¡Bienvenid@ a la Cuarta Revolución Industrial compañer@ (robot)!

El Foro de Davos, ese mercado global de ideas y tendencias que cada enero reúne a líderes mundiales en la localidad suiza del mismo nombre, ya ha anunciado que la edición del año 2016 estará dedicada a analizar los desafíos e incertidumbres que nos traerá la Cuarta Revolución Industrial en la que estamos inmersos. Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro, cree que la suma de Internet móvil y ubicuo, sensores más pequeños, más baratos y más poderosos y la inteligencia artificial, harán que esta Cuarta Revolución Industrial sea bastante diferente de las tres anteriores. Schwab cita como principales rasgos diferenciadores la velocidad, el tamaño y la fuerza con que transformará por completo los sistemas de producción, distribución y consumo. El fundador del Foro de Davos apunta también la posibilidad de que transforme “la misma esencia del ser humano”. Por si esto llegara a suceder, propongo refugiarnos del vértigo de los cambios en el existencialismo de Sartre, para quien el ser humano es responsable de sus acciones y construye su esencia con sus actos.

Wolfgang Wahlster, director del Centro de investigación alemán de inteligencia artificial y asesor científico de Angela Merkel, explicó en el verano de 2015 en un foro celebrado en Bilbao cómo está abordando su país el paso de un modelo tradicional de producción industrial a otro nuevo dominado por sensores y robots. Ante un aforo repleto de investigadores, ingenieros y directivos, Wahlster dio carta de identidad a esta Cuarta Revolución Industrial certificando sus efectos reales sobre el mercado laboral alemán. Wahlster explicó a los presentes que la industria alemana ya había pactado con los sindicatos que cuando un trabajador tenga que coger una baja o se marche de vacaciones será sustituido por un robot de emergencia y no por otro trabajador.

Alemania intuyó la Cuarta Revolución Industrial en 2006 cuando trazó su High-Tech Strategy y la ratificó en 2011 con la ayuda de un grupo de empresarios, políticos y académicos que andaban preocupados por la manera en que el Internet de las Cosas (IoT) afectaría al futuro industrial del país. Liderados por la multinacional Bosch, constituyeron un grupo de trabajo para que les ayudara a crear un marco común de aplicación de las nuevas tecnologías en la industria. Este grupo, al que denominaron Industria 4.0, se encargó de describir cómo sería la vida en las nuevas fábricas, donde todos los procesos estarán conectados gracias al IoT. Este concepto, inventado por el británico Kevin Asthon en el año 1999 en el Auto-ID Center del MIT, traslada Internet al mundo físico y permite la interconectividad entre cualquier objeto cotidiano o industrial mediante sensores.

El científico, inventor e ingeniero serbio Nikola Tesla (1856-1943) ya predijo la conexión de los objetos en una entrevista concedida a la Revista Colliers en el año 1926. Tesla anticipó que “cuando lo inalámbrico esté perfectamente desarrollado, el planeta entero se convertirá en un gran cerebro……y los instrumentos que usaremos para ello serán increíblemente sencillos ”. Este hombre de mente privilegiada, pero denostado durante mucho tiempo, también dejó escrito que “cualquier persona, en tierra o mar, podrá recibir noticias de cualquier lugar del mundo o mensajes particulares destinados solo a ella con un aparato sencillo y barato que cabe en un bolsillo”.

A diferencia de la Tercera Revolución Industrial, surgida a finales del Siglo XX de la mano de la aplicación de las nuevas tecnologías de la información en la automatización de los procesos industriales, esta Cuarta Revolución Industrial se caracteriza por hacer posible que máquinas y personas trabajen en un mismo espacio con las herramientas del mundo virtual de Internet.

La revolución del IOT

Además de compartir los espacios de trabajo con los robots, la principal seña de identidad de la Cuarta Revolución Industrial es el IoT (Internet of Things por sus siglas en inglés, o internet de la cosas en castellano). La interconectividad de los objetos cotidianos sembrará el mundo de sensores que cosecharán millones de datos sobre nuestras vidas. El análisis de este tsunami de datos (Big Data) permitirá obtener patrones de comportamiento, que serán de gran valor para las empresas de consumo. La conectividad de los objetos tendrá un fuerte impacto en nuestra vida cotidiana, en las relaciones laborales, en el mundo de los negocios, en el tráfico, en la gestión de las infraestructuras, en la educación, en la seguridad, en la salud y en todo lo imaginable.

En el ámbito de lo doméstico, Apple ya permite integrar interruptores y luces con el iPhone y delegar en la eficaz Siri su gestión. Dentro de no muchos años, nuestra casa nos reconocerá al abrir la puerta y se encenderán las luces o se pondrá en marcha el aire acondicionado.

En la actualidad existen más de 9.000 millones de dispositivos conectados en el mundo, que generan 2,5 trillones de datos nuevos cada día. Su análisis y posterior venta suponen la creación de un nuevo mercado, que los expertos cifran en 1,5 billones de euros para dentro de cinco años. 

La multinacional IBM ha anunciado ya su decisión de instalar su unidad de negocio para internet de las cosas en la ciudad alemana de Múnich. Según este gigante de la informática, este nuevo laboratorio de innovación, que congregará a un millar de desarrolladores, consultores, investigadores y diseñadores, servirá para que científicos de datos, ingenieros y programadores construyan una nueva generación de soluciones conectadas.

En España, el IoT está muy vinculado a las ciudades inteligentes y a los fondos que Europa viene destinando desde 2010 para el desarrollo de la industria relacionada con las smart cities. En 2014, la facturación por este concepto alcanzó en nuestro país los 2.575 millones de euros, pero se espera que en diez años esta cifra supere los 14.000 millones.

En el ámbito de la salud, una investigación de la Universidad Politécnica de Madrid con pacientes con deterioro neurocognitivo, permite monitorizar varias tareas cotidianas de estos enfermos a través de sensores conectados en los platos o cepillos de dientes que utilizan a diario. El seguimiento remoto del uso de los objetos conectados por parte de estos pacientes resulta de gran eficacia para calibrar la medicación en enfermos de alzhéimer o conocer la duración del efecto de la misma.

Covadonga Fernández

Periodista en la subdirección de I+D+i del Canal de Isabel II