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Artículo del libro Hay futuro: visiones para un mundo mejor

Visión 2020. Un futuro por construir

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El origen de Visión 2020+

Visión 2020+ es la historia de una inquietud. La inquietud por conocer las posibilidades de futuro de BBVA y las de la propia industria financiera, a partir de la información de la que hoy disponemos2.

En nuestro análisis hemos seleccionado una serie de indicadores relevantes que trascienden nuestro ámbito de actuación como banco y que nos afectan e implican a todos como colectivo humano. Tienen que ver, sobre todo, con la calidad de vida de las personas y con el crecimiento sostenible. Algunos de los indicadores son alarmantes, otros esperanzadores, y la evolución de una gran mayoría de ellos puede corregirse o acentuarse según las decisiones que tomemos tanto las instituciones como los individuos.

La perspectiva de más de ciento ciencuenta años de historia, en los que BBVA no ha parado de crecer, habla de una capacidad contrastada para ajustarse a las condiciones del medio. BBVA ha sobrevivido y ha prosperado a través de conflictos bélicos, cambios en modelos de gobierno, tensiones políticas, crisis energéticas y económicas.

Ello se debe, en parte, a que siempre nos ha preocupado observar las tendencias para planificar nuestras actuaciones. Pero actualmente no basta con observar. Hay que anticiparse. La adaptación reactiva ya no es suficientemente eficaz.

Hay que entender las dinámicas del cambio desde que empiezan a producirse y aventurar posibles escenarios futuros que ayuden a tomar decisiones desde el presente.

Centro de Innovación BBVA en Madrid

Por eso, ya hace diez años, en BBVA creamos una unidad de innovación, para explorar con valentía y sin autocomplacencia las transformaciones que la globalización y, especialmente, el desarrollo tecnológico iban a provocar en el planeta a múltiples niveles, y para entender cómo eso afectaría a la lógica de relación con nuestros clientes, a nuestro modelo de negocio y al futuro desarrollo de la industria financiera.

Después de varios años de trabajo, en 2010 dimos a conocer la aproximación de BBVA al Banco del Futuro en la que se analizaba cómo las tecnologías de la información y la comunicación afectan y afectarán al negocio financiero. Esa fue la primera vez que BBVA hizo pública una línea de investigación y análisis no estrictamente económica. En ella enunciábamos la necesidad de transformar la industria financiera y nuestro compromiso de ser consecuentes con esa visión.

Todo el conocimiento acumulado en los últimos diez años ha cristalizado en la actual Visión 2020+ de BBVA que hoy presentamos al lector.

El método: más allá de lo convencional

Desde el siglo pasado se vienen aplicando métodos de planificación estratégica para definir los objetivos a medio plazo y las líneas de actuación de una organización. Con estos instrumentos se extrapola el futuro y, a través del análisis de fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas, se concluye cómo abordar el negocio y hacer evolucionar las competencias de una compañía.

Ir más allá de lo convencional requiere una aproximación al futuro que nos ofrezca un mayor recorrido que el de la planificación estratégica convencional. Por eso, en BBVA aplicamos otra metodología: visionamos el futuro desde la situación presente y recorremos el camino de vuelta para decidir cuál queremos que sea nuestra posición de llegada en el medio plazo.

El futuro es nuestro punto de partida; de este modo nos anticipamos y aprendemos a manejar la incertidumbre, al tiempo que fijamos un rumbo hacia las nuevas competencias que nos permitirán materializar las oportunidades que el futuro siempre ofrece.

En nuestra metodología de trabajo comenzamos por identificar los factores o conductores de cambio que hoy están configurando las grandes tendencias de evolución.

A continuación, observamos los panoramas que estas tendencias dibujan de cara a la década de 2020 en lo tecnológico, personal, demográfico y económico para, seguidamente, pasar a analizar los retos que se plantean en el camino de consolidación de esas tendencias.

Después de valorar las posibles vías evolutivas de los factores de cambio y la interacción entre ellos, hemos encontrado tres escenarios de futuro posibles para la década de los años veinte de nuestro siglo. Por otra parte, hemos identificado los resortes que desde el presente habría que activar para acercarnos al futuro deseable. La suma de todas estas piezas constituye la Visión 2020+ de BBVA.

En este proceso metodológico de elaboración de la Visión 2020+ nos hemos basado en información abierta; datos de fuentes acreditadas; estudios de campo globales para identificar las necesidades no cubiertas de los consumidores; herramientas matemáticas de análisis de tendencias y probabilidad de escenarios; talleres de ideación y de debate con especialistas de la red internacional de innovación de BBVA.

Todo ello ha sido posible gracias al trabajo en colaboración de las personas que formamos BBVA junto a una serie de consumidores, observadores, pensadores y expertos.

Dado que esta Visión 2020+ no es una tesis cerrada ni autoconclusiva sobre cómo será el futuro, sino una aproximación sistemática a su potencialidad, invito al lector a ser partícipe de ella. Puede contribuir con su conocimiento y punto de vista en el diseño y construcción de ese futuro mejor que todos deseamos en OpenMind, Centro de InnovaciónBBVA, o cualquier otra red social de BBVA, como se detalla en la nota a pie al inicio de este artículo.

Ciencia y tecnología, catalizadores de la evolución humana

En los últimos dos siglos, la ciencia y la tecnología han sido los grandes catalizadores del cambio en la historia de la humanidad.

La población mundial no superaba los 500 millones de habitantes antes de la invención de la máquina de vapor que puso al planeta en movimiento. El telégrafo separó el mensaje del mensajero, lo que permitió la primera expansión de conocimiento en tiempo real. La luz eléctrica añadió horas al día, y se empezaron a acortar los plazos de entrega. La penicilina alargó la esperanza de vida y así sucesivamente, hasta que el transistor nos abrió las puertas del mundo digital e internet las de la sociedad de la información.

En poco más de veinte años, más de 5 000 millones de personas han tenido acceso a una red GSM. Tan solo el servicio básico, la posibilidad de hacer una simple llamada, ya ha supuesto una mejora extraordinaria de la calidad de vida en todo el mundo. Por ejemplo, en África, millones de personas deben recorrer kilómetros caminando para llegar a un pozo de agua. Ahora, en épocas de sequía, pueden preguntar si el pozo aún tiene agua y, en caso negativo, dirigirse a uno que no esté seco.

La ciencia y las innovaciones generan enormes beneficios, pero también suponen un esfuerzo de adaptación de las personas.

Nuestros mayores de 80 años son testigos de ello. Han visto el encendido de la primera bombilla en la casa de su infancia, el primer televisor o el primer teléfono móvil. Han vivido el nacimiento de la aviación comercial y su evolución a un servicio de bajo coste. Se sorprendieron con la llegada del hombre a la Luna y ya les parece natural ver fotos de “platillos volantes humanos” en Marte.

Pero en los últimos diez años nuestras vidas han cambiado aún más vertiginosamente. Lo que no existía hace una década hoy nos resulta imprescindible. En agosto de 2002, Nokia presentaba el primer teléfono con cámara y Blackberry introducía el correo electrónico en el móvil. En diciembre de ese año, Apple lanzaba su iPod con iTunes y se consolidó la era de las aplicaciones, iniciada por NTT Docomo con el i-Mode. Todos estos dispositivos permitieron la expansión de internet, la aparición de nuevos negocios en el mundo digital y la transformación de las cadenas de valor de muchos negocios tradicionales.

El concepto de audiencia propio de la radio y la televisión evolucionó con la aparición de nuevos servicios participativos entre los usuarios como Wikipedia, YouTube, Facebook, Twitter, etcétera. Sin apenas darnos cuenta, hemos pasado de preguntar “qué ponen en la tele” a participar activamente desde Twitter en tertulias y debates y a elegir en YouTube el vídeo que queremos ver.

Crecimiento exponencial

Y seguiremos disponiendo de nuevos avances tecnológicos. En el ámbito de la tecnología, cada nueva fase se construye sobre los recursos, conocimiento y métodos que hemos alcanzado en la fase anterior, de la misma forma que, en finanzas, los intereses se suman al capital para el ciclo siguiente.

El interés compuesto significa que nuestro activo crece a un ritmo proporcional a su valor; esto se llama crecimiento exponencial. La economía de un país que crece un 3 % cada año, la población mundial que aumenta a un ritmo anual del 1,5 %, son otros ejemplos de crecimiento exponencial.

La extrapolación de las tendencias actuales solo nos permite dibujar un panorama para el 2020, no predecir su realidad con exactitud. Lo que hagamos desde hoy hasta entonces es lo que determinará nuestro “escenario final”, la realidad en la que vivamos en 2020+

Entender el comportamiento exponencial no es sencillo, pero es fundamental para extrapolar el futuro. A pocos preocupa que la población crezca uno o dos puntos porcentuales al año, sin embargo nos sorprende su consecuencia: que cada persona nace en un mundo con cuatro veces menos habitantes que el planeta en el que morirá.

El ejemplo de la velocidad de internet es aún más extremo: una velocidad que se duplica cada año significa que, en 2032, descargar los 200 millones de vídeos que existen hoy en YouTube tardará… unos dos minutos. Claro, que para entonces, el tamaño de YouTube también habrá crecido de forma exponencial.

El ser humano es actor y sujeto de los cambios. La tecnología que produce lo cambia y lo proyecta a un nuevo estado evolutivo en un proceso exponencial.

Efecto de externalidad de red

La tecnología que nos hace la vida más fácil, a la vez incrementa la complejidad de los sistemas. Nos conecta a todos y a todo, generando el efecto de “externalidad de red”.

Este efecto es fácilmente apreciable en las redes sociales. Los primeros miembros de una red apenas encuentran lectores que compartan una opinión y por ello la utilidad de la red es baja. Por tanto, es en sus primeros meses de funcionamiento cuando más peligra su existencia. En cambio, cuantas más personas se adhieren, más relevante es para cada uno de los miembros emitir una opinión por la visibilidad que consigue. La utilidad crece exponencialmente a medida que crece su aceptación, en una espiral virtuosa. En paralelo, crece la complejidad en las relaciones de esas personas en la red.

Cuando algo es complicado, la inteligencia humana ha aprendido a modelarlo: divide el problema en partes elementales y busca las relaciones que dan respuesta al comportamiento observado. Sin embargo, y aunque hemos aplicado la tecnología a la mejora y la automatización de las partes que componen los ecosistemas actuales, no hemos sido tan eficaces a la hora de entender y mejorar las relaciones entre las partes.

En un mundo interconectado el resultado de cada elemento alimenta a otro que a su vez realimenta al primero. La realidad actual, además de exponencialmente cambiante, es compleja. Sin embargo, tenemos la ventaja de que la propia tecnología que crea esa complejidad es también nuestra mejor aliada para gestionarla.

El futuro no sucede de repente

El futuro empieza a crearse desde el ahora. Nuestras decisiones y acciones lo configuran y nos llevan a él por un camino con infinidad de alternativas.

A la hora de materializar nuestra Visión 2020+ hemos tomado el pensamiento científico como guía para estructurar nuestros planteamientos sobre las posibles realidades futuras.

Según la teoría de la relatividad especial de Einstein, el espacio-tiempo es el lugar donde se desarrollan todos los eventos físicos del universo, de modo que nuestra realidad es un continuo de espacio-tiempo del que no podemos escapar. Cada uno de nosotros observa una realidad y cada paso que damos hacia el futuro nos lleva a un nuevo punto en ese espacio-tiempo, donde se nos vuelven a plantear múltiples oportunidades.

Así definido, el futuro se va construyendo en una concatenación de eventos. Nuestra influencia en la realidad que construimos conlleva una enorme responsabilidad para las decisiones que tomamos y las acciones que acometemos.

Para cada persona, un futuro mejor significa algo diferente. Está directamente relacionado con su situación actual y sus aspiraciones. El bienestar presente, individual o colectivo, depende de nuestro ánimo, nuestras condiciones de vida y nuestra cultura. Las aspiraciones son intrínsecas a nuestra naturaleza, a nuestra capacidad de imaginar. ¿Cómo acertar en un laberinto de decisiones?, ¿qué acciones son las más efectivas para alcanzarlo? Y, aún más difícil ¿cómo conseguir que la multiplicidad de alternativas personales confluya en una mejor calidad de vida?

Ante esta multiplicidad de estados de la materia, Heisenberg propuso aceptar la indeterminación como un principio consustancial del universo a niveles subatómicos. En lugar de seguir la evolución de los sistemas físicos de principio a fin, analizó sus estados iniciales y finales observados, dentro de un margen de incertidumbre acotado, sin preocuparse demasiado por lo ocurrido en el medio. El desarrollo de este principio ha permitido grandes avances científicos. Su aplicación inmediata fue la formulación de unas nuevas leyes de mecánica para el mundo subatómico, donde se concluyó que no podemos conocer a la vez con exactitud el punto de partida y la cantidad de movimiento de una partícula.

Estos dos planteamientos científicos nos sirven de analogía para entender la paradoja del futuro. No podemos predecirlo con exactitud, pero sí analizar sus posibilidades.

La extrapolación de las tendencias actuales solo nos permite dibujar un panorama para el 2020, no predecir su realidad con exactitud. Lo que hagamos desde hoy hasta entonces es lo que determinará nuestro “escenario final”, la realidad en la que vivamos en 2020+.

Tendencias 2020

Para poder situarnos en ese futuro sobre el que podremos influir a través de las decisiones y acciones que tomemos, en BBVA hemos deconstruido la realidad actual en busca de los factores que están conduciendo el cambio.

Una tendencia comienza a definirse con la identificación de un hecho que nos resulta significativo, que nos llama la atención porque destaca dentro del contexto observado. Tras marcarlo, se monitoriza y se establecen alertas para observar su evolución.

A veces resulta un hecho aislado que no marca tendencia y, por ende, se descarta como factor de cambio. Otras, sin embargo, se observa que se empiezan a establecer múltiples conexiones a su alrededor. En tal caso, estaríamos ante un hecho relevante que influye en el entorno, es decir, un factor o conductor del cambio.

A continuación, se hace un análisis de datos en busca de evidencias para trazar su posible línea evolutiva. La tendencia así constituida se complementa con la estimación y análisis de sus posibles catalizadores e inhibidores.

En esta formulación de tendencias de futuro nos hemos apoyado en publicaciones en distintos campos del saber; en herramientas de gestión del conocimiento que escanean la actualidad en sus distintas facetas y en motores de búsqueda para la monitorización de patentes. Asimismo, en el proceso de definición de cómo los factores de cambio perfilan las tendencias, hemos utilizado herramientas de software para el análisis lógico de toma de decisiones en entornos complejos.

Tendencias que perfilan nuestras vidas

La formulación de tendencias es esencial para poder compartir y contrastar con los demás el sentido y la magnitud de los cambios de forma más inteligible que mediante unas probabilidades matemáticas abstractas. Nuevamente, el método científico ha inspirado nuestro trabajo en la elaboración de esta parte sustantiva de nuestra Visión 2020+.

En 1851, Jean Bernard León Foucault, físico francés, colgó un péndulo esférico desde la cúpula del Panteón de París y demostró, de forma sencilla y comprensible, la rotación de la Tierra. El logro de Foucault no consistió tanto en convencer a sus conciudadanos de la rotación del planeta, hecho del que ya quedaban pocas dudas a mitad del siglo XIX, sino en hacer evidente, tangible, comprensible e incontestable esa realidad.

Así, hemos identificado 14 tendencias de cambio que dibujan un panorama de oportunidades factibles para el año 2020 en lo tecnológico, en lo individual, en lo social y en lo económico.

En el gráfico adjunto se muestra una simplificación de esas catorce tendencias.

El panorama tecnológico de 2020 lo perfilan tendencias bien conocidas en tecnologías de la información y las telecomunicaciones junto con su aplicación a la investigación científica en otras disciplinas para generar avances aún mayores.

Como hemos visto, la tecnología es capaz de inducir nuevos hábitos y costumbres en las personas. En 2020, las tendencias al hedonismo, mayor calidad de vida, capacidad para elegir y el pensamiento colectivo perfilarán las características del individuo.

El panorama social en 2020 viene marcado por tendencias de polarización en los perfiles demográficos, de migración a las ciudades, de diversidad y de amenazas a la seguridad.

En el panorama económico de 2020, el crecimiento de los países emergentes será superior al de los países desarrollados; se pondrá de manifiesto la escasez de profesionales clave para el desarrollo; observaremos la aparición de nuevos ecosistemas de negocio, de nuevos modelos de relación laboral y viviremos la aparición de la economía del conocimiento como cuarto sector.

Tecnología nuestra de cada día

Los dispositivos del mañana se entenderán como la llave para acceder a infinidad de servicios. Veremos la proliferación de sensores en paquetes, cubos de basura, señales de tráfico, electrodomésticos, incluso en nuestra ropa y hasta en las latas de refresco. La información recogida a partir de ellos servirá para la toma de decisiones en tiempo real basada en evidencias y aplicada a nuevos sistemas logísticos, gestión de residuos urbanos, asistencia a la conducción, vigilancia, control remoto o reducción de la polución.

La interfaz “hombre-máquina” nos será invisible. ¡Adiós al ratón y al CRLT+ALT+F! Las máquinas tendrán una interfaz “máquina-hombre”: nos hablarán, nos escucharán y serán sensibles a nuestro tacto.

La idea subyacente de la ley de Moore seguirá siendo válida: los precios de los dispositivos bajarán al mismo tiempo que sus prestaciones crezcan y el smartphone de hoy se convertirá en el “PC del mañana”.

Habrá dispositivos para todos los bolsillos que facilitarán a miles de millones de personas sus transacciones entre el mundo físico y el virtual.

El avance de las impresoras en tres dimensiones nos permitirá imprimir de todo, incluso comida. Hasta hace poco, solo se utilizaban en grandes industrias debido a su coste y complejidad pero han evolucionado en precisión, simplicidad y precio y están comenzando a extenderse entre todo el sector productivo. En la década de 2020, las tendremos en casa, convirtiendo cada hogar en un potencial centro de fabricación. Supondrán una revolución en la logística y distribución de la fabricación de productos, puesto que se podrán producir los artículos cuando y donde se necesiten. En definitiva, la digitalización de los objetos impactará en la cadena de valor de la fabricación, de manera análoga a como la digitalización de los contenidos lo ha hecho con la música y el cine.

Vivir en las nubes

La revolución de los dispositivos retroalimentará la evolución de las redes. Ante la creciente demanda, las compañías de telecomunicaciones ofrecerán servicios de banda ancha asequibles. En los próximos diez años, todo estará conectado con todo: las personas con las personas, las personas con las cosas y las cosas entre sí.

