“Caminar por una wikiciudad será como ir con un mayordomo invisible”

A Juan Ignacio Vázquez, Iñaki, le gusta hablar del efecto Disney para explicar el concepto del internet de las cosas, los objetos conectados a la red de redes. Las escobas mágicas que barrían solas en la película Fantasía (1940), con Mickey Mouse como aprendiz de brujo, son ahora los robots autónomos barredores presentes en muchas casas, explica este profesor de Telemática en la Universidad de Deusto. Y el espejito mágico de Blancanieves (1937) es un teléfono móvil conectado a internet que responde a preguntas de voz. Vázquez (Bilbao, 1974) sabe de lo que habla. En la actualidad, el profesor es miembro del Consejo para la Internet de las Cosas, un think tank internacional que crea nuevas propuestas de valor para objetos de toda la vida que ahora se pueden conectar a internet, como una silla que vigila la postura del usuario o un robot de cocina que propone recetas equilibradas. Pero también reflexionan sobre sus peligros: el posible tráfico con millones de datos personales y la creación de nuevos objetivos para los ciberterroristas.

¿Qué es el internet de las cosas?

Es un nuevo paradigma, que se crea cuando los objetos, los productos de consumo, tienen unas capacidades adicionales, casi mágicas. Los objetos conectados a internet son un fenómeno nuevo, pero el concepto de objetos mágicos existe desde la Antigüedad. Seguro que todos nos acordamos de las leyendas donde los dioses le daban al guerrero una espada o un escudo mágico que tenía poderes especiales. Mientras que esto hasta ahora era pura fantasía, en el momento actual tenemos suficientes capacidades de computación y de comunicación, a un coste reducido y a un tamaño suficientemente pequeño, para albergarlas en objetos de nuestro entorno: en ropa, en zapatillas, en escobas barredoras como pasa en el caso de Disney, en mobiliario de cocina. Esos objetos pueden percibir lo que pasa a su alrededor, pueden consensuar con otros objetos de nuestro hogar qué está pasando, si se ha caído una persona al suelo, si hay un pequeño humo, si hay que abrir las ventanas. Los objetos pueden colaborar entre sí, intercambiando información, tomando decisiones de manera autónoma, siempre para el bienestar del usuario.

¿Cómo sería nuestro día a día en unos años si se desarrollara el internet de las cosas?

Posiblemente tengamos nuestra casa muy sensorizada, tengamos los tiestos de nuestras plantas sensorizados, como ya ocurre en productos comerciales, y podamos saber en qué estado están, para regarlas de un modo u otro. Posiblemente tengamos también muchos de nuestra ropa también sensorizada, como ya ocurre con las prendas deportivas, para poder analizar nuestro rendimiento y mejorarlo. Tenemos casi un entrenador gratis o a muy bajo coste porque tenemos un objeto que analiza esa información.

Iñaki Vázquez

Iñaki Vázquez en el Centro de Innovación BBVA

 

¿Qué riesgos tiene el internet de las cosas?

Posiblemente el mayor riesgo, y la Comisión Europea está trabajando en ello, es la privacidad de la información. Hablamos de miles de sensores desplegados en nuestro vehículo, en nuestras casas, en nuestra ropa, en las ciudades, en las aceras por las que caminamos, en nuestros puestos de trabajo. Toda esa información al final va a distintos puntos de internet, en algunos casos controlada por grandes corporaciones, y en otros casos quizás controlada por un fabricante concreto de un tipo de prenda deportiva que no sabemos si tiene alianzas con otros a los que vende esa información, quizás anónima o quizá no suficientemente anónima y se puede correlacionar con otra información que permite saber nuestra  identidad. Se está trabajando en mecanismos para que las personas tengamos el derecho al silencio de los chips, el derecho de la población a decir: no quiero que se recoja información sobre mí. Lo que pasa es que la tecnología va por delante de la legislación y es cuando la tecnología está suficientemente desplegada cuando se identifica el problema. No existe ningún mecanismo universal por el cual un ciudadano pueda saber qué productos están capturando información sobre él. Y esa información, si se envía hacia internet, yo no sé quién está haciendo uso de ella.

