáticos, esta zona es el lugar ideal para darse un paseo por el cielo más profundo. En un primer vistazo, no hace falta ninguna guía, simplemente buscando por la zona es fácil encontrar nebulosas y cúmulos de estrellas. Entre ellas destacan las nebulosas de Trifida y la Laguna, o el cúmulo M11 (también llamado “de los patos salvajes”) cerca de la constelación de Sagitario. Además, con esos simples prismáticos, junto al planeta Júpiter se pueden ver sus cuatro lunas más grandes: Io, Calisto, Ganímedes y Europa.

Mientras tanto, en el hemisferio sur…

Los observadores de zonas ecuatoriales disfrutaran del espectáculo de estas dos constelaciones mucho mejor que los habitantes del hemisferio norte, ya que esta zona del cielo se sitúa al principio de la noche alta, cerca del centro de la bóveda celeste. Una excusa ideal para tumbarse a disfrutarlas con una tumbona o con una manta.

Y en latitudes por debajo del ecuador, los aficionados a las estrellas también podrán ver el triángulo más famoso del cielo, pero mirando hacia la zona contraria (norte) y tendrán que llamarlo el gran Triángulo de Invierno, ya que entre hemisferios las estaciones son inversas. En el hemisferio sur, la única diferencia que apreciable con respecto a los observadores del norte, es que el triángulo está del derecho, en lugar de volteado. Y es que durante estas semanas puede tocarnos disfrutar del verano o resguardarnos del invierno… pero, en cualquier caso, el gran triángulo, es una excusa magnífica para salir un rato a disfrutar del cielo.

Borja Tosar

@borjatosar

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