Los estándares de interoperabilidad se habrán definido y las “redes informáticas” se hablarán entre sí como hoy lo hacen las de telecomunicaciones. Las aplicaciones se escribirán sobre interfaces abiertas a toda la comunidad de desarrolladores y tendrán la capacidad de pasar de una red a otra, del mismo modo que hoy ocurre con una llamada telefónica.

Así, internet será cada vez más inteligente, el entorno donde las cosas cobren vida. Los ordenadores podrán tener un nivel suficiente de comprensión de lo que ocurre en la Red como para generar nuevos tipos de información. La nube de contenidos contextualizados entenderá lo que queremos decir y pasará de ser una herramienta a ser nuestra consejera.

Además, la realidad aumentada formará parte de nuestro día a día: entregaremos información a nuestro entorno y nos la devolverá enriquecida.

La tendencia del software como un servicio (SaaS) acabará por imponerse para la automatización de tareas y optimización de procesos, con la consiguiente mejora de la competitividad de muchas medianas empresas y la aparición de nuevos modelos de negocio.

Paralelamente, veremos cómo distintos campos científicos y tecnológicos empezarán a converger en “superdisciplinas”, ampliando y profundizando la línea de lo que hoy se conoce como “convergencia NBIC”, el resultado de fusionar las investigaciones y desarrollos en nanotecnología, biotecnología, informática y ciencias cognitivas.

Los dispositivos del mañana se entenderán como la llave para acceder a infinidad de servicios. La información recogida por sensores servirá para la toma de decisiones en tiempo real. Habrá dispositivos para todos los bolsillos que facilitarán a miles de millones de personas sus transacciones entre el mundo físico y el virtual.

Estas cuatro disciplinas no solo se complementan entre sí, sino que confluyen en muchas áreas de aplicación para conseguir un salto cualitativo en la investigación o desarrollos que de otra manera no se podrían lograr. Un ejemplo: los avances en la comprensión del genoma humano solo han sido posibles gracias a la confluencia del incremento en las capacidades de cálculo, la miniaturización de sensores y los avances en biología y medicina.

De la misma forma, la convergencia NBIC permitirá el avance de la epigenética, ciencia que estudia cómo los factores externos intervienen en el desarrollo de un organismo. Ya se ha demostrado que un cambio de temperatura activa genes “dormidos” en el ADN de moscas y plantas, y que esta alteración se transmite a la siguiente generación. En 2020, tendremos más información sobre cómo nuestro estilo de vida afecta a nuestro desarrollo celular y cómo impacta en el envejecimiento y el desarrollo de enfermedades. La medicina es el gran campo de aplicación de esta joven ciencia.

La tendencia a la convergencia NBIC se consolidará como realidad en la década de 2020 gracias a los beneficios a corto plazo que supone para muchos centros de investigación compartir sus costes de I+D.

Nuevas posibilidades: la nanotecnología y el grafeno

Si bien en 2020 la nanotecnología aún estará inmadura, ya veremos sus primeros resultados en nuevos materiales como el grafeno, capa atómica bidimensional de carbono. El Premio Nobel de Física de 2010 se otorgó a dos investigadores rusos de la Universidad de Manchester, Geim y Novoselov, por caracterizarlo y descubrir sus extraordinarias propiedades.

El grafeno genera electricidad al ser alcanzado por la luz de casi cualquier frecuencia. Es doscientas veces más resistente que el acero, casi tanto como el diamante, transparente y elástico como el plástico, además de ser igual de ligero que la fibra de carbono, pero mucho más flexible. Su conductividad térmica y eléctrica son altas, es absolutamente impermeable a todos los gases y líquidos –excepto el agua– y no se ve afectado por la radiación ionizante.

Su capacidad de reacción química con otras sustancias puede producir compuestos de diferentes propiedades y lo dota de gran potencial de desarrollo en el revestimiento de superficies, blindajes, estanqueidades, generación de energía, pantallas protectoras interactivas, etcétera.

Con el grafeno es posible crear un sensor superpuesto sobre las células vivas que permite ver las comunicaciones que mantienen entre sí sin necesidad de microscopio. En el campo de la medicina, ya existen prototipos de laboratorio muy prometedores. En los próximos años podríamos ver los primeros dispositivos con pantallas de grafeno, transparentes, resistentes y que pueden enrollarse como una hoja de papel. A pesar de las muchas aplicaciones del grafeno, existen aún grandes desafíos de desarrollo para que su potencial sea realidad. Hoy solo se puede afirmar que este nuevo material y, aún a mayor escala, la nanotecnología, impactarán en nuestras vidas todavía más que la electricidad en las de nuestros abuelos.

El poder de lo individual sobre lo colectivo

El panorama tecnológico descrito abrirá nuevas posibilidades al individuo e inducirá cambios paulatinos en sus hábitos y costumbres.

Las tendencias que observamos en este ámbito son contradictorias. Por un lado, vemos una creciente tendencia al “yo” y, por otro, el desarrollo de fuertes vínculos entre individuos que no se conocen personalmente.

Ambas tendencias pivotan en el acceso ilimitado a la información que nos ofrece la Red. Podremos elegir extender nuestros círculos sociales más allá del entorno físico y ser parte de un todo mayor, o bien aislarnos por diferenciarnos del conjunto o, por supuesto, hacer ambas cosas, dependiendo de las circunstancias y de nuestro ánimo.

El individuo centrado en sí mismo

El hedonismo ha sido un rasgo constante de los humanos. Pero en los próximos años, los individuos se centrarán cada vez más en sí mismos, en diferenciarse de los demás y en incrementar su calidad de vida con el mínimo esfuerzo.

Biológicamente, los ancianos serán más jóvenes y se prolongará (más, si cabe) la adolescencia. Los estilos de vida tendrán en común una obsesión por la salud y el bienestar físico, y el lifecoaching –asesoría en la planificación vital–, disfrutará de gran popularidad.

La generación de nativos digitales habrá establecido pautas de gestión de las relaciones en línea, seremos consumidores y empleados altamente flexibles, sin fidelidad a las marcas ni a los empleadores. En cada momento elegiremos en función de lo mejor para nosotros y ante opciones similares optaremos por la más fácil o divertida.

La vida del individuo se regirá por sus propios planes vitales, con precedencia a instituciones como la familia, la pareja y la comunidad donde vivimos. La realización personal se buscará en el trabajo y el hecho de tenerlo será un signo de logro. Las relaciones personales serán menos estrechas y entenderemos el consumo como una forma de sentirnos amados y adquirir un mejor estatus social.

Mente colectiva

A pesar de esta tendencia en continuo crecimiento que liga individualismo con felicidad, al tiempo seremos –en algún sentido– más sociables que nunca. La movilidad de la información creará una conciencia ampliada de que somos un colectivo humano con motivaciones y necesidades similares, independientemente de nuestro origen o situación. Cada parte del mundo coexistirá en un único mundo virtual y habremos creado conexiones que ya no dependerán del tiempo ni del lugar.

Tendremos una conciencia común, una inteligencia colectiva y habremos reinventado la forma en la que nos relacionamos y tomamos decisiones porque todos participaremos de lo que suceda en el planeta.

Por primera vez en la historia de la humanidad, veremos la efectividad del poder individual en el colectivo; una idea podrá dar la vuelta al mundo en pocas horas.

Produciremos y consumiremos de modo diferente dando lugar a múltiples modelos de abastecimiento individual y colectivo. El crowdsourcing para el talento, el crowdfunding para la financiación y el peer-to-peer para el intercambio de bienes y servicios serán usuales.

El poder de influir

Gracias a la tecnología y a su capacidad para romper las barreras espacio-tiempo, con un solo clic el individuo empezará a ser consciente de poseer cierto “don de la ubicuidad”. Y será también consciente del poder que le otorga la capacidad de expresarse en internet. Participará en la definición y elaboración de idearios, productos y servicios a través de sus quejas, recomendaciones y opiniones, que las marcas e instituciones ya no podrán desoír porque serán públicas. Además, tendrá la información suficiente como para decidir en quién confiar, influenciado por la comunidad del mundo digital. La reputación de una marca será la que la comunidad aprecie, no la que la marca comunique.

Las nuevas formas de organizarse y entender la vida llevarán a que los itinerarios educativos se diseñen a medida de los talentos y aspiraciones personales, y prevalecerá la opción freelance sobre las trayectorias profesionales rígidas. Surgirán nuevos partidos políticos; nuevos modelos de organización; un nuevo paradigma en las decisiones de consumo y el auge de la democracia participativa para ciertas decisiones de gobierno local.

Más viejos, urbanitas y tolerantes

En el aspecto geodemográfico, el panorama viene marcado por una pauta dual. Las poblaciones de los países desarrollados envejecerán aún más, tendrán una media de edad de 42 años y una esperanza de vida de 79, mientras que los países en vías de desarrollo tendrán poblaciones más jóvenes y con un número de habitantes muy superior: 6 400 millones frente a los 1 200 que poblarán los países de la OCDE. Con todo, la media de edad de los países emergentes también subirá de 27 a 29 años como consecuencia del aumento de su expectativa de vida.

Mundo dual

Estos perfiles demográficos se enfrentan a distintas problemáticas: unos lucharán por mantener su nivel de vida mientras que otros buscarán satisfacer sus necesidades básicas.

Los cambios en la demografía apuntan a una tendencia al estancamiento y a la ralentización de las economías desarrolladas, de modo que los trabajadores estarán abocados a trabajar más horas y a posponer sus jubilaciones. Mientras, los países emergentes, con una fuerza de trabajo relativamente joven, disfrutarán de economías mucho más dinámicas, responsables de la mayor parte del crecimiento económico mundial.

El descenso de la competitividad en los países desarrollados llevará a la fuerza de trabajo mejor preparada a dar el salto a las economías emergentes para garantizarse una carrera más prometedora y estimulante. Análogamente, los emigrantes mejor preparados, que en su día se desplazaron a países desarrollados, volverán a casa al comprobar que existen más expectativas de futuro en sus países de origen.

Como resultado, el crecimiento de la clase media global se concentrará en los países emergentes y, en general, sus habitantes disfrutarán de considerables mejoras en su calidad de vida.

Homo “urbanus”

Hoy, la población urbana del planeta supera a la rural y seguirá creciendo. El ser humano continúa apreciando los beneficios económicos y sociales de la ciudad como entorno de vida y se espera que más de 1 000 millones de personas migren a zonas urbanas en los próximos diez años.

Nunca antes nos hemos enfrentado a tasas de migración tan altas: es como si prácticamente la totalidad de la población de China decidiera mudar su residencia en una década.

En 2020, es muy probable que más de la mitad de las principales ciudades mundiales (por número de habitantes y contribución al PIB) se localicen en los países emergentes. En una década se va a triplicar el número de ciudades de más de 1 millón de habitantes y duplicar el de las megaciudades de más de 10 millones de habitantes. Muchas de estas ciudades estarán conectadas entre sí, consolidándose el concepto de macro-región económica transfronteriza.

La concentración en núcleos urbanos y su desarrollo supondrá la definición de un nuevo modelo de ciudad, lo que demandará grandes inversiones de infraestructura, mayor desviación de recursos básicos a los núcleos urbanos y especial atención y control sobre las emisiones de CO2.

No podemos descartar la aparición de nuevas ciudades debidas a desplazamientos masivos de personas por catástrofes naturales o fuertes inestabilidades socioeconómicas. Los campos de desplazados crecerán en número y población, y asentamientos considerados inicialmente temporales podrían convertirse en ciudades de cientos de miles de habitantes con necesidades extremas tanto nutricionales como de infraestructura.

De forma paralela al cambio en el poder económico, también se producirá una transición de poder en otros ámbitos: el paisaje geopolítico cambiará significativamente a medida que la influencia de los países hoy más avanzados disminuya y aumente la de los emergentes, de forma especial los de Asia.

Mestizaje de culturas e igualdad de género

La inmigración llevará a la convivencia de personas de múltiples culturas y orígenes; el mundo virtual conducirá a que en los entornos de trabajo o de ocio se encuentren personas de cualquier edad, origen o experiencia vital.

Las medidas para promover la presencia de las mujeres en los puestos de decisión económica y social mejorarán el equilibrio representativo de mujeres y hombres en muchos otros ámbitos sociales. La frontera de los roles de género se desdibujará.

La mezcla y el intercambio generarán sociedades más abiertas, dinámicas y creativas con sistemas de valores mixtos, menos ligadas al concepto de nación. Aunque los comportamientos discriminatorios no desaparecerán del todo, caminaremos hacia una sociedad más tolerante.

Las tendencias de comportamiento del individuo junto con las demográficas nos llevarán a un cambio sustantivo en el concepto de unidad familiar. La familia tradicional de “madre y padre, jóvenes y con hijos” será tan solo una opción entre muchas. Proliferarán las parejas de divorciados que aportan hijos al nuevo núcleo familiar, los que estarán juntos pero vivirán separados, las parejas homoparentales, etcétera. Vivir solo será una tendencia más extendida y aquellos que decidan casarse y tener hijos lo harán más tarde de lo que hoy es habitual, tanto en países desarrollados como en los emergentes.

Crecimiento dispar en un entorno de escasez

En este mundo dual con crecimiento a dos velocidades las preocupaciones e intereses de los países también serán divergentes. Si a las economías maduras les preocupará principalmente el reequilibrio de la balanza comercial y la persistente tasa de desempleo, los emergentes centrarán su atención de forma preferente en el aumento de precios y el sobrecalentamiento económico.

De forma paralela al cambio en el poder económico, también se producirá una transición de poder en otros ámbitos: el paisaje geopolítico cambiará significativamente a medida que la influencia de los países hoy más avanzados disminuya y aumente la de los emergentes, de forma especial los de Asia.

Se incrementará su influencia en las instituciones multilaterales. La preeminencia de las economías desarrolladas en la gobernanza global se verá erosionada por las economías emergentes, que buscan una arquitectura de poder global multipolar.

Las “águilas” de la economía

En BBVA, pensamos que el panorama económico futuro vendrá marcado por el desarrollo de los países que hemos denominado “águilas” o EAGLEs.

EAGLEs son Brasil, China, Corea, India, Indonesia, México, Rusia, Taiwán y Turquía, países que serán responsables de más de la mitad del crecimiento mundial en los próximos diez años.

China e India son los EAGLEs más prominentes. En los próximos diez años la contribución de China al crecimiento de la economía mundial será del 34 % y la de India el 11,9 %, frente al 9,6 % de Estados Unidos.

En una lista de espera de potenciales EAGLEs “anidan” los nest, un grupo de países que contribuyen al crecimiento mundial más que el país del G6 con menor aportación: Italia. Actualmente son quince las economías que lo componen. Egipto, Ucrania, Chile, Argentina, Bangladés, Colombia, Filipinas, Malasia, Nigeria, Pakistán, Perú, Polonia, Sudáfrica, Tailandia y Vietnam. En los próximos diez años, los EAGLEs serán responsables de alrededor del 60 % del crecimiento del PIB mundial y los países nest contribuirán con un 9 %, mientras que la suma de los países del G7 contribuirá con un 16 %.

China, África y Latinoamérica estrechan lazos

China es el primer socio comercial de África con 150 000 millones de dólares en intercambios durante 2011 y uno de los principales inversores en los sectores relacionados con los recursos naturales y las infraestructuras de países como Zambia, Angola, Sudán o Costa de Marfil.

Paralelamente, las relaciones económicas entre Asia y Latinoamérica también se han fortalecido: los flujos comerciales entre ambas regiones se han multiplicado por nueve en los últimos veinte años. Las principales oportunidades vienen de la mano de China, que se ha convertido en un socio preferente en el comercio y la inversión en la región.

Y todo indica que estas relaciones comerciales y de inversión continuarán fortaleciéndose en los próximos años.

Demanda creciente, recursos limitados

El consumo intensivo de energía, agua y alimentos debido al crecimiento económico y demográfico dibuja un panorama complejo. En 2020, los recursos naturales tendrán un papel crítico en la prosperidad global. Los países generadores de materias primas tendrán una moneda de cambio cada vez más valiosa para adquirir mayor influencia internacional. El mapa actual de países productores se verá alterado porque, en un mundo de recursos limitados, es previsible que los precios suban y comiencen a ser rentables las importantes reservas de minerales hasta ahora no explotadas. Esto, a su vez, supondrá una erosión adicional del medio ambiente.

Para el individuo, esta escasez de recursos se traducirá en una subida de precios del producto final, ampliándose la brecha entre ricos y pobres.

La escasez se hará extensiva también a los recursos humanos expertos, entre otros profesionales sanitarios y de la enseñanza que atiendan a la creciente población de los países en vías de desarrollo.

Nuevos ecosistemas de negocio

Los modelos de outsourcing y offshoring serán habituales para permitir a las compañías concentrarse en su negocio, mientras que el insourcing se ejercerá para no perder las competencias básicas o para incorporar otras que se revelen necesarias.

Las grandes compañías globales que hoy conocemos habrán vivido un proceso de transformación. Para aquilatar sus costes y mantener la competitividad recurrirán al talento colectivo de la comunidad digital y a nuevos modelos de relación con sus proveedores. Todo ello generará nuevos ecosistemas de negocios que se establecerán como conglomerados de actividad en torno a un objetivo común.

Proliferarán las alianzas temporales y las redes de colaboración, y la competitividad surgirá del talento y la innovación.

La flexibilidad, la personalización de servicios y la descentralización de los focos generadores de valor serán algunas de las características de los futuros entornos empresariales. Las pequeñas y medianas empresas cobrarán aún mayor relevancia.

Nuevo mundo laboral

En este espacio, el motor clave del crecimiento serán los trabajos relacionados con el conocimiento. Los trabajadores tendrán una mayor formación y podrán desarrollar su actividad en estructuras más abiertas. Las relaciones laborales tal y como las conocemos ya no tendrán cabida en un mundo en el que la brecha de conocimiento de los países emergentes en relación con los desarrollados se irá –aunque lentamente– estrechando.

La cultura emprendedora, el autoempleo y la creación de nuevas formas de relación entre profesionales serán, con seguridad, pautas en el entorno laboral que empieza ya a modelarse.

La abundancia de información trae un cambio en las condiciones del mercado en favor de expertos que sean capaces de extraer de esa información el máximo valor. En este entorno cobra especial sentido la frase del poeta T. S. Eliot: “¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento? ¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?”

La “guerra por el talento” entre las compañías la movilidad de los trabajadores y la descentralización de las estructuras corporativas enriquecerán el ecosistema de las actividades profesionales con la aparición de nuevos tipos de trabajo y formas más flexibles de entender los contratos laborales.

