Elaborado por Materia para OpenMind Recomendado por Materia
5
Inicio Los extraordinarios anillos del sistema solar
08 marzo 2019

Los extraordinarios anillos del sistema solar

Tiempo estimado de lectura Tiempo 5 de lectura

Al igual que los olímpicos, son cinco los sistemas de anillos planetarios que conocemos hasta el momento en nuestro sistema solar. Los de Saturno son los más visibles y llamativos, pero ya no son los únicos, tras la cadena de descubrimientos de las últimas cuatro décadas. El 10 de marzo de 1977 detectamos los de Urano, que con 13 anillos es el planeta que más posee. Dos años más tarde, en 1979, pudimos divisar los que rodean al gigante gaseoso Júpiter. Después encontramos los del azul Neptuno, en 1989; y ya en 2013, supimos que el planetoide Chariklo, entre Saturno y Urano, presentaba un anillo doble. ¿Esconderá más aros nuestro sistema solar?

Las “asas” de Saturno que vio Galileo

El primero en ver los anillos de Saturno fue Galileo Galilei en 1610. Para su sorpresa, aquella estrella errante mostraba una especie de “asas o brazos”, que no logró ver con claridad debido a sus rudimentarios telescopios. Casi 50 años más tarde, el holandés Christiaan Huygens comprobó que aquellas “asas” de Saturno eran un anillo. Desde entonces, se sucedieron las descripciones de aquel misterioso aro, aunque nadie sabía de qué estaban compuestos.

Los anillos de Saturno están formados principalmente por hielo. Crédito: NASA / JPL-Caltech / Space Science Institute.

Gracias a las imágenes enviadas por las sondas espaciales gemelas Voyager 1 y 2 a comienzos de la década de los 80, descubrimos que los cuatro anillos de Saturno estaban formados en más de un 90% por pequeñas partículas de hielo. La teoría más aceptada para explicar la formación de estas estructuras afirma que durante el nacimiento del sistema solar, hace 4.600 millones de años, un satélite se hundió en Saturno. El sistema de anillos es lo que quedó tras aquella gigantesca colisión de este planeta con una luna de hielo de núcleo rocoso.

Los trece anillos de Urano

Tuvieron que pasar más de tres siglos y medio desde las observaciones de Galileo para que encontrásemos otros anillos planetarios, esta vez en Urano. Los astrónomos estadounidenses James L. Elliot, Edward W. Dunham y Jessica Mink descubrieron en 1977 los segundos anillos más complejos del sistema solar. Son 13 aros muy oscuros que parecen estar formados por partículas de hielo y polvo.

Los anillos de Urano se descubrieron en 1977. Crédito: NASA/Erich Karkoschka (Univ. Arizona)

La sonda Voyager 2 envió en 1986 las primeras imágenes de cerca de estos anillos, que se cree que tienen una antigüedad de 600 millones de años, lo que en tiempo astronómico es muy poco. Probablemente se crearon a partir de los fragmentos despedidos en múltiples colisiones de satélites contra Urano. Con el tiempo, aquellos restos se golpearon entre sí dando lugar a numerosas partículas, que en la actualidad conforman unos estrechos anillos.

Los aros rojizos del gigante Júpiter

La sonda Voyager 1 envió las primeras imágenes de los anillos de Júpiter hace 40 años, en 1979. No es fácil observarlos desde la Tierra, porque requiere disponer de los más potentes telescopios. Las sondas Voyager 2, Galileo, Cassini y New Horizons han enviado imágenes de los anillos jovianos desde la década de los 80: son débiles y están compuestos sobre todo de polvo, y no de partículas de hielo como los de Saturno. Ese polvo proviene de algunos de los 79 satélites que posee Júpiter, que reciben el nombre de satélites pastores, por la función aglutinadora que tienen sobre el rebaño de partículas que forman un anillo planetario.

Los aros del planeta más grande del sistema solar constan de cuatro estructuras. Crédito: NASA/JPL/Cornell University

Los aros del planeta más grande del sistema solar constan de cuatro estructuras. Desde la parte más interior a la más exterior: un grupo grueso de partículas llamado halo, un anillo principal brillante pero muy fino y dos anillos anchos, gruesos y débiles, llamados anillo difuso de Tebe y anillo difuso de Amaltea (nombres de los satélites de los que sale el material que los forma). El halo y el anillo principal contienen polvo expulsado de los satélites pastores Metis y Adrastea.

Libertad, Igualdad y Fraternidad en Neptuno

El último de los planetas del sistema solar tiene unos anillos muy oscuros, ténues y débiles, que descubrimos en 1989 gracias a la sonda Voyager 2. Son más parecidos a los anillos de Júpiter que a los de Saturno o Urano, y están formados principalmente por polvo llegado del satélite pastor Galatea.

Los anillos de Neptuno están formados principalmente por polvo. Crédito: NASA

Neptuno —el planeta más azul del sistema solar— tiene cinco aros que reciben el nombre de los astrónomos más relevantes que lo han investigado. Son, desde la parte más interna a la más externa: Galle, Le Verrier, Lassell, Arago y Adams. El anillo Adams incluye a su vez cinco zonas brillantes denominadas Fraternidad, Igualdad 1, Igualdad 2, Libertad y Coraje —en alusión a la Revolución Francesa, ya que se descubrieron en su bicentenario—. Estas zonas se corresponden con lugares donde las partículas de polvo están más compactadas.

La doble sorpresa del planetoide Chariklo

Representación artística del planeta menor 10199 Chariklo, con sus anillos. Crédito: Calçada/M. Kornmesser/Nick Risinger

No solo los cuatro planetas gaseosos del sistema solar tienen anillos: también el planetoide Chariklo, entre Saturno y Urano, presenta un anillo doble. Hasta 2013 no descubrimos, por sorpresa, que este objeto posee dos densos y estrechos anillos, de los que todavía no conocemos su origen. Chariklo es el objeto celeste más pequeño que cuenta con estas estructuras, en su caso dos densos y estrechos aros de tan solo tres y siete kilómetros de ancho, que están separados por un espacio despejado de nueve kilómetros.

De 250 kilómetros de diámetro, Chariklo es el planetoide de mayor tamaño de los denominados centauros, que orbitan el Sol entre Saturno y Urano. Los centauros pueden comportarse como asteroides o como cometas, de ahí su nombre, ya que en la mitología griega centauro es un ser mitológico mitad caballo y mitad humano. Quizá alguno de estos peculiares objetos esconda aún nuevos y extraordinarios hallazgos astronómicos.

Bibiana García Visos

@dabelbi

Publicaciones relacionadas

Comentarios sobre esta publicación

Escribe un comentario aquí…* (Máximo de 500 palabras)
El comentario no puede estar vacío
*Tu comentario será revisado antes de ser publicado
La comprobación captcha debe estar aprobada