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02 marzo 2018

¿Por qué es el Año Internacional de los Camélidos?

Animales | Desarrollo | Sostenibilidad y ecología
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Millones de familias que viven en entornos hostiles, con altas y bajas temperaturas, sequía y aridez, tienen un gran aliado para sobrevivir: el camélido. Los camellos, los dromedarios o las llamas son algunas de las especies de esta familia y este año están de celebración: la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha declarado 2018 el Año Internacional de los Camélidos.

A petición de Bolivia, que cuenta con casi tres millones de llamas, el organismo quiere resaltar así su importancia para la seguridad alimentaria y la nutrición, ya que son la principal fuente de proteína para las comunidades indígenas de varias regiones del mundo. También proporcionan fibras, fertilizantes orgánicos (a través de sus excrementos), energía y transporte, que son básicos para las poblaciones nómadas.

La FAO ha declarado 2018 Año Internacional de los Camellos para resaltar su importancia en la supervivencia de comunidades que viven en entornos hostiles. Crédito: Mohammad N. Al-Saleh.

Los expertos consultados se muestran encantados de que este sea su año. “Es excelente porque puede ayudar a crear conciencia sobre la importancia económica y social que estos animales tienen, no solo en América del Sur sino cada vez en más partes del mundo”, destaca a OpenMind José M. Capriles, profesor del departamento de Antropología de la Universidad Estatal de Pensilvania (EEUU).

Aunque hoy no quede rastro de ellos en América del Norte, lo cierto es que los primeros camélidos surgieron en esa región durante el Plioceno, una época que comenzó hace más de cinco millones de años.

“Eran mucho más diversos en su forma corporal en el pasado de lo que son hoy en día y se extinguieron en América del Norte hace solo unos diez mil años”, cuenta a OpenMind Christine M. Janis, profesora emérita de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad Brown (EEUU). Desde esa región, los animales migraron hacia África y Asia, a través del estrecho de Bering, hace tres millones de años y también al sur por el istmo de Panamá, llegando a América del Sur.

A pesar de que esta familia llegó a estar formada por ocho géneros, hoy solo existen tres: Camelus, que vive en las llanuras asiáticas y africanas, Vicugna y Lama, que habitan en los Andes. El famoso camello con dos jorobas es un bactriano (recibe el nombre por la zona de la que supone es originario en Asia Central, Bactriana o Bactria) y está en peligro crítico de extinción porque solo quedan unos 950 ejemplares adultos. El que tiene una sola chepa es un dromedario y ambos pertenecen al género Camelus.

El camello de dos jorobas es un Bactriano y está en grave peligro de extinción. Crédito: Ilkerender.
El camello de dos jorobas es un Bactriano y está en grave peligro de extinción. Crédito: Ilkerender.

Todos ellos comparten una alimentación herbívora, largos cuellos y patas, grandes dientes caninos, labios superiores divididos en dos partes y ausencia de pezuñas. En su lugar tienen dos dedos con uñas y almohadillas que soportan su peso. Otra característica curiosa es su forma de caminar. En lugar de hacerlo como los caballos, intercalando las patas en cada paso, estos mamíferos mueven las del mismo lado simultáneamente.

Aliados de la civilización Inca

Capriles recuerda la importancia que toda esta familia de camélidos sigue teniendo como fuente de alimentación. Tanto su leche como su carne son ricas en proteínas y su fino pelaje sirve para tejer prendas de lana muy fina. “Los camélidos han sido importantes para las comunidades de América del Sur desde que llegó el primer ser humano al continente”, señala.

Bolivia tiene cerca de tres millones de llamas, sobre todo en la zona andina. Crédito: Revolution Ferg.
Bolivia tiene cerca de tres millones de llamas, sobre todo en la zona andina. Crédito: Revolution Ferg.

“No es una exageración sugerir que la domesticación de la llama y la alpaca fue clave para el desarrollo de sociedades complejas como los Inca, de los Andes”, sostiene el experto. De hecho, se cree que estas dos especies surgieron tras la domesticación del guanaco salvaje por parte de la civilización inca.

Actualmente se calcula que los camélidos se extienden por unos noventa países, divididos principalmente entre América del Sur, África y Asia. También existe una pequeña comunidad en Australia.

“Aquí los camellos fueron introducidos y utilizados para el transporte y el acceso a áreas muy remotas en el pasado”, recuerda a OpenMind Jaime Góngora, profesor en la facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Sídney (Australia).

Sostenibles y bellos

Un estudio realizado por investigadores suizos respalda esta función de transporte por los bajos niveles de contaminación de los animales: los camellos emiten menos metano que las vacas o las ovejas. Se calcula que alrededor del 20% de las emisiones mundiales del gas metano provienen de los rumiantes.

Su metabolismo más bajo, que requiere menos alimentación para funcionar, provoca que liberen menos metano que los rumiantes domésticos. Este organismo privilegiado les hace sobrevivir en áreas con escasez de alimentos, desérticas o montañosas.

Conocidos como ‘barcos del desierto’ por su capacidad para aguantar sin beber agua hasta diez días, el pastoreo que aún sigue vigente en algunas comunidades es una tarea tradicional que potencia el uso sostenible de los ecosistemas y ayuda a luchar contra la desertificación.

Los camélidos son un medio de transporte clave para los pueblos nómadas. Crédito: McKay Savage.
Los camélidos son un medio de transporte clave para los pueblos nómadas. Crédito: McKay Savage.

Los pastos de los que se alimentan se van regenerando y creciendo gracias al fertilizante de sus excrementos, lo que evita la degradación de la tierra y estimula la biodiversidad, que son algunos de los Objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Como curiosidad, en países como Omán se celebran carreras e incluso competiciones de belleza con estos animales. Góngora y el doctorando Mahmood Al Amri están diseñando una tarjeta de puntuación para estos certámenes que se base en los fenotipos de la belleza del camello. “Estudiaremos su genética y genómica para evaluar la asociación con rasgos de belleza”, resume Góngora. Una cualidad más de esta familia tan versátil.

Laura Chaparro

@laura_chaparro

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