Los nuevos retos

El futuro es el resultado de la interacción de múltiples elementos y tendencias. Las sociedades, las organizaciones y los individuos toman direcciones que de forma conjunta determinan los itinerarios de desarrollo. Cuando los distintos caminos se cruzan y entrelazan, emerge en paralelo una serie de retos que hay que superar para alcanzar un futuro deseable.

En este punto distinguimos cinco grandes bloques de retos globales que condicionarán nuestra calidad de vida en los próximos años: los derivados de las nuevas tecnologías, los de carácter demográfico, los relacionados con los recursos naturales, la aparición de nuevos paradigmas económicos y laborales y los vinculados con el individuo.

Los retos de la tecnología

En los últimos años la telefonía móvil y la expansión de internet han contribuido a comunicar y vincular a la mayoría de los habitantes del planeta. Al lado de estas ventajas y oportunidades, también se han generado diferencias entre los que tienen acceso a una tecnología superior y aquellos que no pueden disfrutar de ella.

Como hemos visto en el panorama tecnológico de 2020, el ahorro derivado de compartir los gastos de I+D es una de las claves en la tendencia de convergencia NBIC y sus avances asociados. Sin embargo, mantener la colaboración internacional en el desarrollo tecnológico no es tarea fácil cuando los descubrimientos suponen una clara ventaja competitiva. Puede que para algunos actores relevantes no resulte rentable en el largo plazo compartir estos beneficios, lo que nos llevaría a retrasos en la obtención de resultados y mayores desigualdades en la calidad de vida global.

A medida que las investigaciones NBIC maduren, se plantearán nuevas cuestiones éticas. Por ejemplo, en genómica se trabaja en el aumento de las capacidades cerebrales, en la cura y prevención de enfermedades y en la longevidad, aspectos que podrían dar paso a una casta de “genobles”, los privilegiados que tengan alcance a los tratamientos.

Según el juramento hipocrático moderno los profesionales de la salud deben velar por “aplicar todas las medidas necesarias para el beneficio del enfermo”; además, esto ha de ser así “sin permitir que se interpongan consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, partido o clase”, según la Convención de Ginebra. El consenso que existe en medicina de cara a actuar siempre en beneficio del ser humano, ¿es extensible a todas las “tecnologías avanzadas”? Se derivaría de aquí una cuestión ética en torno al acceso a la tecnología avanzada en función de si los usuarios pudieran o no costearla económicamente.

Dadas las características del panorama sociodemográfico en 2020, que apunta a un mundo dual, el reto es evitar que aparezca una nueva modalidad de “brecha” tecnológica directamente relacionada con la salud y la calidad de vida.

Cuando esta cuestión se traslada al campo de las telecomunicaciones surge el debate sobre cómo se definiría el “servicio universal” de acceso a las comunicaciones en los distintos países.

Con independencia de si el número de personas que accederán a las nuevas tecnologías sea porcentualmente mayor o menor que el actual, sí podemos afirmar que el número total de usuarios de internet crecerá. En los próximos años, de una forma u otra, internet estará presente en todos los rincones del planeta. Todo y todos estaremos en la nube. En este contexto, otros retos que hemos de afrontar son los derivados del traslado efectivo de derechos básicos del mundo físico al virtual.

En el mundo físico, ante el intento de robo o suplantación de identidad se dispara una serie de mecanismos de protección (denuncia en comisaría, comunicación internacional de documento robado, etcétera) que no están aún claramente definidos en el mundo virtual. El gran reto será definir, proteger y garantizar nuestra futura identidad digital articulada de la misma forma que sucede con cualquier otro derecho civil.

En el mundo físico, la violación de nuestra intimidad es un delito. Para registrar nuestro domicilio o conocer el estado de nuestra cuenta corriente o comunicaciones hace falta una orden judicial. En la lógica de la Red, toda nuestra información residirá en la nube. Internet recogerá todos nuestros movimientos, gustos e incluso opiniones y la línea entre la oferta de servicios de valor añadido generados a partir de esos datos personales y la intromisión sería difusa.

Al ser internet un entorno global, las regulaciones en materia de privacidad y seguridad también deberían formularse globalmente.

Otro desafío lo constituyen los riesgos de una libertad de expresión que en su vertiente digital carece de códigos deontológicos. La web nació de la mano de la comunidad científica con la aspiración de crear un “servicio para todos” en el que cualquiera tiene derecho a compartir la información que desee y en la forma que le parezca más apropiada siempre y cuando con ello no cometa ningún delito.

Todos sentimos que tenemos algo que decir para ser escuchados. Pero no todos estamos formados para hacer, por ejemplo, una recomendación médica. Para muchas personas será un gran reto discriminar la calidad de la fuente consultada cuando no existe la identidad digital que autentifique al autor como persona acreditada. En este punto, las autoridades sanitarias tan solo podrían informar adecuadamente con la esperanza de que, entre innumerables referencias incorrectas, la suya prevalezca.

Las garantías de calidad de los servicios en internet serán otro aspecto que se debe considerar. Nos hemos acostumbrado a utilizar servicios gratuitos que eximen al proveedor de responsabilidades en caso de mal funcionamiento y de indemnización por daños y perjuicios. Esa situación debería delimitarse más nítidamente de modo que la relación entre consumidor y proveedor se resuelva siempre en forma de beneficio mutuo con todas las garantías.

Además, los motores inteligentes de la nube no dejarán de ser aplicaciones generadas por una comunidad de desarrolladores. En este punto, no queda otra alternativa que confiar en la ética de estos expertos a la hora de diseñar y aplicar cualquier automatismo, dado que no existen aún mecanismos para conocer a priori si nos guían adecuadamente.

Los avances de la inteligencia artificial harán que cada vez sea más complicado distinguir si estamos interactuando con una máquina o una persona y tendríamos que afrontar el reto de desarrollar mecanismos de confianza contra la sensación de pérdida de control humano sobre un mundo tecnificado en exceso.

Ciberterrorismo, un capítulo aparte

Un gran desafío tecnológico de los próximos años serán los nuevos espacios de inseguridad en el mundo virtual. Resultará cada vez más difícil, si no imposible, definir la delgada línea que actualmente separa el “interior” seguro y fiable de nuestras redes corporativas, del “exterior” inseguro e ingobernable de internet.

Internet está basado en estándares y plataformas abiertas sobre las que se desarrollan servicios y aplicaciones de gran utilidad para los usuarios. Muchos de estos servicios almacenan datos de carácter personal. Los grupos de delincuencia organizada representan una clara amenaza porque tratan de encontrar vulnerabilidades para acceder a los datos personales de los usuarios con intenciones maliciosas. Adicionalmente, es previsible un especial desarrollo de las actividades delictivas enmarcadas en el ámbito del cibercrimen y el ciberterrorismo, llevadas a cabo por organizaciones criminales capaces de generar malware (software malicioso) del tipo Advanced Persistent Threats (APTs, amenazas persistentes avanzadas). Se trata de una categoría de malware, especialmente peligroso por su capacidad de ocultación durante largos periodos de tiempo, y que dirige sus ataques a objetivos empresariales o políticos.

Las ciudades, las infraestructuras, los hogares y nosotros mismos estamos expuestos a ataques de naturaleza digital de la misma forma en que lo estamos en el mundo físico. Hay sin embargo tres importantes diferencias en el mundo digital. En primer término, al no ser necesaria la proximidad geográfica, los ataques pueden proceder de cualquier punto de la red. Segundo, el anonimato que caracteriza a la red hace mucho más complicado perseguir a los responsables. Por último, la capacidad de propagación intrínseca genera un efecto multiplicador del ataque al irrumpir de forma simultánea en multitud de sitios.

Retos para el individuo

En los últimos diez años, el individuo ha sido capaz de adaptarse a los avances tecnológicos, pero ahora se enfrenta a muchos más cambios en múltiples frentes y de forma simultánea.

El individuo ha pasado de tener una única identidad en el mundo físico a ser capaz de crear él mismo distintas personalidades en el virtual. En este punto se le hace necesario extremar la precaución para no ver invadida la intimidad ni exponerse a riesgos en materia de seguridad.

En el ámbito laboral, las personas tendrán que aceptar que cada puesto temporal que ocupen reclamará unas habilidades y formas de hacer diferentes. Incluso es posible que el trabajo diario llegue por lotes procedente de un entorno de crowdsourcing donde los algoritmos de asignación de las tareas sean, además, los que valoren la calidad del trabajo (el “jefe”).

Las fronteras entre la vida personal y laboral empezaron a desdibujarse a finales del siglo pasado. En 2020 serán ya muy difusas.

El teletrabajo supone que este se realiza, básicamente, desde el hogar, mientras que, para aquellos que hayan emigrado, la familia y los amigos se encuentran en el mundo virtual. Con estas premisas, el reto para el individuo radicaría en recomponer un estilo de vida personal en los nuevos espacios físicos, incorporando, además, su identidad virtual. Y todo ello sin perder la conexión con la realidad y sin convertirse en un ente desagregado.

Adicionalmente, ser parte de la “inteligencia colectiva” supondrá participar activamente en redes sociales y foros de debate o interés común. También habrá que asumir que el tiempo que pasará conectado le restará tiempo de contacto con el mundo “real”, físico. Es muy probable que se extiendan desórdenes de comportamiento relacionados con el uso intensivo de internet.

Cohesión social

La cohesión permite a las sociedades ser eficientes, conservar la paz y favorecer la inclusión de todos sus elementos. Asegurar que esa cohesión no se pierda o se degrade, y aun reforzarla, es una tarea continua a la que se enfrentan todas las sociedades.

Las condiciones de vida dentro de cada país y también entre sociedades a lo largo y ancho del planeta, el envejecimiento de la población y la creciente diversidad de los sistemas de valores configuran nuevos desafíos.

En las naciones que forman la OCDE, el nivel de recursos económicos del 10 % más rico de la población es, de media, nueve veces superior al del 10 % más pobre. La desigualdad viene incrementándose, además, en las últimas décadas. Así, en Reino Unido la brecha se amplió desde una proporción de 8 a 1 en 1985 hasta llegar al 12 a 1 de hoy. Incluso en los países que tradicionalmente se consideraban más igualitarios como Suecia, Dinamarca o Alemania, la brecha entre los ingresos de ricos y pobres también se abre: de una proporción de 5 a 1 en 1980 a la actual de 6 a 1. En las principales economías emergentes la desproporción en la posesión de riqueza es de 50 a 1.

Pero no son los ingresos la única dimensión de la desigualdad. Veremos una brecha importante de oportunidades sociales entre las personas que migren a las ciudades y quienes permanezcan en las zonas rurales, en términos de acceso a servicios sanitarios y de ofertas de trabajo que les permitan mejorar sus estilos de vida. El crecimiento de la ciudad se concentrará en sus alrededores. Algunos de los nuevos suburbios serán barrios marginales y a sus habitantes no les resultará fácil acceder a la educación necesaria para escapar de la exclusión social.

La desigualdad de género representa otro gran reto. Se han alcanzado progresos significativos en este campo; hoy, las mujeres representan el 40 % de la fuerza laboral del planeta y ocupan más de la mitad de las plazas universitarias.

A pesar de que estos avances van a continuar, la brecha entre géneros persistirá. En los países en vías de desarrollo continuará siendo menos probable que las niñas reciban educación que los niños, especialmente en el África subsahariana y en algunas partes del sur de Asia.

Las mujeres también continuarán teniendo una menor participación en la arena política y una menor presencia en las escalas superiores de las instituciones, ya sean empresas, partidos políticos o entornos científicos.

En el mundo desarrollado, la proporción de jubilados crecerá, con la consecuente presión sobre los sistemas de pensiones y de salud.

Si no se acometen medidas que combatan los efectos de las distintas fuentes de las desigualdades sociales, podríamos ver en cada ciudad o localidad el desarrollo de dos culturas en paralelo, con escalas de valores y actitudes diferentes.

Afrontar los retos que plantea la demografía del planeta, integrando las necesidades de todos los individuos para garantizar la cohesión social se perfila, por tanto, como un imperativo inaplazable.

Recursos naturales e infraestructuras

Los recursos naturales y los ecosistemas, las infraestructuras y los mecanismos de gobierno son sistemas básicos sobre los que la humanidad se apoya para asegurar su supervivencia. Estos sistemas están y van a continuar estando expuestos a una variedad de presiones. El modo en el que gestionemos esas presiones va a determinar cómo viviremos en el futuro.

El despliegue tecnológico desde la Revolución industrial ha traído un enorme crecimiento de la población y una mejora de las condiciones de vida pero, también, un aumento insostenible del consumo de recursos naturales. La demanda de energía, alimentos, agua y materias primas va a seguir creciendo con el consiguiente impacto en los mecanismos de la biosfera, especialmente en lo que se refiere al clima.

Una variedad de indicadores evidencia que hay un cambio climático en marcha: aumento global de las temperaturas, deshielo de los casquetes polares del Ártico, desintegración de los glaciares alpinos y aumento del nivel del mar.

Estabilizar los niveles de concentración de los gases de efecto invernadero en la atmósfera se acepta como una condición necesaria para limitar el aumento de la temperatura global, primero, y estabilizarla después. La próxima década será decisiva para determinar la deriva que tomará el clima y las condiciones de vida de la humanidad.

Tres cuartas partes de las emisiones de gases con efecto invernadero, responsables del calentamiento del planeta, son imputables al ciclo de la energía, tanto en su producción como en su consumo. Aunque las emisiones de gases per cápita en el mundo desarrollado son aún muy superiores a las de los países emergentes, en estos últimos están aumentando incluso más rápido.

Estabilizar los niveles de concentración de los gases de efecto invernadero en la atmósfera se acepta como una condición necesaria para limitar el aumento de la temperatura global, primero, y estabilizarla después. Esto exige recortes drásticos en la emisión de gases en una economía global con un “hambre” creciente de recursos naturales.

En general, se estima que estamos a tiempo de evitar una catástrofe, pero esa valoración optimista de nada sirve si no se actúa de inmediato. La próxima década será decisiva para determinar la deriva que tomará el clima y las condiciones de vida de la humanidad.

Existe, sin duda, preocupación por la suficiencia de las fuentes de energía y de muchos recursos naturales para atender a las necesidades humanas. Pero, seguramente, el mayor reto lo constituye el agua. Los datos no son optimistas: el cambio climático va a tener efectos adversos muy significativos sobre la disponibilidad de agua. Al tiempo, el desarrollo demográfico ha triplicado su consumo en los últimos cincuenta años y si la tasa de crecimiento continúa al mismo ritmo que la actual, la demanda de agua se incrementaría alrededor de 64 000 metros cúbicos por año.

Por otra parte, la presión sobre el agua está fuertemente vinculada a la producción de alimentos. Se establece así un círculo vicioso que resulta muy difícil romper. La agricultura es, de lejos, el principal consumidor de agua con el 70 % del total, lo que indica la vulnerabilidad de las economías basadas en esta actividad y nos pone en una situación de riesgo severo de crisis alimentarias.

La escasez de recursos va más allá de los naturales. Las infraestructuras creadas por el hombre también se enfrentan a retos muy serios.

Este tipo de infraestructuras es la espina dorsal del desarrollo social y económico. Dan forma a todos los aspectos de la vida diaria, al comercio y a la fabricación. Solamente nos percatamos de que existen cuando fallan y nos revelan la dependencia que de ellas tenemos: apagones de electricidad, trenes que no llegan a su hora, servidores que se “caen”… Cuando esto sucede, nuestra vida diaria entra en colapso.

Los retos en este tipo de infraestructuras se plantean de manera diferente según la región. Así, en el mundo desarrollado el foco está en mejorar la capacidad existente, mientras que en las economías emergentes tiene más importancia la capacidad de despliegue para atender la demanda emergente. En los países más desfavorecidos, es necesario crearlas: su ausencia obstaculiza severamente su progreso económico y social.

Desarrollar infraestructuras requiere mucho tiempo y dinero, mantenerlas resulta costoso. Están ideadas para permanecer en el largo plazo y, por eso, las estructuras heredadas tienden a crear una forma particular de “proteccionismo” que hace muy difícil transformarlas.

La adecuación del sistema de energía global para satisfacer la demanda creciente y cuidar el medio ambiente es uno de los retos de mayor calado a los que se enfrenta la humanidad.

Primero, hay que asumir que la estructura existente no es todo lo eficiente que la tecnología permite, para luego repensar completamente la manera en la que se produce y distribuye la energía hacia el consumidor final, identificando nuevas fuentes renovables y nuevos esquemas de distribución.

Los transportes son otra estructura que plantea un reto muy importante, fundamentalmente porque es uno de los sectores económicos que hace un uso más intensivo de los recursos energéticos. Los estilos de vida del planeta apuntan hacia la adopción generalizada de los modelos occidentales: todas las personas quieren su propio coche y aspiran a viajar en avión con el consiguiente consumo de energía y emisión de gases.

Las infraestructuras relacionadas con el agua contribuyen a agravar el problema de su disponibilidad. Los países desarrollados cuentan con unas estructuras anticuadas sin circuito de aguas recicladas que hay que renovar y para las que se requieren inversiones públicas masivas. Mientras, en los países emergentes el 15 % de la población aún no tiene acceso directo al agua potable. En estos países es particularmente preocupante la ausencia de infraestructuras sanitarias y de recolección de basuras, imprescindible para la salud pública de 2 600 millones de personas en el mundo.

Cada día resulta más claro para todos que se necesitan medidas prontas y enérgicas para afrontar todos estos retos. Quizás el mayor avance hasta hoy sea la formación de un consenso acerca de la naturaleza global de estos retos. Pero este es el primer paso para solucionarlos.

Nuevos paradigmas para el trabajo y los negocios

Las economías asiáticas ya no desempeñarán tan solo el papel de ensambladores de productos para los consumidores occidentales, habrá cambiado el marco competitivo. Así, las empresas de las economías emergentes se habrán transformado en competidoras de las corporaciones occidentales.

Las multinacionales occidentales esperan encontrar en los mercados emergentes el 70 % de sus oportunidades de crecimiento futuras. Solo India y China representarían un 40 %. Operar en esos entornos exige un profundo cambio en los modelos de negocio dominantes en la actualidad.

Es probable que muchas de las nuevas multinacionales del mañana tengan sus cuarteles generales en los países emergentes. Estas corporaciones se adaptarían al entorno, desarrollando las prácticas que les permitiesen operar con beneficios en esta nueva situación. Se convertirían, así, en semilleros de innovación y se alzarían como un gran reto ante sus competidores occidentales.