Usted compara los sensores en la ropa con la invención del microscopio.

El Quantified Self, el Yo Cuantificado, consiste fundamentalmente en que vamos a tener a nuestro alrededor un montón de elementos, de objetos, ropa, llaveros, bandas en la muñeca, nuestra pesa de casa, que van a medir continuamente diversos parámetros sobre nuestro cuerpo, sobre las actividades que realizamos, a los que antes no podíamos accede. Es la traslación a cifras de nuestra actividad para tener una analítica de todo lo que hacemos: un sensor en la almohada que sabe cuánto dormimos, un sensor en la ropa que sabe cuánto andamos, mi báscula que sabe cuánto peso. Es sacar toda la información que existe pero hasta ahora no teníamos capacidad de ver para poder tomar decisiones al respecto y mejorar esos aspectos que afectan a nuestra vida. Y es algo muy parecido a lo que ocurrió con la invención del microscopio, era algo que estaba ahí, era algo que existía, pero hasta que no se pudo ver, no se pudo estudiar.

Usted también habla de wikiciudades.

He acuñado ese concepto porque me recuerda mucho al de Wikipedia. La Wikipedia es un repositorio de información extraordinariamente democrático donde la gente escribe la información sobre un tema, esa información se valida y se verifica por otra gente. Y  otra gente, la mayoría, consumimos esa información. Es democrática, es completamente abierta. Si las ciudades, las smart cities, van a tener miles, incluso millones de sensores, realmente van a ser una fuente de información como somos las personas de cara a la Wikipedia. Muchas veces veo el concepto de wikiciudad como un repositorio de información compartido, pero quienes aportan esa información ahora son los sensores. Yo puedo ser un sistema de control de tráfico que analizo la información que han proyectado los sensores de tráfico, analizo también las informaciones sobre polución que capturan los sensores, analizo información sobre previsión del tiempo que capturan los sensores de tiempo e igual puedo modificar algunos aspectos del control de tráfico a determinadas horas del día para minimizar el impacto de la polución en ciertas horas dependiendo del tiempo ambiental, dependiendo de la cantidad de tráfico, etcétera.

¿Cómo sería caminar por una wikiciudad?

Posiblemente, lo que un usuario podría ver caminando por una wikiciudad, por una smart city dentro de unos años, es que la ciudad está a su servicio. Hay una persona paseando, lo percibo y establezco la iluminación para que esa persona pueda transitar tranquilamente por esa calle que antes a lo mejor no estaba convenientemente iluminada y que ahora sí lo está. Posiblemente tengamos la sensación de que hay un mayordomo invisible que va a nuestro lado con un pequeño mando activando cosas a nuestro alrededor mientras llevamos a cabo actividades por la ciudad. Y, por otra parte, los gestores de la ciudad tendrían muchísima información en los paneles de control para saber qué tipos de obra civil hay que hacer en determinados sitios para mejorar el tráfico, el ruido, la polución, en un punto concreto. O desviar a una hora del día el tráfico por un sitio para tener un menor impacto ambiental.

¿Ve un futuro en el que los fabricantes regalen productos conectados a internet, como por ejemplo una silla, para cobrar un servicio asociado, como un programa de monitorización de la postura al sentarse?

Veo un futuro donde muchos fabricantes, en muchos productos de coste no muy elevado, menos de 30-60 euros, puedan subvencionar parcial o totalmente el coste del producto siempre y cuando contrates una suscripción de uso del mismo. Hay otra vertiente posible: ¿cómo se financian muchas de las webs que existen actualmente? A través de publicidad y del patrocinio. Es posible que muchos productos físicos se regalen si van patrocinados o si permiten la inserción de publicidad que luego permite capturar esas pautas de comportamiento del usuario para hacer un perfil y poderle ofrecer servicios complementarios. Por poner un ejemplo: es posible que en un plazo de tiempo medio podamos ver camisetas conectadas a internet con pantallas flexibles, que se den casi a coste cero o gratis a usuarios, siempre y cuando las vistan para mostrar algún aspecto de publicidad cada cierto tiempo. Es posible que muchos de los electrodomésticos y de los objetos conectados nos puedan hacer recomendaciones.

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