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02 enero 2019

La cara más desconocida de Isaac Asimov

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El 2 de enero celebraba su cumpleaños Isaac Asimov , uno de los Big Three –junto con Arthur C. Clarke y Robert Heinlein– que encumbraron la literatura de ciencia ficción a su edad dorada a mediados del siglo XX. Pero quien nos legó las tres leyes de la robótica fue en sí mismo un gran personaje novelesco, comenzando por la primera de sus ficciones, su propia fecha de nacimiento. Nacido en Petrovichi, una remota localidad de la Rusia rural, el día de su venida al mundo no dejó registro ni siquiera en la memoria de su familia: entre el 4 de octubre de 1919 y el 2 enero de 1920 como franja tentativa, fue él mismo quien eligió esta última fecha como día de su cumpleaños.

Aquella infancia en una familia judía de Rusia fue breve. Cuando Asimov  (2 de enero de 1920 – 6 de abril de 1992) tenía tres años recién cumplidos, su familia emigró a EEUU. Pero para ello, antes tuvo que superar una amenaza letal que a punto estuvo de dejar al mundo sin la saga de La Fundación; cuando solo contaba un año fue uno de los 17 niños que contrajeron una grave neumonía en su pueblo natal. Solo él sobrevivió. Tras establecerse en Brooklyn, poco quedó del ruso con el que muchos le identifican. De hecho, nunca aprendió este idioma, y de sus raíces solo conservó el yidis de su familia.

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Isaac Asimov. Fuente: Wikimedia

Aún no se vislumbraba al escritor ni al bioquímico, la que sería su titulación académica. Sí al lector voraz: la cadena de tiendas de dulces y prensa de su familia le daba acceso ilimitado a nuevas lecturas. Tanto le gustaba sumergirse en aquellas páginas que soñaba con una profesión poco habitual en las preferencias de los niños. Su amor por los espacios pequeños y cerrados, lo opuesto a la claustrofobia, le llevó a imaginarse atendiendo un quiosco en el metro neoyorquino, para pasar los días leyendo con el runrún de fondo de los trenes.

Su inclinación a la ciencia marcó su elección de carrera universitaria, pero en un principio no fue la química, sino la zoología. Fue la obligación de diseccionar un gato callejero la que le decidió a cambiar su especialidad por otra en la que solo tuviera que manejar moléculas. Su carrera científica fue corta. Tras un breve periodo de servicio como químico naval durante la Segunda Guerra Mundial, pronto comenzó a obtener más dinero de su escritura que de su trabajo académico.

BBVA-OpenMind-Lado desconocido de Asimov-3-Asimov trabajó como químico naval durante la Segunda Guerra Mundial. Fuente: Wikimedia
Asimov trabajó como químico naval durante la Segunda Guerra Mundial. Fuente: Wikimedia

De aquella corta experiencia militar quedó una de las dos únicas ocasiones en su vida en que subió a un avión. Incluso ya como autor de éxito, viajando con sus libros y sus conferencias, su pánico a volar era tan intenso que se convirtió en un asiduo de los cruceros, donde a menudo sus charlas científicas formaban parte del programa de entretenimiento a bordo; todo un raro privilegio para los afortunados turistas.

Un entusiasta de Sherlock Holmes

Con sus más de 500 trabajos literarios, su lugar en el Olimpo de la ciencia ficción estaba más que asegurado, pero tal vez solo sus seguidores más avezados conocen la que fue su otra gran pasión literaria, el misterio. Miembro de The Baker Street Irregulars, la principal organización de entusiastas de Sherlock Holmes, escribió un ensayo según el cual el ficticio libro del profesor Moriarty The Dynamics of an Asteroid ocultaba la destrucción de un planeta habitado por una especie inteligente. Sin embargo, confesó su predilección por Agatha Christie. De la fusión entre misterio y ciencia surgió su destacado papel como escéptico, miembro fundador del hoy denominado Committee for Skeptical Inquiry (CSI).

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Portada de los obras de Asimov. Fuente: Wikimedia

Pero quizá más singular y desconocida es su frustrada incursión en el género musical. En 1974 Paul McCartney le propuso escribir una película sobre una banda de rock que era suplantada por invasores alienígenas. Sin ser un amante del rock, Asimov aceptó el desafío, que se plasmó en un esbozo de guion en el que no incluyó el borrador de diálogo que le había entregado McCartney. Con su orgullo probablemente herido, el exBeatle arrinconó el proyecto, que hoy yace en los archivos de la Universidad de Boston esperando a ser redescubierto.

El 7 de abril de 1992 el diario The New York Times publicaba el obituario de Asimov, fallecido el día anterior por fallo cardiaco y renal, según su hermano Stanley. Solo diez años después se supo que murió de sida, a causa del virus contraído por una transfusión de sangre durante una operación en 1983. Un personaje digno de su mejor ficción, incluso más allá de su muerte.

 

Javier Yanes

@yanes68

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