El nuevo paisaje global que se dibuja en el mundo de los negocios exige revisar en profundidad no solo su modelo de negocio, sino el modo en el que las compañías innovan. Cada vez se hace más patente que integrar a clientes y proveedores como parte decisiva del proceso de innovación da resultados más satisfactorios.

El reto está en cómo trascender los límites de la propia cultura corporativa para comprometerse con modelos de co-creación; abrir los procesos de innovación a las redes sociales; invertir en emprendimientos de terceros y gestar compañías para acabar dotándolos de vida propia.

Esta nueva manera de pensar y operar acabará por tomar forma a medida que las compañías se den cuenta de que los viejos métodos empresariales limitan su habilidad para aprovechar el crecimiento potencial que les ofrecen los nuevos modelos de negocio. El reto está en gestionar la transición y disponer de los recursos adecuados para ello.

Tanto los trabajadores de los entornos de producción como los trabajadores del conocimiento se verán obligados a competir en un mercado global. Potencialmente, las personas podrían encontrar trabajo en cualquier parte del mundo porque la economía basada en el conocimiento no sabe de fronteras, identifica el talento y lo reclama independientemente de donde se encuentre.

Todos aquellos trabajadores que no hayan podido o sabido adaptarse a la economía del conocimiento vivirán condiciones de trabajo inseguras. La contratación flexible y el empleo temporal serán prácticas comunes de un panorama cercano y en él los trabajadores deberán adquirir competencias rápidamente para adaptarse a la demanda.

Escenarios 2020+

La construcción de escenarios futuros requiere mucho más que la identificación correcta de tendencias relevantes. En realidad, cada una de las catorce tendencias definidas impacta sobre todas las demás, al tiempo que está condicionada por ellas. En el gráfico 2 se representan todas las interacciones posibles entre las tendencias descritas. De él se desprende la dificultad de destilar, fijar y explicar la influencia de cada una de ellas en el futuro. A su vez, las tendencias responden a factores más profundos de cambio, que también están interrelacionados de forma compleja y, a menudo, aleatoria.

Por eso, a la hora de materializar nuestra Visión 2020+ hemos utilizado herramientas matemáticas de análisis de decisiones complejas y probabilidades para calcular el impacto que unos factores de cambio tienen sobre otros. Gracias al software utilizado hemos podido “visitar muchos futuros”, programando la herramienta para diferentes intensidades del impacto de cada factor de cambio.

Por ejemplo, las cuestiones de seguridad impactan fuertemente en la ocurrencia o no de nuevas oportunidades. Los factores relativos a la seguridad se abren en tres frentes: los riesgos generados por los propios seres humanos (guerras, criminalidad, terrorismo de cualquier tipo, hacking…); los inevitables y en su mayoría impredecibles desastres naturales y los fallos tecnológicos que amenazan la continuidad de un planeta altamente tecnificado (fugas nucleares, “apagones” de internet…).

En la elaboración de los escenarios hemos tenido en cuenta que las tensiones derivadas de la escasez de recursos o las desigualdades sociales pueden desencadenar acontecimientos violentos puntuales y localizados en las zonas afectadas. Este factor de cambio no se ha agudizado hasta el punto en que los enfrentamientos bélicos se escalen a nivel mundial. De la misma forma, entre las premisas de partida no se ha contemplado una pandemia o un cataclismo natural que afectase masivamente a la población mundial. Las amenazas tecnológicas sí se han tenido en cuenta para ponderar la evolución en el uso de internet y su impacto en la realidad que vivamos.

Tres escenarios posibles

Tras depurar el número de combinaciones de resultados de los distintos factores de cambio, en función de una lógica de ocurrencia basada en datos contrastados, surgen tres escenarios en los que es posible que vivamos en la década de 2020. Los hemos denominado: “mundo en fluctuación”, “mundo en crisis” y “mundo sostenible”.

En el gráfico 3 se muestra cómo los factores de cambio, creadores de las tendencias 2020, evolucionan en cada uno de los tres escenarios.

Para destacar mejor las diferencias entre ellos, los hemos plasmado en un gráfico de dos ejes independientes.

En el eje vertical, se representa de mayor a menor la solidez de la economía y el nivel de calidad de vida asociado, ambos estrechamente relacionados con el aprovechamiento de las oportunidades.

En el eje horizontal, nos movemos de menor a mayor coherencia global en las actuaciones de los países. Es decir, a la izquierda se representa el nivel mas bajo de coherencia, donde algunos países intentan resolver sus problemas de forma aislada y otros colaboran para conseguirlo. A la derecha, la actuación de los países es homogénea, todos actúan de la misma forma: todos compiten o todos colaboran.

Como hemos visto, los nuevos retos que desde hoy se nos plantean son de naturaleza sistémica, persistentes, y no pueden resolverse de manera sencilla. Las estrategias deben ser globales y continuadas en el tiempo a la hora de abordar algunos de estos desafíos.

Lo que hagamos a partir de hoy nos llevará a vivir en uno de estos tres escenarios posibles.

El “mundo en fluctuación” se caracteriza por un desarrollo desigual de la economía y la calidad de vida, dependiendo de la región o el país que se contemple. Este escenario se materializará si seguimos abordando retos decisivos como la demanda creciente de energía o el deterioro climático con soluciones parciales y sin actuaciones conjuntas.

Por su parte, el “mundo en crisis” evidencia una pérdida generalizada de calidad de vida en todos los países, situación a la que podríamos llegar si no somos capaces de resolver los desafíos fundamentales que se nos plantean.

En tercer lugar, y si somos capaces de colaborar y definir un marco de crecimiento sostenible para todos que se traduzca en una mejor calidad de vida, podríamos alcanzar o avanzar hacia un “mundo sostenible”.

Un “mundo en fluctuación”

En un “mundo en fluctuación” la demanda de energía continuaría aumentando debido a la proliferación tecnológica y al crecimiento de la población, de modo que el aspecto energético constituiría uno de sus mayores retos y necesidades. La escasez de recursos iría, por tanto, en aumento, así como la creciente tensión entre países que hacen uso intensivo de estos recursos.

Al tiempo, la situación medioambiental empeoraría precisamente como consecuencia del aumento del consumo de las clases medias de los países emergentes, sumándose al ya actualmente elevado de los países desarrollados.

Asimismo, el “mundo en fluctuación” sería un escenario con un alto grado de complejidad, altamente conectado, donde cualquier conflicto o solución local podría alcanzar una escala global con rapidez exponencial.

Por su parte, la tecnología desempeñará un papel importante en la digitalización y automatización de las tareas pero no se podrá aprovechar en todo su potencial para gestionar la complejidad y anticipar soluciones, dado que los datos e información necesarios para ello estarán incompletos.

En este escenario de recursos escasos, lo único que crecerá sin límites será la información. Sin embargo, no se asociará a los recursos para convertirlos en gestionables debido a que las infraestructuras no se transformarán adecuadamente. No se medirán eficientemente los consumos y fugas, ni se extrapolará su demanda para prever soluciones.

Adicionalmente, sucederá que algunos países e instituciones altamente proteccionistas y competitivas no compartirán su información, por lo que no se podrá conocer el flujo completo del consumo de recursos desde sus fuentes de origen hasta destino para tomar medidas coordinadas que garanticen su abastecimiento.

Por tanto, la tónica dominante de un “mundo en fluctuación” sería la reactividad y la improvisación a la hora de abordar los nuevos retos debido, en gran medida, a que no se acometerán soluciones globales y de largo plazo para gestionar la complejidad.

En este escenario, muchos países del mundo tendrían dificultades presupuestarias crónicas, incapaces de corregir los desequilibrios generados durante la crisis financiera. El fenómeno del envejecimiento de la población también contribuirá a un desequilibrio a largo plazo de la balanza fiscal y las altas tasas de paro se traducirían, asimismo, en un descenso de aportaciones obtenidas por la vía impositiva.

En el campo económico, se configurarán nuevos bloques, a partir de un crecimiento económico diferencial. Hacia 2020, muchos países que hoy llamamos emergentes ya habrán dejado de serlo para pasar a primera línea, y aquellos que hoy conocemos como desarrollados habrán empezado la senda del decrecimiento.

La desigualdad en el acceso a la educación y los servicios sociales sería otra característica de este “mundo en fluctuación”.

El acceso a los centros educativos básicos correrá el peligro de volverse insuficiente y podría suceder que la educación pasase de ser un bien público a considerarse un bien privado. Es probable, también, que nos enfrentemos a una escasez de recursos humanos en aspectos como la sanidad o la educación en los países emergentes. No habría maestros ni personal sanitario suficiente para atender las necesidades de una población en continuo crecimiento.

En este escenario se plantean graves amenazas relativas a la seguridad que podrían derivar en un ambiente de miedos o histeria colectiva, que nunca han sido los mejores aliados en la búsqueda de soluciones para cubrir nuevas necesidades.

Los costes de las medidas para afrontar estas amenazas resultarían enormes y, lo que es peor, sus implicaciones humanas traerían restricciones a la vida diaria y aún más escasez de recursos.

Es decir, el mundo en flucturación es esencialmente una extrapolación del actual:

Hoy ya vivimos en un mundo que nos dirige con alta probabilidad a este “escenario” de un “mundo en fluctuación”.

Un “mundo en fluctuación” debe entenderse como un mundo inestable, con un riesgo creciente de conducir a un escenario definitivamente peor.

Un “mundo en crisis”

Imaginemos ahora que no hemos sido capaces de aprovechar las oportunidades que el panorama 2020 de partida ofrecía y que no se activaron los resortes necesarios para corregir el rumbo de la realidad. Frente a la conciencia de que el cambio en la actitud debía ser inminente, la inacción materializaría el desastre. Nos encontraríamos, así, en el escenario de un “mundo en crisis”.

No se trata de un escenario catastrofista fruto de una elucubración pesimista, sino que es un marco totalmente posible surgido de un análisis riguroso de la evolución de los factores de cambio.

El “mundo en crisis” supondría una disrupción respecto a la situación actual, ya que implica que la humanidad –tras siglos de aprendizaje evolutivo que nos han conducido hasta el presente– se ha visto superada por los retos que afronta.

En este escenario tan desalentador, los sistemas políticos y económicos estarían sometidos a enormes presiones que podrían acabar en manifestaciones violentas.

En el “mundo en crisis”, la estabilidad global se vería amenazada por una dualidad creciente cargada de tensiones. La economía global no habría sido capaz de salir de la crisis que arrancó en 2008 y que ha llevado a las sociedades occidentales a encarar enormes problemas relacionados con la deuda pública y la estabilidad de sus monedas.

Los países, tanto emergentes como desarrollados, no podrían abordar inversiones en infraestructuras, sanidad, educación y protección del medio ambiente. Los avances que hubieran sido necesarios no solo no se han producido; ni siquiera se han debatido y no se ven soluciones factibles en el futuro.

A escala supranacional, un nuevo tipo de nacionalismo y proteccionismo se alzaría como tónica dominante en el entorno político de este “mundo en crisis”. En él no serían descartables los conflictos bélicos entre países industrializados y emergentes como evidencia de la incapacidad de definir un camino en la solución ante la dureza de los tiempos económicos.

En este escenario abundarían las ideas que defienden la autocracia como forma de gobierno adecuada para sobrellevar y salir de una crisis económica cuyos efectos se prolongan en exceso. La opinión pública vería con buenos ojos la tutela estrecha de los poderes por parte de las elites dirigentes –asociando eficiencia, capacidad y estabilidad con sistemas políticos autocráticos– y huiría de las complejidades del proceso democrático, cuyas decisiones se considerarían lentas y poco efectivas.

El “mundo en crisis” supondría una disrupción respecto a la situación actual, ya que implica que la humanidad –tras siglos de aprendizaje evolutivo que nos han conducido hasta el presente– se ha visto superada por los retos que afronta.

En los países desarrollados, la brecha de riqueza que durante la recesión posterior a 2008 pareció llegar a niveles insoportables, alcanzaría en 2020 un desalentador registro. Mientras que ser pobre no implicaría en ningún caso perder el derecho al voto, sí que plantearía cuestiones de representación justa en un sistema político que se autodefine como democrático y donde la capacidad de influir es una parte clave del proceso.

La democracia en un “mundo en crisis” también se empobrecería, alejándose de sus ideales y perdiendo tracción, en la medida en que las necesidades de los individuos no pudieran abordarse.

La convivencia de “primer” y “tercer” mundo en el interior de los países desarrollados agravaría la situación social. En este contexto, las desigualdades dentro de los países industrializados no solo habrían aumentado, sino que también empezarían a verse afectados económicamente los más ricos.

El recorte en estructuras sociales básicas como la educación acabaría afectando seriamente a la calidad formativa y a su capital humano. Existiría, por tanto, una escasez severa de personas formadas que pudieran aplicar mecanismos de pensamiento creativo capaces de desbloquear una situación de crisis grave.

La escasez de recursos humanos también afectaría a aspectos fundamentales de la existencia como la salud y la educación. En los países emergentes, no habría médicos ni maestros suficientes que atendieran y formasen a sus habitantes y la falta de cooperación internacional obstaculizaría la teleasistencia y la teleeducación.

El colectivo empresarial se resentiría también de esa falta de recursos humanos cualificados. De hecho, responderían a la crisis poniendo el foco en una política de eficiencia de costes en lugar de aplicar las palancas de la innovación. En este contexto, una creciente oferta global de mano de obra barata permitirá fabricar y distribuir productos de baja calidad para los segmentos de clientes con menos ingresos.

Las economías con mejores opciones de subsistir serían las directamente ligadas a la producción de bienes de primera necesidad, ya que el largo e intenso periodo de consumo de masas presionó en exceso la disponibilidad de recursos naturales.

El paro es otra razón fundamental de preocupación. La crisis económica continuada elevaría las cifras del desempleo hasta ratios nunca conocidas en algunos países occidentales y se generalizará el miedo a que las tasas de empleo anteriores a la crisis de 2008 no vuelvan a recuperarse.

Los países que se perfilaban como emergentes no habrían sido capaces de dar el salto hacia economías del conocimiento y sufrirían el traslado de los centros de producción a regiones aún más baratas. Las personas seguirán entonces el rastro del empleo, generando un flujo migratorio hacia las ciudades donde esperarán encontrar más oportunidades.

Como consecuencia, se produciría un crecimiento descontrolado de las ciudades que sobrepasaría la capacidad existente de generar entornos habitables. Un rampante número de ciudadanos de estas megaciudades viviría en barrios marginales, con escasa disponibilidad de infraestructura sanitaria y la constante amenaza de la criminalidad. La peor pobreza sería la pobreza urbana. Las tensiones sociales se acrecentarían y los disturbios y protestas en la calle serían la tónica general.

La mayor parte de la población tan solo podría satisfacer sus necesidades más básicas y los valores personales y las preferencias de consumo formarían parte del pasado. De hecho, en el escenario, de un “mundo en crisis” viviríamos el fin de la sociedad de consumo tal y como la conocemos hoy. El poder de lo individual en lo colectivo habría disminuido hasta el punto de que las personas serán recursos para sus gobiernos antes que ciudadanos.

Las nuevas tecnologías, incluso aquellas que podrían generar mejoras baratas y significativas, no encontrarían demanda; no solo porque sus precios no sean asequibles, sino por el recelo generalizado respecto a asuntos como la fiabilidad y privacidad. La capacidad de la tecnología como elemento catalizador de los cambios sería solo una tesis que ha quedado en suspenso. Tan solo importaría su lado más oscuro, el que la contempla como una amenaza a la privacidad.

Un “mundo sostenible”

Este escenario sería el resultado de haber afrontado satisfactoriamente la mayoría de los retos planteados, consolidando las oportunidades que se presentaban en el panorama 2020 y constituiría en sí mismo un cambio de paradigma con respecto a la realidad actual.

En este escenario, el equilibrio entre Estados Unidos y China llevaría a la colaboración económica y ecológica global, guiada por la transparencia. Esto permitiría dotarnos de organismos que velen por los intereses del planeta como elemento vivo y por nuestra convivencia como colectivo humano.

En el escenario de un “mundo sostenible”, el alto precio de la energía y la escasez de recursos habrían determinado la adopción de nuevas pautas de comportamiento, de modo que el consumo sostenible sería la práctica generalizada y el crecimiento se definiría en función del bienestar global.

En contrapartida, las tecnologías de la comunicación serían cada vez más accesibles económicamente.

Asimismo, en este “mundo sostenible” la mayoría de las personas disfrutarían de buenos estándares de vida en ciudades saludables dotadas de infraestructuras inteligentes. Los agentes económicos y políticos habrían entendido que la sostenibilidad es una ventaja competitiva y que el exceso de regulaciones reduce la libertad económica.

En este “mundo sostenible” podríamos vivir el auge de iniciativas empresariales con base y fondo social y una vuelta a la regionalización de la economía con un incremento de la división global del trabajo, lo que traería un descenso de las tasas de desempleo.

En definitiva, la eficiencia medioambiental, los nuevos tipos de actividades laborales, la tecnología al servicio de las personas, las infraestructuras inteligentes… se habrían materializado en el escenario de un “mundo sostenible” y nuestra vida cotidiana podría ser parecida a la de una de las familias que hemos imaginado para visualizar este futuro mejor para todos, y que el lector encontrará más adelante.

Un futuro mejor es posible

El “mundo sostenible” es un escenario posible, resultante de un análisis riguroso y no una visión idealista fruto del optimismo, y al que es factible llegar si desde el presente se accionan los resortes adecuados.

El ser humano es capaz de evolucionar y reinventarse para hacer realidad sus aspiraciones. Desde el principio, ha ido transformando su realidad, creando entornos más favorables para su supervivencia y la de su comunidad.

Muchos acontecimientos de la historia y de la actualidad son deleznables y nos horrorizan desde nuestros conocimientos y valores actuales. Otros muchos son admirables y nos inspiran para seguir adelante. La invención y la innovación son innatas a la naturaleza humana y la vida en sociedad y la colaboración han sido claves para el desarrollo de la humanidad.

Hoy convivimos en un crisol de sociedades y con tecnologías sofisticadas. Nuestro hábitat es mucho más complejo que ningún hábitat humano anterior, y también presenta muchas más posibilidades. Pese a todos los problemas existentes, nunca antes en la historia de la humanidad hemos tenido un punto de partida hacia nuestro futuro como el actual.

Hoy tenemos más democracias, menos conflictos bélicos, mayor libertad de expresión, mejores garantías jurídicas y un mayor nivel de desarrollo y calidad de vida que hace tan solo unas décadas.

Políticamente, vivimos un presente con un número nunca antes visto de democracias parlamentarias y de Estados donde existen márgenes amplios de derechos políticos y libertades civiles. El número de autocracias desciende desde mediados la década de 1970; ciertas formas de Estado autocráticas permiten márgenes crecientes de libertades –tales como Singapur y Dubái– e incluso el gigante asiático, China, camina de forma lenta pero constante hacia mayores conquistas sociales.

El final de la guerra fría tuvo un efecto dramático en el descenso de los conflictos armados en el mundo. El número de guerras entre Estados, internas o civiles, cayó abruptamente –un 60 % desde sus máximos– durante la década de 1990 y la tendencia decreciente continúa desde el comienzo de este siglo.

Y lo que es muy importante: hoy día los conflictos no pasan inadvertidos. Los recursos y tecnologías de la información y las telecomunicaciones siguen mejorando y, como resultado, podemos realizar observaciones de la calidad de la paz con relativa objetividad. El auge de los medios de comunicación independientes ocurre de forma paralela a la tendencia global hacia una mayor democratización y paz.

En nuestros días el valor de la vida, la dignidad y los derechos humanos es ampliamente compartido. La Declaración Universal de los Derechos Humanos protege y promueve los derechos de cada individuo, independientemente de su sexo, raza, religión, adscripción cultural u otra condición. La tolerancia, la igualdad y el respeto ayudan a reducir fricciones en la sociedad y a crear el tipo de sociedad en el que queremos vivir.

Desde 1990 se han alcanzado logros históricos en favor de los niños y niñas en los primeros años de la infancia (0-9); se ha producido una reducción en la tasa mundial de mortalidad de niños menores de 5 años, en varias regiones se han eliminado las brechas de género en la matriculación en la escuela primaria y se aprecian grandes mejoras en el acceso a la enseñanza primaria y la vacunación infantil. Hoy ya estamos buscando fórmulas para asegurar que el apoyo conseguido a la infancia continúe en su adolescencia; una situación impensable hace tan solo veinte años.

Por desarrollo humano se entiende el proceso por el que una sociedad mejora las condiciones de vida de sus ciudadanos a través de un incremento de los bienes con los que puede cubrir sus necesidades básicas y complementarias, y de la creación de un entorno en el que se respeten los derechos humanos de todos ellos.

El índice de desarrollo humano (IDH), elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), muestra un importante progreso en el mundo en su conjunto (41 %) desde que se tienen datos (1970), con mejoras sustantivas en los niveles de salud, educación y renta. Casi todos los países muestran progresos, aunque en muy distinto grado. Solo la República Democrática del Congo, Zambia y Zimbabue tienen peores indicadores que en 1970.

En julio de 2011 la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció que la búsqueda de la felicidad es “un objetivo humano fundamental” e invitó a los Estados miembros a promover políticas públicas que incluyan la importancia de la felicidad y el bienestar en su apuesta por el desarrollo. La resolución (aprobada por unanimidad) reconoce, además, la necesidad de que se aplique al crecimiento económico un enfoque “más incluyente, equitativo y equilibrado” que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad y el bienestar de todos los pueblos.

Hacia los Objetivos del Milenio

Además, tenemos un proyecto común: la Declaración y Objetivos de Desarrollo del Milenio, aprobado por la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2000.

Los Objetivos del Milenio suponen en su formulación que las metas propuestas (reducir la proporción de personas pobres o con hambre, reducir tasas de mortalidad infantil y materna, lograr la enseñanza primaria universal para niños y niñas, aumentar el número de personas con acceso al agua potable y la sanidad…) se convierten por primera vez en objetivos específicos de todo el conjunto de políticas internacionales.

La Declaración del Milenio representa un pacto entre los principales protagonistas económicos del mundo. Los países pobres prometieron mejorar sus políticas y gestión de gobierno y reforzar su rendición de cuentas ante sus propios ciudadanos; los países ricos prometieron proporcionar los recursos. Dado que el compromiso de alcanzar los objetivos se contrajo al más alto nivel político, por primera vez gobiernos enteros están comprometidos con su consecución. Y las principales instituciones financieras internacionales (el Banco Mundial, el FMI, los bancos regionales de desarrollo, y cada vez más, los miembros de la Organización Mundial del Comercio) declararon expresamente que ellas también velarán por la consecución de los objetivos.

Por otro lado, los objetivos incorporan la definición de metas concretas referidas a un espacio de tiempo establecido, en la mayoría de los casos para el año 2015. En este sentido, es muy importante destacar que el cumplimiento de los objetivos está siendo monitorizado.

Aunque la firma y ratificación de las conclusiones o declaraciones de cada cumbre por parte de los diferentes Estados ha sido insuficiente, si observamos el grado de cumplimiento de los compromisos, el hecho de que exista un proyecto firme con esfuerzos continuados proporciona una esperanza para un futuro mejor.

Posiblemente no hagan falta más que unos 50 000 millones de dólares en ayuda adicional por año para alcanzar los objetivos. Son cifras importantes, sin duda, pero que se sitúan en una perspectiva distinta cuando se comparan con los 900 000 millones de dólares que se gastan cada año en armas, o los 300 000 millones de subvenciones agrícolas de los países más ricos.

La hora de las decisiones

Las tendencias que venimos observando traen consigo una transformación de nuestra tecnología, identidad, sociedad y economía. Nos plantean retos cruciales que debemos superar para avanzar hacia un mundo sostenible.

No es cuestión de “retocar” estructuras. Es necesario reformular los modelos institucionales a un nivel muy básico y también las pautas de comportamiento de nuestro día a día. Se trata de una profunda transformación cultural.

La colaboración entre gobiernos, instituciones y compañías; la tecnología centrada en el individuo y la innovación sistémica son los resortes básicos para impulsar los cambios hacia un “mundo sostenible”.

En BBVA creemos que en este contexto debemos pensar de forma disruptiva, incorporando mecanismos de relación y colaboración que nos preparen para tomar las mejores decisiones que supongan un avance positivo para el planeta y quienes lo pueblan.

En el recorrido hacia un “mundo sostenible”, en la gestión de las transiciones entre el paradigma actual y el nuevo que debemos definir, habremos de observar los más altos valores éticos de integridad, transparencia y responsabilidad.

Las decisiones que tomemos en los próximos años y las acciones que habrá que acometer para aplicarlas son cruciales. Ya es hora de dejar de plantearnos si somos “juguetes del destino”, como Shakespeare hizo decir a Romeo, y de comenzar a influir sobre el futuro, evitando que la situación presente degenere hacia un “mundo en crisis”.

Principios de actuación hacia un “mundo sostenible”

La noción de que el futuro no está predeterminado es fundamental para actuar sobre él y convertirlo en el lugar en el que nos gustaría vivir. Ahora bien, ¿cómo actuar?, ¿qué palancas activar para ser realmente influyentes?

En conjunto, tenemos los conocimientos, los recursos y la tecnología necesarios para abordar la transformación y superar los retos. Pero su magnitud y complejidad hacen imposible que un único organismo o institución los resuelvan. Las soluciones surgirán a partir de la contribución de todos: gobiernos, instituciones y compañías y los propios individuos, articulados en la sociedad civil.

La noción de cooperación tiene que trasladarse a la lógica de todas las áreas (co-creación, cobranding, co-working) para utilizar la tecnología de forma efectiva en función de las necesidades humanas. Y sobre estas bases, generar innovación útil para las personas (no solo más productos y servicios, sino innovación en la manera de innovar).

La colaboración entre los agentes implicados es fundamental para entender el mosaico de relaciones que existe en los retos que nos ocupan. Aun contando con una cantidad creciente de datos, estos son –en la mayoría de los casos– propiedad de las instituciones que los custodian, y la interpretación de los mismos, la información, está sesgada por las necesidades particulares de cada cual. Solo mediante el esfuerzo coordinado de todos los actores podremos entender la dinámica del sistema e internalizar los incuestionables efectos de red. A partir de ahí, la innovación habrá de proporcionar nuevas soluciones sostenibles.

La colaboración entre gobiernos, instituciones y compañías; la tecnología centrada en el individuo y la innovación sistémica son los resortes básicos para impulsar los cambios hacia un “mundo sostenible”.

En el análisis de los escenarios, hemos identificado varios ámbitos económicos y sociales donde la aplicación de estos principios es clave para cambiar la dinámica del mundo hacia la sostenibilidad.

Ciudades inteligentes

Las ciudades inteligentes tienen como punto en común la gestión eficiente de recursos y la mejora de la calidad de vida de sus habitantes mediante el uso de tecnologías y de la información. En el centro de este concepto hay un modelo que entiende a la ciudad como un sistema complejo, dinámico e interconectado. La información que la ciudad genera en cada instante permite extraer el conocimiento necesario para la toma de decisiones orientadas a su gestión óptima.

Las actividades de los ciudadanos, las operaciones de organizaciones y servicios urbanos, las redes de comunicación, los edificios e infraestructura, los sensores ambientales y medios de transporte… todos generan información en a forma de huellas digitales referenciadas en el espacio y el tiempo. Estos datos y el conocimiento que encierran son los latidos de la ciudad y constituyen la esencia de la misma.

Toda la tecnología desplegada en la ciudad inteligente apenas mejoraría la calidad de vida de sus ciudadanos sin la colaboración de todas las instituciones responsables de la ordenación de servicios urbanos.

Diseñar nuevos servicios requiere modelos cuantitativos basados en información para su correcto dimensionamiento, la participación de los entes responsables de su implantación y gestión y, por último, procesos formales de innovación que den soluciones a las necesidades fundamentales –explícitas o no– de sus ciudadanos.

Infraestructuras inteligentes contra la escasez

Nuevamente, la colaboración, la tecnología centrada en las personas y la innovación son la única forma viable de reducir la vulnerabilidad general de las infraestructuras. Durante las próximas décadas será necesario un cambio a gran escala que asegure que las infraestructuras satisfacen las demandas crecientes, a la vez que evolucionan hacia la sostenibilidad ecológica, de modo que sigan siendo los motores que activan el desarrollo económico y social.

Hay que cambiar el modelo energético, evitando que el suministro se centre solo en los combustibles fósiles. En este punto, las fuentes renovables, para las que se abren posibilidades casi infinitas, son una clara esperanza. Obviamente, la evolución en la generación de energía será un elemento habilitador del cambio, pero también es necesario reducir lo que se pierde en su transporte.

En este campo, las investigaciones tampoco tienen límite. Paralelamente a la modernización del cableado se plantea, incluso, el prescindir de él gracias al uso de tecnología inalámbrica por medio de inducción electromagnética o mediante haces de luz.

La innovación en este terreno está empezando a dar sus frutos. Las empresas tecnológicas, que buscan salidas a una demanda energética creciente y a una disminución responsable de la huella de CO2, están ubicando sus grandes centros de datos junto a saltos de agua, en minas para aprovechar la energía geotérmica o junto al mar, utilizando las mareas y el oleaje. Estas iniciativas pioneras están impactando simultáneamente en la generación, distribución y sostenibilidad de la energía eléctrica. Acercan eficientemente la generación al punto de consumo a la vez que la integra a la red de distribución eléctrica.

Este planteamiento, aplicado a otras infraestructuras como el agua, el transporte, el reciclado o las telecomunicaciones, marca un camino a seguir.

El nuevo concepto de “generación” de recursos básicos será aquel que permita acercar las decisiones y la gestión de las inversiones al punto de consumo, el ciudadano y las empresas.

Esta transformación implica, en algunos casos, la descentralización selectiva de infraestructuras de servicios básicos o la relocalización regional –a escala mundial– de procesos de producción buscando el lugar óptimo. En otros, puede que sea necesario centralizar y reordenar previamente para, en un segundo término, distribuir con un nuevo esquema. También nos lleva necesariamente a un nuevo concepto en la topología de las redes de distribución de los servicios básicos y a la necesidad de dotarlas de inteligencia para gestionar las múltiples fuentes de generación y consumo.

Adicionalmente, acercar la generación de recursos al consumo tendría un impacto positivo en la reducción de la demanda, porque el consumidor tomaría conciencia de la importancia del ahorro. Así, por ejemplo, la medición inteligente (smart metering) del consumo eléctrico en empresas y hogares ha facilitado la creación de nuevos servicios relacionados con el ahorro energético. Otro ejemplo, introducir mecánica de juegos (gamificación) en la electrónica del automóvil podría inducir a pautas de conducción más eficientes y seguras.

A escala política, poner un precio adecuado a las emisiones de carbono, como parte de un marco climático global, podría ayudar a concienciar a las personas y a las empresas acerca de las consecuencias de sus acciones sobre el medio ambiente. De la misma forma, unos incentivos inteligentes para el uso eficiente de los recursos constituyen otro resorte de gran potencia.

En este proceso serán necesarios nuevos mecanismos de financiación para asegurar los niveles de inversión adecuados en infraestructura “verde”. La colaboración entre organismos públicos y privados podría servir de elemento facilitador para las inversiones, al compartir costes y salvar las brechas económicas. En India, por ejemplo, el primer sistema de tránsito de autobuses de alta velocidad se desplegó en 2006 como resultado de dicha aproximación.

Mejoras de los sistemas educativos

Evolucionar hacia el escenario de un “mundo sostenible” implica cambios profundos en la sociedad. Ahora más que nunca, serán necesarios individuos educados en habilidades sociales y creativas y formados en tecnología, capaces de reconocer sus emociones y talento.

La adecuación de los sistemas educativos es esencial. La educación primaria y secundaria deben ser universales, ya que son una palanca básica de progreso. En este sentido, la educación debería democratizarse. En un primer nivel, esto significa acceso libre a la educación. Aquí la tecnología juega un papel fundamental; primero, por su capacidad para difundir los contenidos académicos más allá de los centros escolares, usando internet como vehículo básico; y, segundo, por las economías de escala que conceden los formatos digitales sobre los soportes papel y otros de naturaleza material, además de ser mucho más respetuosos con el medio ambiente.

Cada vez hay más actividades informales en internet que ofrecen educación no formalmente estructurada. Ello da acceso a la educación a muchas personas que carecen de recursos económicos, o no viven cerca de un centro educativo o no pueden dedicarle tiempo en el horario en que los centros tradicionales imparten sus cursos. Existen buenos ejemplos de iniciativas propiciadas por universidades de todo el mundo y de plataformas de formación abierta en internet. Pero todavía será necesario un fuerte respaldo institucional, como ocurre con los cursos masivos de educación abierta en internet (MOOC, en la abreviatura inglesa) de reciente aparición.

La tecnología posibilita que todo estudiante pueda acceder a la formación de los mejores educadores. Pero además, facilita que cada persona elija lo que quiere aprender, y además incorpore al corpus de conocimiento su propia experiencia.

En un segundo nivel, democratizar la educación significa que se garantice el uso de un método por el cual todos sean capaces de aprender. Actualmente, no sabemos ni evaluar ni desarrollar todas las capacidades del individuo, sus “inteligencias múltiples”. El método Montessori demostró que existen alternativas de educación que se centran en personalizar la forma de enseñanza para cada individuo.

Dados los retos que afrontamos, la educación no necesita ser reformada, necesita ser transformada. La clave para dicha transformación no está en la normalización, sino en la personalización, en descubrir los talentos individuales de cada niño, en desarrollar la pasión por aprender.

Lamentablemente, nuestra realidad a escala mundial es que, salvo excepciones, aún nos encontramos con un contenido curricular más centrado en plazos de entrega y contenidos normalizados que en asegurar que cada individuo los asimila correctamente y es apto para hacer un buen uso del conocimiento.

Educar en función de las aptitudes naturales del individuo, sin que ello suponga bajar los niveles de exigencia, podría reducir el estrés de muchos estudiantes, el fracaso escolar y el abandono prematuro. Tendríamos individuos más preparados para afrontar el cambio y la incertidumbre. Los sistemas educativos deben empezar a incorporar en sus programas talleres para el desarrollo de habilidades sociales y de emprendimiento además de las actuales técnicas, analíticas y racionales.

La inteligencia colectiva de la humanidad será mayor y su progreso más rápido cuanto más educados y formados estén los individuos.

El individuo de un “mundo sostenible”

Si se acepta que la colaboración es uno de los resortes para encontrar respuestas a problemas nuevos o de una magnitud exponencialmente compleja, el individuo de un “mundo sostenible” estará intensamente implicado en su realidad. No esperará que los problemas se resuelvan solos.

Informarse adecuadamente sobre todas las fuerzas que confluyen en el escenario en el que vivimos es el primer paso para reflexionar y decidir cómo contribuir a su mejora. Aprender a discriminar sobre qué elementos es posible actuar de la forma más efectiva ayuda a construir la realidad deseada.

Los principales resortes a disposición de los individuos para un “mundo sostenible” son: su estilo de vida, el poder colectivo y el emprendimiento social.

Estilos de vida sostenibles

La consolidación de nuevos estilos de vida ayudará a conservar nuestros recursos naturales y a proteger mejor el medio ambiente.

Dado que el consumo de energía es lo que más deteriora el medio ambiente, cualquier práctica que suponga un ahorro de energía es una palanca eficiente hacia la sostenibilidad.

Las prácticas sistemáticas de reutilización y reciclaje también son una responsabilidad que debe empezar en el propio hogar, con cambios en los hábitos que lleven a reducir la cantidad de residuos que cada familia genera, optar por los paquetes y envases más ecológicos o racionalizar el uso del vehículo familiar en beneficio de alternativas de transporte público de bajo impacto medioambiental.

En un mundo sostenible, los individuos cambiarán sus preferencias de consumo, de modo que primarán los productos y servicios creados a partir de procesos respetuosos con el medio ambiente. Por ejemplo, favoreciendo el consumo de legumbres y vegetales, y reduciendo drásticamente el consumo de carne por las implicaciones que la cría de ganado para el consumo humano tiene sobre el medio ambiente.

También será un resorte común la búsqueda de mecanismos y alternativas que faciliten el uso múltiple del mismo bien por distintas personas. Ejemplos claros tenemos en la práctica de compartir vehículos privados para el transporte diario hacia los núcleos urbanos (carpooling o carsharing), el retorno de esquemas de trueque, regalar lo que ya no tiene uso o valor relativo, o incluso optar por el alquiler frente a la compra y posesión de bienes.

El emprendimiento social es un concepto clave que combina múltiples palancas. Es un multiplicador que consolida prácticas de excelencia empresarial con el propósito de servir al bien común.

Favorecer mediante la educación familiar el equilibrio salarial y la igualdad de oportunidades entre géneros, establecer pautas saludables de conducta que reduzcan el coste sanitario e incrementen la calidad de vida al alcanzar la tercera edad, y facilitar el acercamiento intergeneracional son pautas que habrán de ser seguidas a nivel individual para que la transformación hacia el “mundo sostenible” sea posible.

El poder de las personas

Los individuos tienen un potencial creciente para actuar como agentes de transformación, incorporando criterios éticos en todas sus acciones y exigiendo a quienes tienen responsabilidades institucionales que también las apliquen. Pero ese poder se refuerza con la integración en colectivos, grupos de interés constituidos para conseguir mejoras con mayor celeridad y mayor impacto.

Internet y las redes sociales son los vehículos que están haciendo patente el poder colectivo, arrojando resultados tanto dentro del mundo virtual (campañas virales de todo tipo) como en el mundo físico, haciendo en muchos casos de catalizador de procesos de transformación como el de la primavera árabe.

Por otra parte, el concepto y las prácticas de coworking y crowdsourcing son una posible respuesta al reto de un entorno laboral flexible en el que, además, las personas pueden influenciarse mutuamente y sumar sus capacidades aunque no trabajen necesariamente en las mismas actividades o proyectos.

Emprendimiento social

Por sí sola, la buena voluntad individual no será suficiente para encarrilar al planeta por la vía del crecimiento sostenible. Necesitaremos formas mixtas de cultura organizacional, como la que podría resultar del cruce entre las organizaciones orientadas a beneficios y las redes de asistencia tradicionales.

Palancas como el emprendimiento social –una práctica en la que la generación de beneficios económicos reinvertibles y beneficios sociales sostenibles en el tiempo se encuentran al mismo nivel de importancia– llevarán a las personas a actuar como agentes de cambio para una evolución positiva de la sociedad.

Los beneficios que alcance el emprendimiento social, hoy incipiente y principalmente encarnado en iniciativas individuales en los países en desarrollo, podrían motivar (y sería deseable que así sucediese) el traspaso de esta lógica al ámbito de las empresas tradicionales orientadas exclusivamente a la obtención de beneficios para la remuneración del accionista.

El emprendimiento social es un concepto clave que combina múltiples palancas. Es un multiplicador que consolida prácticas de excelencia empresarial con el propósito de servir al bien común.

Las organizaciones que se han constituido con este espíritu forman un germen que puede ejemplarizar las virtudes que la sociedad requiere justo en este preciso momento. Entre ellas, como luego destacaremos, se encuentra BBVA.

Hoy, los pioneros del cambio promueven soluciones “de mercado” para los desafíos globales, a pequeña escala. Llevan las prácticas financieras al mundo en desarrollo, ayudan a construir infraestructuras relacionadas con el agua en poblaciones remotas, implementan nuevos esquemas de vehículos compartidos para reducir el tráfico y sus efectos contaminantes o aplican nuevos métodos de atención sanitaria en los países de rentas altas y población envejecida.

Aunque estos esfuerzos son minúsculos comparados con la magnitud de los retos a asumir, juegan un papel clave en el inicio de la transformación y contribuyen de forma significativa a redirigir el rumbo hacia un “mundo sostenible”.

Vidas diferentes en un mundo sostenible

Las familias, cada vez más diversas

Farha y Bettina, contentas de reunir a la familia. Sídney, 8 de mayo de 2025

Farha (46) y Bettina (43) viven con sus dos hijos, Daniel y Aashi, en Sídney. Por su trabajo como mediadora ambiental, Bettina pasa mucho tiempo viajando. Ahora está en Melbourne.

Son las 6 de la mañana. A Farha no le gusta levantarse temprano. “Debo de ser la única persona en pie en el planeta”, piensa.

Pero ahí está Bettina. Su imagen se refleja perfectamente en el espejo, como si estuviese a su lado. Se saludan y conversan sobre los planes de sus jornadas.

Antes del desayuno, Farha se dirige al huerto que tiene instalado en la azotea. Para ella, esta es la parte más agradable a la hora de preparar el desayuno. Cada familia tiene su propio espacio en la azotea del edificio y con sus manos recoge aguacates, fresas y melocotones.

En la mesa, Aashi domina la conversación mientras Daniel, el mayor, desayuna en silencio revisando los mensajes en su teléfono. Una vez recogida la mesa y colocados tazas y platos en el lavavajillas, este no se pondrá en marcha hasta que el software del hogar determine que las células solares producen suficiente energía y que hay agua caliente en el tanque de la azotea.

Farha, Aashi y Daniel comprueban el horario de la escuela. Los dos niños tienen horarios flexibles que se adaptan a sus intereses específicos. Para hoy, por ejemplo, Daniel se inscribió a la visita virtual de la Expo Mundial y elaborará un informe multimedia. Aashi, por su parte, ha optado por participar en “democracia como juego”, donde los estudiantes se enfrentan a problemas reales del gobierno municipal y sugieren posibles soluciones.

Cuando salen del apartamento, Farha mira su agenda electrónica para comprobar el gasto energético de la mañana. Su hogar ha emitido casi un 2 % más de CO2 de lo habitual porque Daniel ha tenido que calentar el agua utilizando electricidad de la red. “Habrá que compensar esta desviación durante el resto de la semana”, piensa Farha. Avisa que pasará a buscar el vestido de esta noche por la tienda española asociada a tenestilo.com, en lugar de que le carguen los costes de envío.

Farha acompaña a sus hijos al colegio en bici. Llegan ahí en menos de quince minutos porque los semáforos se han optimizado para el uso de bicicletas. Muy pocas personas utilizan ya coches en su día a día; hay varios servicios que ofrecen coches compartidos y hoy Farha se dirige a uno de ellos para comprar el regalo de cumpleaños de su hija, un piano usado que encontró en línea en un sitio de intercambio de artículos. Durante los últimos quince años el consumo sostenible se ha introducido poco a poco y hoy es algo muy normal en Sídney.

Cuando llega otra vez a casa, empieza a trabajar. Como asesora de planificación de vida, Farha es contratada por empresas que quieren asegurarse de que sus empleados tienen el mejor entorno laboral y pueden conciliar su vida laboral y familiar para así optimizar su capacidad. Con la ayuda del software AI Analyzing, Farha repasa los perfiles de sus clientes. Dependiendo de la cantidad de datos que el cliente esté dispuesto a compartir, revisa calendarios de formación, horarios de trabajo, chequea los post en las redes sociales, envía mensajes de ánimo, sugiere cambios en su alimentación, pide a la gente que se ponga en contacto con ella o responde peticiones de asesoramiento. Está especialmente satisfecha de los progresos de Harry, el director de la oficina bancaria principal de Hobart, en Tasmania, que ha sabido cambiar su estilo de vida para cuidar de su hijo adoptado.

Cuando llega la hora del almuerzo, Farha echa un vistazo a la red de tiendas locales. Quiere saber, antes de hacer la compra, cuáles son los productos de temporada. Cada artículo, provisto de una etiqueta RFID, se registra automáticamente en la nevera, de manera que será la propia nevera la que avise antes de que alguno de ellos caduque. Así ha descendido el porcentaje de comida que se arroja a la basura, que en 2012 alcanzaba hasta un tercio de todos los alimentos consumidos.

Antes de volver al trabajo, comprueba cómo transcurre la jornada de Bettina en Melbourne, y emplea unos minutos para analizar los datos de salud de sus padres en Bangalore. Al otro lado del océano Índico, todo parece estar bien. Su teléfono también le informa de que Daniel y Aashi estarán de vuelta en casa en una hora.

Aashi es miembro de una orquesta virtual de niños que viven en los cinco continentes. Hoy está previsto un ensayo abierto que podrá ver toda la familia, incluidos los abuelos. Cuando llegan al centro cultural, Aashi se dirige hacia la cabina del músico y Daniel y Farha buscan asiento en la del público. Se conectan a la plataforma y se encuentran con una audiencia multitudinaria, lo que no impide que todo el mundo parezca estar sentado en la primera fila. Los abuelos se proyectan junto a ellos, por lo que es posible chatear como si realmente estuvieran sentados juntos.

De vuelta a casa, cenan juntos y los niños se van a dormir. Farha vuelve a conectarse con Bettina y esta le cuenta lo bien que ha tocado Aashi el piano durante el ensayo. Las dos repasan la jornada en el salón, con la cara de Bettina en la tele, casi como si estuvieran juntas.

Los nuevos entornos del individuo

Wei-Lu, contento con su estilo de vida. Shanghái, 8 de mayo de 2025

Wei-Lu, de 39 años, es ingeniero y especialista en tecnologías de la información. Está soltero, y vive y trabaja en Shanghái para SMG (Shanghai Media Group), una de las empresas más relevantes de Asia. Tiene una buena posición laboral y un trabajo relacionado con la seguridad informática y las relaciones humanas con el que disfruta.

A Wei-Lu le interesa mucho la relación que se establece entre arte y tecnología en una ciudad como Shanghái, la primera del mundo en cuanto a crecimiento del PIB y la segunda en cuanto a número de hogares. Al despertar, Wei-Lu aún percibe la realidad virtual programada la noche anterior para su sueño, disfrutando así de las vistas del puerto pesquero y las pagodas del Shanghái medieval. Cuando se levanta sólo hay rascacielos y luces de neón.

Como parte de su desayuno vegano, toma sopa de arroz dulce mientras se prepara para el trabajo y se conecta a su aplicación de smartphone a través de una pantalla que hay en el salón. Su asistente –el teléfono inteligente– se llama como su cantante favorito de la infancia: Jay.

Jay sugiere un posible horario, en el que Wei-Lu hace algunos cambios y retrasa una reunión. Rápidamente los teléfonos inteligentes del resto de asistentes confirman el cambio.

Wei-Lu revisa la prensa pero Jay no destaca ninguna noticia, por lo que pasa a ver la información más consultada por sus amigos en las redes sociales. De cara a la reunión, ordena a Jay que indique a quien le escriba que responderá a los mensajes de manera personal una vez que esta finalice. La pantalla del smartphone parpadea: es Alexander, que está a punto de salir hacia el trabajo. Wei-Lu le manda una solicitud para que le pase a buscar e ir juntos.

Tres minutos más tarde cierra el apartamento automáticamente y baja desde el piso 88º hasta el vestíbulo. Alrededor observa cómo la gente va con prisa al trabajo y recuerda el Shanghái medieval de su despertar; no estarían de más unos árboles. El tiempo estimado para la llegada de Alexander es de 90 segundos, tras los cuales llega en su flamante vehículo alemán. El asiento del pasajero está tapizado en cuero, pero la batería combustible del coche de Wei-Lu es mucho mejor, como corresponde a su posición en la empresa. Alexander enciende la conducción automática para que puedan hablar del trabajo. Jay dirige el vehículo al cajero drive-thru más cercano, porque sabe que Wei-Lu necesita dinero para su compra de verduras en el mercado tradicional que se organiza todos los jueves en el vecindario.

Tras media hora llegan a la torre en la que se celebra la reunión, algo que reconocen sus teléfonos inteligentes. Dos horas después, Wei-Lu vuelve a su puesto. La reunión ha sido un éxito, no ha habido problemas y los asistentes han quedado satisfechos con las mejoras de la sala de conferencias, en la que se hablaba como si todos los participantes estuvieran allí. Wei-Lu fue el responsable del equipo que preparó y manejó los datos de la conexión y se encargó de evaluar a los participantes en función del análisis de reuniones anteriores.

Durante el resto de la mañana contesta a sus mensajes y habla con algún colaborador, tareas solo interrumpidas por un descanso para el té. Jay, el smartphone de Wei-Lu, le recuerda que es hora de comer y que si lo desea puede visitar una nueva galería de arte. Wei-lu le pide 75 minutos de descanso y un taxi sin conductor de cero emisiones de CO2 que le lleve –con parada para comida rápida– a la galería de arte Beijing East Road. El centro está especializado en esculturas virtuales: objetos solo visibles con gafas de descifrado del software correspondiente. Le explican que hay un número limitado de gafas para ver las obras escondidas en la ciudad. Jay le recomienda que compre dos y no permite que lo molesten en la siguiente media hora.

Antes de volver al trabajo, Wei-Lu publica un comentario en su red social y ve lo que hacen sus amigos. Su smartphone le informa de que ha realizado sus compras y los productos se entregarán esa noche en su domicilio. Trabaja siempre hasta el atardecer y cuando llega a casa las luces de su apartamento ya están encendidas.

Suena música de Haendel. Wei-Lu está contento y su estado de ánimo se refleja en los menús y aplicaciones que consulta. Cuando llega la compra, y ya con todo en orden, accede a la base de datos de sus padres para ver qué han hecho hoy. Es hijo único y ha de cuidar de ellos. Viven en un pueblo cerca del Zhengzhoua, a solo tres horas y media en tren, pero ellos piensan aún en los 1 000 km de distancia y lo sienten lejos. Cuando se fue de casa, la relación entre ellos se estrechó. Hoy su madre ha tenido una visita no programada al médico y Wei-Lu les llama; no era nada grave.

Sus padres son miembros de una página que les permite buscar relaciones a su hijo y han organizado un encuentro con una chica llamada SunYue. Él debe ir. Wei-Lu sale al balcón. Desde él ve su oficina. Está pensativo y decide tomar té con su avatar confuciana. Se inicia el programa, comienzan la proyección y los movimientos programados. Tras ellos las preguntas sobre dos asuntos: sus padres y la sociedad.

El resto de la noche sale bien. SunYue, la chica del encuentro, parecía interesada en el arte, por lo que fueron al centro de la ciudad en su vehículo. Gracias a las gafas pudieron ver esculturas interactuando con el medio ambiente: olas en el pavimento, la transformación de los transeúntes en un ejército de hormigas etcétera. Además, han quedado en que el próximo sábado ella le enseñará su lugar de trabajo: una de las primeras nanocentrales eléctricas que funcionan con fotosíntesis en la provincia de Zhejiang.

Para terminar el día lee las noticias mientras se lava los dientes y, ya en la cama, accede a la vista medieval de Shanghái en su realidad virtual. Para acompañar las imágenes el sistema reproduce un fragmento del ensayo de una orquesta de niños de los cinco continentes que ha tenido mucha repercusión en las redes sociales. Wei-Lu duerme con la sensación de estar en un Shanghái diferente de aquel en el que vive.

Los mayores, cada vez más jóvenes

Carmen y Antonio, contentos de valerse solos. Madrid, 8 de mayo de 2025

Durante más de veinticinco años, Carmen, de 72 años, ha ayudado a su marido en la oficina con los asuntos de contabilidad y programación y desde que se jubiló ha creado Alquile una Abuelita, un servicio por internet para ayudar a familias con niños pequeños. Antonio (76), su marido, enseña carpintería a jóvenes en una escuela local. Su hijo, Jorge, trabaja en Yakarta.

Durante toda su vida laboral, a Antonio le molestaba levantarse temprano y ahora que lleva una década jubilado y podría dormir todo el día, su reloj interno le despierta a las seis. Faltan todavía treinta minutos para tomar la medicación de la mañana. Se levanta sin despertar a Carmen, y por el pasillo pronuncia la frase: “Lola, gafas para leer”. Lola es el nombre que eligió para la aplicación del sistema inteligente de su casa, el mismo que tiene el asistente virtual de su banco. La respuesta le llega enseguida: “En la mesa de la cocina”. Está contento de haber sensorizado la casa. Al principio no quería líos, pero la oferta conjunta de su compañía de móviles y seguridad está funcionando realmente bien.

A las siete y cuarto, Carmen se une a Antonio en la cocina. Viene acompañada de su pequeño robodog, que de alguna manera también cuida de ellos. Zita –este es su nombre–, acude a buscar sus pastillas, les anima a jugar a la pelota con ella si no han hecho ejercicio, y cuando Carmen se cayó el año pasado en ausencia de Antonio, alertó a la ambulancia y la puso en contacto con el teledoctor.

Carmen consulta la pizarra electrónica de la cocina y dice a su marido que su clase de carpintería es hoy a las tres de la tarde. Está previsto que participen una docena de alumnos. En cuanto a ella, tiene que recoger a Jaime, uno de los niños que cuida como abuelita. Para la noche, el avatar de su teléfono le sugiere un concierto de gaita gallega. Para ella, un plan estupendo.

Mientras revisa la agenda del servicio Alquile una Abuelita para la próxima semana y responde los correos de nuevas familias que necesitan su ayuda, le entra en pantalla una llamada de su hijo Jorge. En Madrid son las diez y media, lo que significa que está a punto de terminar su jornada de trabajo en Yakarta. Antonio está entreteniéndose en su pequeño taller, pero eso no impide que los tres compartan una animada conversación.

Los jueves les traen la comida a casa. La empresa, subsidiaria de su proveedor de atención médica, proporciona comidas individuales que coinciden exactamente con sus necesidades nutricionales. Si utilizan el servicio por lo menos tres veces a la semana y permiten el acceso a sus datos personales de salud, reciben un descuento significativo por el servicio.

A Carmen le encanta cuidar de Jaime. Juntos caminan hacia un parque cercano, en el que solo se ve a unos pocos niños. Aluche se ha convertido en un barrio de viejos, piensa Carmen, y lo entretiene con las imágenes de un concierto de niños que está por terminar.

Antonio siempre pide un taxi cuando va a la escuela donde imparte clases. Le gusta charlar con los conductores. Lola ha gestionado su agenda y se ha ocupado de reservar el aula. Ahora su voz le dice que está a solo cinco minutos de distancia y le indica que no olvide su bolsa de herramientas y las muestras de trabajo que prometió a los niños en la lección anterior.

Todos sus alumnos llegan a clase contentos. Al parecer, la escuela ha recibido una subvención para montar una nueva sala de realidad virtual. Es una buena noticia. Pero Antonio piensa que los niños deben aprender sobre la realidad. Comienza su clase identificando las herramientas que ha traído consigo. Algunos las recuerdan de la semana anterior, pero otros apuntan sus nombres en sus cuadernos digitales para saber cuál es su utilidad.

En la cena, Carmen y Antonio repasan las actividades del día. Minutos más tarde, con la mesa ya recogida, el avatar del smartphone de Carmen le recuerda el concierto de gaitas. Por ahora, ocho personas que conocen irán a ver a la banda. Se les ocurre que podrían emplear algunos de sus puntos de la comunidad para comprar las entradas. Al fin y al cabo, ella recibe puntos por cuidar a niños con problemas de aprendizaje tres veces por semana durante las vacaciones de verano. Otra opción sería ver y escuchar el concierto en casa mediante su sistema de realidad virtual.

Una hora más tarde, Carmen y Antonio se dirigen a la sala de conciertos. El precio de circular por Madrid está por las nubes; depende de las emisiones de CO2 de los vehículos. Así que optan por el Metro. Mientras esperan la llegada del tren, el panel publicitario del andén establece un vínculo con el smartphone de Carmen y acceden a la lista de sus últimas compras digitales. A continuación, el propio sistema comienza a proponer marcas y productos. En la sala de conciertos, el teléfono de Carmen los dirige a sus asientos, donde sus amigos ya los están esperando.

Es casi medianoche cuando regresan. Están muy cansados, pero les alegra saber que su casa se ocupa de sí misma: toda la noche, el robot aspiradora limpiará el polvo y el lavavajillas se iniciará automáticamente cuando la demanda de electricidad en la red sea más baja, momento en el que Zita se enchufará por sí sola para recargarse. Su televisor incluso ha grabado desde internet el ensayo de la orquesta virtual Mawaar formada por niños de todo el mundo.

Más oportunidades para los niños

Julio Edgardo y Ana, contentos de progresar. Ciudad de México, 8 de mayo de 2025

Ana (30) es diseñadora freelance de bolsos y trabajos artesanos inspirados en el arte mexicano. Está casada con Julio Edgardo (32), agente de seguridad en un gran centro comercial. Quieren que sus hijos, Jorge y Luisito, estudien para tener más oportunidades en la vida. Con ellos viven los padres de Julio Edgardo.

Ana es la primera en despertarse y repasa mentalmente las tareas que le esperan. En los días previos a la celebración del Cinco de Mayo, fiesta nacional mexicana, las ventas han sido buenas, sobre todo porque se las arregló para colocar algunas de sus obras en las tiendas Fonart, del Fondo Nacional para el Desarrollo de las Artes y Oficios.

El teléfono inteligente de su suegro, un modelo adaptado a las personas de su edad, se recarga en la sala de estar. Ana podría utilizar su televisor por internet para revisar su plataforma de e-commerce pero los paneles solares no producen a esta hora de la mañana suficiente energía. No quiere gastar de más, de modo que coge el teléfono de su suegro y consulta las ventas y las páginas visitadas. Solo le lleva un minuto acceder a los datos.

A continuación se levanta Claudio, su suegro. Y lo primero que hace es someterse a su prueba de pulmón mediante una aplicación de telesalud preventiva. Después se dirige hacia el jardín comunitario.

El gobierno de la ciudad cedió al vecindario la gestión de estos espacios, y estos pagan a Claudio un pequeño sueldo a cambio de sus servicios. Claudio es responsable de la asignación y rotación de las pequeñas parcelas entre las familias y del almacenamiento y entrega de las herramientas. El jardín tiene sensores para controlar la humedad y nivel de contaminación de las frutas y hortalizas. Sus nietos le han instalado una aplicación fácil para regar sin desperdiciar agua y fumigar con insecticidas naturales.

Jorge y Luisito, los hijos de Ana y Julio Edgardo, van solos a la parada del autobús. Para su seguridad, la escuela proporciona chalecos integrados con chips RFID (Identificación por Radio Frecuencia) y en caso de alguna situación de emergencia, los niños pueden alertar a las autoridades o ponerse en contacto con una línea de ayuda.

Luisito sabe que el colegio es importante si quiere salir adelante en la vida –sus padres se lo recuerdan a menudo– pero no puede dejar de soñar con el fútbol. A pesar de todo, trata de centrarse en la lección. Se está hablando de cómo el exceso de CO2 dio lugar a la acidificación de los océanos. Es un tema que conoce bien. De hecho, su abuelo perdió su barco de pesca por eso. Su padre no deja de sorprenderse de lo que son capaces de entender los niños en 2025. Él tuvo que ver dos veces una vieja película de Al Gore para entender el concepto.

Mientras tanto, Jorge está ocupado en el laboratorio de la escuela. Quiere competir en los Juegos Olímpicos Nacionales de Química y para clasificarse a finales de julio tiene que hacer y documentar un análisis difícil.

A la hora del descanso, en el centro comercial, Julio Edgardo habla con sus compañeros en la sala de empleados. Recordando cómo pasaron la fiesta del Cinco de Mayo, uno de ellos relata su experiencia con una proyección de realidad aumentada, que le proporcionó la sensación de estar en medio de una batalla.

Durante las siguientes tres horas, Julio Edgardo hará funcionar la estación de vigilancia del centro comercial, gaviotas de metal que sobrevuelan los aparcamientos y las calles cercanas.

A Ana le gusta trabajar en el taller de costura. Le permite mostrar a otros cómo coser las piezas más difíciles, las mismas que ella diseñó, o mirar el trabajo de otras personas en busca de inspiración. El gobierno cubre una gran parte del alquiler, de lo contrario no podría permitirse este espacio con impresora 3D y conexión rápida a internet. Hoy ha recibido un pedido de ocho bolsos personalizados de una marca ecológica de España y ahora, tras haber distribuido el trabajo entre las mejores tejedoras de la red, todas ellas abuelas, está ocupada dibujando los diseños.

Cuando Jorge y Luisito regresan de la escuela, Ana ya está en casa, con todos los diseños terminados y entregados a sus colaboradores. Es difícil motivar a los chicos para que repasen sus lecciones, pero Ana y Julio Edgardo están convencidos de que solo la educación les ofrecerá una vida mejor.

Una buena parte del presupuesto familiar se destina a pagar créditos de formación que pueden intercambiarse por lecciones en línea. Ahora, muchos proveedores de educación superior ofrecen sus servicios en la plataforma más grande del país, y solo elegir las lecciones correctas es ya un arte en sí mismo.

Julio Edgardo ha adquirido un televisor con acceso a internet gracias al gran descuento que le han hecho en el centro comercial. Desde hace unas semanas, Jorge y Luisito están recibiendo clases de inglés desde la Universidad de Nairobi. Son más baratas que otras opciones y muy buenas. La formación de educadores es una preocupación en Kenia desde hace veinte años.

La conversación en la cena gira alrededor de la nueva legislación ambiental para reducir la contaminación y aumentar la eficiencia energética, una medida muy criticada por Julio Edgardo. La energía será cada vez más cara, según él, y ya tienen problemas para pagar las facturas. Ana trata de hacerle ver el lado positivo: siempre se puede vender el excedente de energía que producen sus paneles o tratar de ahorrar para instalar paneles adicionales y así, si los precios suben, podrían ganar más dinero.

En el televisor, se ven imágenes muy simpáticas de niños bostezando. Suben el volumen. El concierto global ha sido un éxito a pesar de que los pequeños músicos tuvieron que madrugar en México y trasnochar en Sídney para ajustarse al horario del director, un hombre bastante mayor radicado en Israel.

Antes de acostarse, Ana vuelve a revisar sus pedidos y su banco le dice que tiene uno más, ¡pagado por adelantado! Mañana tendrá que enviar otro bolso por correo a San Francisco. Mayo está siendo realmente un buen mes. Se acerca a su marido y piensa antes de dormirse: estamos ascendiendo escalones en el mundo.

El compromiso BBVA

La Visión 2020+ que acabamos de exponer y que nació como una inquietud por aproximarnos a nuestras propias posibilidades de futuro como entidad nos deja una conclusión muy clara: el enunciar que la realidad es mejorable nos compromete a implicarnos en su transformación.

Este compromiso no es sino el reflejo de la visión de BBVA, que resume nuestra estrategia y nuestra cultura:

BBVA, trabajamos por un futuro mejor para las personas

Nuestra visión nos exige trabajar por la consecución de los atributos de un mundo mejor: calidad de vida, respeto al medio ambiente, crecimiento sostenible y desarrollo de una sociedad colaborativa.

Y nos obliga a dos cosas fundamentales: la primera, a actuar bajo firmes principios éticos, de honestidad, integridad y transparencia. Y, la segunda, a ser optimistas; creemos que el ser humano puede y debe encontrar el camino para resolver los retos que nuestra época plantea. Y creemos, también, que un grupo financiero global como BBVA puede colaborar de forma significativa para conseguirlo.

La industria financiera es clave para el desarrollo: los datos del Banco Mundial para el Índice de Desarrollo Humano muestran una clara correlación positiva entre el producto interior bruto per cápita de los países y la proporción de la población que tiene acceso a servicios financieros. Cuanto mayor es el grado de bancarización de una sociedad y mejor es la eficiencia y la calidad de sus servicios financieros, mayor es su capacidad para dar respuesta a los grandes retos del mañana y proporcionar bienestar a sus ciudadanos. Por eso, la principal contribución que un banco como BBVA puede hacer al desarrollo es, precisamente, perfeccionar su oferta de productos y servicios financieros: en precio, en accesibilidad y en adaptación a las necesidades de cada cliente.

En especial, si tenemos en cuenta que solo la cuarta parte de la población mundial tiene acceso a servicios financieros. Es decir, hay más de 2 500 millones de adultos en todo el mundo que están excluidos del sistema bancario, de los que casi el 90 % vive en países en vías de desarrollo. Dotar de servicios financieros básicos a la población no bancarizada constituye, seguramente, la aportación de mayor impacto que un banco puede hacer al desarrollo humano.

En paralelo a su actividad diaria, BBVA realiza, además, un importante ejercicio de responsabilidad corporativa, al que dedicó en 2011 un importe equivalente al 2,5 % de su beneficio atribuido.

Esta tarea se centra en aquellas palancas que consideramos fundamentales para mejorar el futuro de todas las personas, tal y como hemos desarrollado en páginas anteriores: la generación y difusión del conocimiento, la educación y el fomento del emprendimiento social.

Estos objetivos son los que guían las distintas iniciativas del Grupo: la Fundación BBVA, orientada al impulso y la difusión del conocimiento, la Fundación Microfinanzas BBVA, que atiende ya a un millón de clientes en América Latina (lo que supone casi 4 millones de beneficiarios); así como los programas del propio Grupo BBVA, entre los que destacan: el Plan Global de Educación Financiera en Europa, Estados Unidos y América Latina, el programa de becas “Niños Adelante”, y el “Momentum Project” de ámbito global, de apoyo a los emprendedores sociales.

La banca, la industria financiera en general, necesita abordar una transformación profunda para adaptarse a los grandes cambios tecnológicos, sociales y de los individuos y contribuir de forma eficaz a ese gran objetivo de un mundo sostenible.

Cambios que tienen que orientarse a extraer el mejor partido de las posibilidades que ofrece la tecnología para prestar un mejor servicio, ayudando a conseguir un futuro mejor para las personas.

BBVA aspira a liderar la transformación de la industria financiera. Y creemos que una palanca fundamental para ello es la innovación: innovación para las personas.

Tecnología centrada en las personas

La tecnología es una palanca clave de la innovación. Y la innovación es la base de nuestro proyecto de negocio. En consecuencia, hemos adoptado un enfoque proactivo para anticiparnos al panorama que se está configurando. Nuestro trabajo de prospección y seguimiento de las tendencias tecnológicas nos ha permitido realizar un mapa del futuro de las tecnologías que van a impactar en el sector financiero en distintos horizontes temporales.

Este mapa nos ha servido, en primer lugar, como herramienta operativa para mejorar nuestra plataforma tecnológica. De esta forma hemos construido una infraestructura altamente automatizada, consolidada y universal que nos ha permitido optimizar servicios, reducir costes y eliminar riesgos. Esta plataforma tecnológica es la base sobre la que podemos crear un modelo de negocio centrado en el usuario.

Además, el mapa nos ayuda a anticiparnos a las innovaciones tecnológicas que van a seguir cambiando los modelos de relación con nuestros clientes, y a detectar las oportunidades de negocio que van a surgir en el futuro como resultado de la adopción por parte de las personas de las nuevas tecnologías.

La relación con el cliente adquiere una nueva dimensión cuando somos capaces de generar la oferta comercial adecuada a las necesidades reales del cliente en tiempo real, interconectando, sin fisuras, el mundo físico y el mundo virtual.

A partir de este punto estamos listos para abordar un cambio disruptivo para evolucionar nuestro modelo, poniendo al cliente en el centro de nuestro negocio.

Entender las necesidades de las personas

Para asegurar que somos capaces de responder a las necesidades financieras de las personas, hemos realizado un importante trabajo de campo, entrevistando y observando a personas con muy diferentes actitudes y situaciones de vida: bancarizados/no bancarizados, de rentas altas/bajas, expertos en tecnología y en banca cubriendo un rango amplio de edades. A partir de lo que las personas nos dicen, hacen, piensan, sienten y creen, abordamos una reflexión acerca de cómo debiera ser el banco del futuro.

Desde la perspectiva de los clientes de la industria financiera, sus necesidades funcionales se pueden resumir en dos categorías: “llevar cosas a cabo”, esto es, resolver las cuestiones transaccionales del día a día, y “conseguir bienestar financiero”, que tiene que ver con objetivos a largo plazo.

Además de estas necesidades funcionales, un cliente espera saberse reconocido por la entidad, que la dinámica de las operaciones le resulte cómoda y segura, y sentirse satisfecho por la consecución de logros.

Hemos descubierto que hay diferentes tipos de personas y que todas tienen estas mismas necesidades emocionales alrededor de sus finanzas, pero que las valoran de manera diferente durante las experiencias transaccionales y cuando están planificando su futuro financiero.

Por lo tanto, como banco debemos dar una respuesta adaptada proporcionando confianza y sencillez en la relación, respeto mutuo y una propuesta adecuada.

Este es el banco que quieren los clientes.

Customer Centric Bank

En esta lógica, venimos trabajando en la transformación del modelo de relación con nuestros clientes, teniendo presente la evolución de la tecnología, del individuo y de las sociedades.

El modelo de banco tradicional ofrece una serie de servicios a sus clientes. La oferta es una y los usuarios deben adaptarse a ella. Esto terminó. El banco debe reinventarse y girar en torno a las necesidades de sus clientes; darles lo que necesitan cuando lo necesitan, cumplir sus expectativas individuales. En un mundo donde los clientes han tomado el control de la relación, el banco del futuro debe convertirse en un guía para que consigan sus metas.

La respuesta de BBVA es el modelo Customer Centric Bank (CCB), un banco con el cliente como centro; ubicuo, transparente e inteligente, sin perder su lado más humano. El nuevo modelo de banca se centra más que nunca en el cliente, y está volcado en ofrecer una experiencia de uso satisfactoria y consistente en todos los puntos de contacto, desde la sucursal al teléfono móvil, el cajero interactivo, pasando por internet y las redes sociales con cualquier dispositivo.

Para lograr este objetivo el banco debe ser universal, completamente digitalizado e integrado, facilitando así el acceso global y sencillo a los productos y servicios con una experiencia robusta y sin fisuras.

El banco debe tener un modelo de relación flexible que facilite el contacto con el cliente. Los puntos de contacto o canales ofrecen todas las opciones de acceso a los servicios bancarios en el día a día, para que el cliente se relacione de la forma que considere adecuada en cada momento, de forma más granular –tanto en el mundo físico como virtual– y de manera altamente funcional.

Del lado físico, el concepto empieza a materializarse a través de la creación de un nuevo espacio de sucursal bancaria denominado Easy Bank.

Easy Bank

Es una forma sencilla de hacer banca, donde son los clientes los que hacen muchas de sus operaciones por sí mismos.

En este modelo, a través de los diseños de nuevos espacios se fomenta la transparencia en la relación y se rompen barreras entre clientes y gestores. En ellos la interacción entre el cliente y el gestor es fácil y compartida a través del nuevo escritorio colaborativo.

Todo el espacio es “de” y “para” el cliente. El puesto de trabajo operativo de los gestores se traslada a la “trastienda” desde donde salen a recibir y atender a los clientes.

Además se han establecido nuevas “formas de hacer” automatizadas, sin papeles y donde los procesos son digitales, como en el caso de la firma electrónica de los documentos.

El cliente elige el canal por el que quiere recibir el servicio. En muchas ocasiones no requiere ser atendido por un gestor y prefiere el autoservicio. Para ello, BBVA ha desarrollado un nueva experiencia de autoservicio denominada Abil.

Abil

Introducidos masivamente en el sector de la banca hace ya más de cuarenta años, los cajeros automáticos habían cubierto importantes necesidades tanto de la industria financiera –al reducir los costes de servicio y aumentar la capilaridad–, como de los clientes –al agilizar algunas de las operaciones más frecuentes y extender el horario del servicio–. Sin embargo, durante todos esos años, se han incorporado pocos cambios funcionales en este canal.

Por esa razón, cuando BBVA se planteó, como parte de su estrategia de Customer Centric Banking, aproximar la experiencia del autoservicio financiero a las necesidades reales de los clientes en el siglo XXI, hubo de desarrollar su diseño propio, realmente adaptado a las necesidades y motivaciones del cliente.

Respondiendo a las aspiraciones de los usuarios de simplicidad, flexibilidad y ergonomía, el nuevo diseño ofrece conceptos innovadores como una gran pantalla táctil con navegación guiada, accesos directos y privacidad; una única ranura; disposición 90º (perpendicular a la pared); y espacio auxiliar para poder operar con comodidad.

A día de hoy, la Red de Innovación, entendida como una red de colaboración, es un ecosistema desarrollado y estable, que se extiende globalmente y está compuesto por más de 40 000 científicos, inversores, emprendedores y varios de los más reconocidos analistas de los sectores científicos y tecnológicos.

Este logro operativo ha venido acompañado del reconocimiento por parte de entidades tan prestigiosas y tan heterogéneas como The Banker en el Reino Unido y el MoMA, Museo de Arte Moderno de Nueva York en Estados Unidos.

El éxito de esta iniciativa ha animado a BBVA a mejorar otros canales similares como es el Drive-Thru, el autoservicio para automóviles, con un alto grado de expansión y aceptación en determinadas regiones como Estados Unidos, y que se ha beneficiado de la experiencia de Abil.

Pero también en los canales virtuales, como la banca a distancia y la banca móvil, los usuarios quieren una mejor experiencia de uso.

Lola: Asistente virtual de banca remota

En BBVA hemos analizado en profundidad las demandas de los usuarios que más utilizan estos canales virtuales, así como las barreras que disuaden de utilizarlos a otros muchos clientes.

Aprendimos que los clientes esperan que la experiencia por estos canales no atendidos sea sencilla y personalizable, y que, sobre todo, genere la misma confianza en las operaciones y en las decisiones que les inspira el gestor personal en una oficina.

Por ello, en BBVA llevamos ya tiempo trabajando en el diseño y desarrollo de Lola (nombre interno del proyecto), un asistente virtual específico para servicios financieros, capaz de comunicarse con el cliente mediante el uso del lenguaje natural y ayudarle a encontrar la información que necesita o realizar operaciones en su nombre.

El asistente, que conoce la oferta comercial del banco y las necesidades de cada cliente, podrá incluso asesorar en la toma de decisiones relacionadas con la situación financiera, con capacidad para contratar productos.

BBVA: un modelo propio de innovación

Innovar es mucho más que gestionar creatividad e ideas, requiere un método y unas competencias con las que aplicar un conjunto de disciplinas. En BBVA, en primer lugar nos centramos en las necesidades de los clientes; en segundo lugar, evaluamos las alternativas en función de su atractivo para el cliente y su sostenibilidad económica. Todo el proceso racional que acompaña a nuestras iniciativas innovadoras pasa por determinados puntos de control que garantizan que solo progresan aquellas que van ganando viabilidad durante el proceso.

La agenda de innovación de BBVA tiene en cuenta varias dimensiones para asegurar un equilibrio; una de ellas es la relativa al alcance de la transformación. Para BBVA, la innovación incremental tiene una vertiente de mejora continua de nuestro servicio en todos los territorios en los que operamos y de mejora significativa de nuestras competencias para diferenciarnos ante los ojos de nuestros clientes. La innovación es disruptiva cuando nos permite extender las fronteras del negocio, creando valor completamente nuevo para la marca. Se trata de reinventar experiencias, liderar la transformación de la industria financiera.

El mapa de ruta que nos hemos trazado nos ha llevado a generar numerosas innovaciones significativas de nuestro modelo de negocio actual, muchas de ellas convertidas en referente dentro de nuestro sector de actividad.

Todo ello es fruto de una década de trabajo. A principios del milenio constituimos en BBVA la primera organización de Innovación con el objetivo de responder a las oportunidades que nos ofrecía el nacimiento del mundo digital, anticipándonos al impacto que tendrían en el modo de operar los clientes con el Banco. Es así como nacieron Uno-e, el banco en línea; Adquira, el marketplace de compra y negociación en línea; y Solium, servicios de computación en la nube, entre otras iniciativas.

Al analizar los factores clave del panorama 2020+, en BBVA vemos cómo emergen nuevos marcos económicos que en algunos casos trascienden el sector financiero. BBVA trabaja en identificar las oportunidades que ofrecen y en desarrollar soluciones que cubran las necesidades detectadas. Además, debemos analizarlas en relación con nuestras competencias clave e identificar cuáles debemos adquirir o mejorar.

Los ámbitos con grandes oportunidades de desarrollo para el 2020 son la bancarización universal, la sanidad, el entretenimiento digital, las ciudades inteligentes y la educación.

Bancarización universal

Como antes se ha señalado, proporcionar servicios financieros adecuados a la población no bancarizada es fundamental para construir un futuro mejor. Sin embargo, la industria de los servicios financieros tradicionales no ofrece una solución completa para las necesidades financieras básicas de las poblaciones más desfavorecidas. Las tres principales razones son: que no reúnen toda la documentación necesaria (como la dirección postal); que viven demasiado lejos de las sucursales bancarias (lo que supone costes adicionales y pérdida de ingresos), y que los precios de los servicios bancarios tradicionales están fuera de su alcance.

La investigación de campo realizada en todo el mundo para entender mejor las necesidades y deseos de este colectivo de personas nos ha proporcionado tres cuestiones globales que deben ser abordadas simultáneamente.

La primera de ellas es clave y consiste en promover la adopción de los servicios financieros. Debemos educar a la población no bancarizada para que comprenda mejor los servicios y productos financieros y ayudar a que aproveche sus ventajas. Al mismo tiempo se deberán resolver las cuestiones relativas a la accesibilidad. Tenemos que eliminar los largos viajes para visitar una sucursal y simplificar los puntos de contacto, permitiendo la banca sin sucursales y máquinas fáciles de usar. Y por último, la asequibilidad. La mayor parte de la población no bancarizada recibe sus salarios en efectivo, gasta el 80 % dentro de los primeros días en el pago de facturas y reserva un 20 % para el resto del mes.

En BBVA estamos ya trabajando, particularmente en América Latina, en la implantación de modelos mucho más accesibles y baratos, para proporcionar servicios financieros a sectores menos favorecidos. En paralelo, nuestro esfuerzo en educación financiera busca impulsar la adopción de los servicios financieros.

Ciudades inteligentes

Para el final del 2012 las ciudades ya habrán concentrado un 74 % del crecimiento económico mundial y más de la mitad de la población. Este tipo de concentración ya está generando tensiones en el uso de recursos naturales e infraestructuras. No se exagera por lo tanto al afirmar que las condiciones de vida de la gran mayoría de la humanidad dependen de una gestión eficiente y sostenible de las ciudades.

En este contexto, un gran número de metrópolis en todo el mundo están evolucionando hacia el modelo de smart cities. Las smart cities tienen como punto en común la gestión eficiente de recursos y la mejora de la calidad de vida de sus habitantes mediante el uso inteligente de tecnologías y de la información.

En lo que hoy se denomina la “internet de las cosas”, los datos que generan los sensores son sin duda uno de los flujos de información más interesantes y ricos en potencial para medir y entender el ritmo de las ciudades y sus habitantes.

En BBVA estamos analizando estos datos para una variedad de aplicaciones, como determinar la ubicación óptima de servicios públicos, modelar el impacto real de eventos, optimizar redes de transporte o la valoración precisa de locales comerciales.

Dentro del desafío de las smart cities, el área de transporte y movilidad es de particular importancia. Aquí se hacen evidentes las tensiones alrededor del uso de recursos naturales y las limitaciones en términos de infraestructura. Adicionalmente, el transporte tiene desafíos propios por su significativa huella medioambiental, su impacto directo en el bienestar cotidiano y en la capacidad de crecimiento de la actividad económica, sus requisitos estrictos de coordinación y operatividad y, finalmente, su carácter global, que trasciende la escala de las ciudades.

En BBVA estamos explorando soluciones a algunos de los retos del transporte para contribuir al desarrollo de servicios más convenientes, asequibles y sostenibles.

Una tendencia importante se dirige a buscar soluciones multimodales de transporte, donde el usuario mejora su experiencia de movilidad gracias a la integración de varios medios de transporte como pueden ser el vehículo particular, tren, metro, bicicletas o taxis en una ciudad. Un punto clave para garantizar el éxito de estas soluciones es que la experiencia de uso sea transparente. Y una condición necesaria para esta transparencia son las soluciones de pago abiertas y multimodales donde una entidad financiera puede tener un rol relevante dentro de una cadena de valor que sigue ofreciendo grandes oportunidades.

Sanidad

El mercado de la salud no se satura: cuanto más se satisface su demanda, más crece, a medida que se prolonga la vida. Sin embargo, las consecuencias están claras: una demanda ilimitada de un servicio finito produce el crecimiento de costes y genera una tensión por la imposibilidad de satisfacerla.

El ecosistema de la sanidad se encuentra en una profunda transformación a través de los diferentes sistemas sanitarios con el objetivo de garantizar un mayor acceso de calidad, sin arriesgar la sostenibilidad en el tiempo.

El nuevo paradigma del modelo de salud tiene que definirse de manera que sea más eficiente, sostenible y equilibrado. Para ello se necesita un nuevo modelo relacional capaz de fortalecer la unión médico-paciente, a partir de tres ejes fundamentales: nuevos desarrollos tecnológicos, nuevas investigaciones clínicas, y modelos de negocio innovadores.

BBVA tiene la oportunidad de participar de modo relevante en esta industria y, basándose en sus competencias, aportar nuevas soluciones que faciliten e impulsen este nuevo modelo relacional.

Entretenimiento digital

La tecnología y las redes sociales han cambiado radicalmente la forma de consumir contenidos, relacionarse y divertirse de las personas.

El “ocio en red” ha crecido exponencialmente y ha propiciado la aparición de monedas virtuales y nuevos medios de pago para dar soporte a los nuevos modelos de negocio que generan estos nuevos hábitos de consumo.

Muy relacionado con el concepto de ocio y entretenimiento digital que estamos explorando ha surgido una nueva tendencia que está revolucionando el marketing digital. La “gamificación” o “ludificación” aplica las mecánicas y dinamicas del diseño y la experiencia de los juegos a otros ámbitos diferentes.

BBVA está incidiendo sobre estos y otros aspectos, con el fin de aplicar estas nuevas tendencias a nuestra propuesta y modelo de relación.

Educación

Como hemos visto, un “mundo sostenible” solo es posible incrementando el nivel de formación de la población mundial. La tecnología y la innovación son palancas clave para poder satisfacer la demanda y distribuir más conocimiento a más personas sin un incremento insoportable en los costes.

En este escenario, en BBVA vemos oportunidades importantes para unificar esta nueva oferta y gestionarla adecuadamente en función de la demanda, colaborando a que cada vez más gente pueda formarse en las áreas en que lo necesite cuando y como quiera.

Un modelo colaborativo de innovación

En BBVA entendemos que solo la colaboración nos llevará a un “mundo sostenible”. En nuestras iniciativas de responsabilidad corporativa buscamos la colaboración con otras instituciones como ACNUR (Agencia de la ONU para los refugiados) y la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos) para iniciativas sobre educación primaria; el Banco Mundial para iniciativas sobre inclusión financiera; la OCDE para iniciativas sobre educación financiera, y la Fundación ONCE para iniciativas de integración social y laboral de discapacitados.

Esta filosofía de colaboración está en la base de nuestro modelo de innovación, modelo abierto a todas las personas e instituciones creativas con ideas y talento. De hecho, el objetivo de estar cerca de las personas y ayudarlas a innovar es la razón básica de la creación del Centro de Innovación BBVA.

Centro de Innovación BBVA

El Centro de Innovación BBVA es un punto de encuentro y una referencia clave para todas las personas del Grupo BBVA que tienen ideas y quieren mejorar las cosas. Y, por supuesto, también abre sus puertas al exterior y ofrece una amplia agenda de actividades y eventos centrados en la innovación. La visita de expertos, mesas redondas, talleres y encuentros se suman a la posibilidad de conocer de primera mano algunos de los proyectos de innovación del grupo. De esta forma, el centro se convierte en un punto de encuentro, en un lugar donde compartir, escuchar y aprender de otros.

El Centro de Innovación es un concepto amplio que no se limita a un único punto físico. Disponemos de otros espacios en distintas localizaciones del mundo: Estados Unidos, México y Colombia, donde facilitamos al talento local el acceso al conocimiento de los expertos en innovación que colaboran con BBVA, compartimos nuestros proyectos de innovación y buscamos prestar atención a las necesidades, ideas y talento en los países donde operamos.

El Centro de Innovación BBVA articula una gran comunidad de innovación: expertos en innovación y ecosistemas de emprendedores –entre otros– interactúan y participan en discusiones y actividades relacionadas con la innovación. Programas como BBVA Open Talent y otras iniciativas de apoyo al emprendimiento de base tecnológica pretenden facilitar la exposición, visibilidad y lanzamiento de proyectos a la vez que mantienen a BBVA cerca de las ideas y el talento.

Transformar el modelo de relación con el cliente pasa por transformar nuestro modelo de relación interna en un modelo altamente colaborativo que sea la suma del talento de cada individuo. En BBVA pensamos que existe una inteligencia colectiva que emerge cuando las personas trabajan unidas y superan las capacidades cognitivas individuales de cada miembro del grupo.

Otras actividades destacadas en el entorno del emprendimiento que reciben el apoyo del Centro de Innovación BBVA son los premios TR 35 promovidos por el MIT y la cita EMTECH (Emerging Technologies) con ediciones en países como España, Colombia, México y Argentina.

A lo largo de estos años, hemos ido construyendo poco a poco una vasta red de innovación mundial que nos ha permitido compartir información con las mejores fuentes especializadas en ciencia y tecnología y expertos en distintos campos e institutos y empresas de diferentes lugares del mundo.

A día de hoy, la Red de Innovación, entendida como una red de colaboración, es un ecosistema desarrollado y estable, que se extiende globalmente y está compuesto por más de 40 000 científicos, inversores, emprendedores y varios de los más reconocidos analistas de los sectores científicos y tecnológicos.

La pluralidad de puntos de vista que aportan estos expertos en las distintas disciplinas del conocimiento ha aumentado y enriquecido nuestra capacidad de observación de las distintas realidades.

A partir de estos conocimientos surgen nuevas ideas sobre cómo abordar con una perspectiva distinta las cuestiones clave para BBVA: 1) un cambio real, sustantivo, en la industria financiera; 2) una nueva propuesta de valor para el cliente, y 3) identificar nuevas oportunidades de negocio más allá del modelo convencional.

Competencias clave

El panorama 2020 nos ofrece la oportunidad de ir más allá del modelo convencional de nuestro negocio, adquiriendo nuevas capacidades clave para transformar el modelo de negocio y contribuir al escenario de un mundo en equilibrio.

En la actualidad hemos identificado áreas de disrupción comunes a los nuevos marcos económicos y sociales. Cada una de estas áreas de disrupción exige un conjunto de capacidades para satisfacer necesidades concretas y articular nuevos modelos de negocio o nuevas formas sostenibles de ofrecer servicios a las personas.

Las líneas a través de las que BBVA aspira a liderar la transformación de la industria financiera, y para las que estamos dotándonos de capacidades, son:

  • Un modelo de banca sin oficinas, que inicie el camino a la bancarización universal comenzando en mercados emergentes y que, a la vez, facilite la entrada en economías maduras con un modelo de relación sencillo para el usuario y eficiente en costes.
  • El desarrollo de nuevos servicios de valor cercanos a las personas, con un acceso simple y único, a partir del conocimiento fundamentado en fuentes de datos internas y externas.
  • Nuevos medios de pago adaptados a todas las realidades sociales, la ubicuidad del mundo digital y los nuevos estilos de compra.
  • La banca como un servicio que nos permitirá ofrecer parte de nuestra cadena de valor a modelos de negocio nuevos o existentes generando modelos y propuestas de valor híbridas.

Transformación interna

No es realista pensar en cambiar hacia fuera si uno no cambia desde dentro: pretender transformar el modelo de relación con el cliente debe pasar por transformar nuestro modelo de relación interna en un modelo altamente colaborativo que sea la suma del talento de cada individuo.

En BBVA pensamos que existe una inteligencia colectiva que emerge cuando las personas trabajan unidas y superan las capacidades cognitivas individuales de cada miembro del grupo. Creemos que la combinación de conocimientos de un grupo puede crear una visión más amplia y completa que la de múltiples inteligencias y habilidades aisladas. Por ello hemos apostado por construir una comunidad para compartir conocimientos más allá de los métodos tradicionales de trabajo en equipo.

Con la introducción del entorno colaborativo a la lógica de nuestro trabajo diario pretendemos activar dinámicas que transformen la administración de conocimiento en una vía para compartirlo más eficazmente y que generen un compromiso, un pensamiento global, una mejora de las competencias y las experiencias de las que se beneficie nuestro cliente.

Además de facilitar la colaboración del talento interno gracias a un nuevo entorno de trabajo, nuestro foco se centra, necesariamente, en atraer, formar y retener a los mejores profesionales en el Grupo.

En aquellos países donde opera BBVA, las encuestas publicadas nos reconocen como uno de los mejores empleadores. El liderazgo es, más que una aspiración, una exigencia para BBVA. En consecuencia, invertimos considerables esfuerzos en formar líderes que hagan propios los valores que defendemos y se comprometan personalmente con ellos. Nuestros programas de desarrollo directivo son la mejor garantía de que mantendremos nuestros compromisos en los tiempos que vendrán.

Conclusión

Al elaborar nuestra Visión 2020+ hemos aprendido muchas cosas de nuestro mundo, de nuestras posibilidades como institución, del poder de lo colectivo, de la necesidad de implicarse en la gestión de cambios y retos comunes a la humanidad y de hacerlo con responsabilidad y sentido ético. BBVA es una institución con una cultura ética y solidaria. Y de esa cultura participamos las personas que en BBVA trabajamos para otras personas. Nuestra Visión 2020+ es un reconocimiento de que formamos parte de algo más grande que nosotros mismos y que nuestra tarea de trabajar por un futuro mejor para las personas pasa por contribuir a que caminemos juntos en dirección a un “mundo sostenible”.

Adelante.

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Notas

  1. Con 2020+ nos referimos a la década de 2020 y años sucesivos.
  2. “Visión 2020+” es el resultado de dos años de trabajo colaborativo entre las personas de BBVA y una extensa red de expertos en una experiencia inmensamente enriquecedora. Como el resto de la presente edición, este artículo estará disponible en OpenMind: www.bbvaopenmind.com y en la página del Centro de Innovación BBVA: www.centrodeinnovacionbbva.com. Además el lector puede visitar su Living Lab de Madrid, experimentar personalmente nuevas aplicaciones tecnológicas para banca y adentrarse en el futuro.
    Agradezco al lector su interés y quedo a su disposición para cualquier comentario o aclaración que desee realizar en: Facebook (https://www.facebook.com/beatrizlarabartolome), Twitter (@beatrizalara) o LinkedIn (http://www.linkedin.com/in/beatrizlarabartolome/).
    En la tarea de producir este artículo he tenido la suerte de poder contar con muchos colaboradores habituales y amigos de la Red de Innovación de BBVA a los que agradezco haber podido contrastar puntos de vista, y obtener inspiración y dirección en el desarrollo de los distintos argumentos.
    También he querido rendir un pequeño homenaje a aquellas personas de la unidad de Innovación de BBVA y a algunos amigos del Centro de Innovación que más me han ayudado con sus aportaciones, bautizando con sus nombres a algunos de los personajes de las familias que ilustran el escenario de un “mundo sostenible”. Entre todos hemos hecho posible este compendio de la Visión 2020+ de BBVA.
    La Red de Innovación de BBVA nos ha permitido atisbar aplicaciones tecnológicas para los últimos avances científicos y hemos podido estimar su grado de aceptación gracias al entendimiento del “factor humano” de la mano de Continuum, Ideo, Gravity y Mormedi, nuestros colaboradores habituales en el diseño de algunas de las piezas que formarán parte de la nueva realidad. Me gustaría hacer igualmente mención al equipo de Z_Punkt, que nos ha aportado metodología y nuevas herramientas de búsqueda y análisis para la elaboración de los escenarios, y al Institute for the Future, que nos ha dado la perspectiva de largo plazo (a cien años) para evaluar el impacto de las tendencias en la próxima década.

 

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