Abejas y hombres y viceversa

“Marzo ventoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso”. Este es uno de los refranes más populares de la primavera, preludio del calor y las largas tardes de verano (aunque quizás en unos años haya que hacer una revisión para adaptarlos al cambio climático). Es también una época frenética para los insectos que, presurosos, se desplazan de flor en flor recolectando el preciado néctar y el polen, haciendo posible al mismo tiempo el proceso de la polinización, responsable en parte de la continuidad del ser humano o, lo que es lo mismo, de que tú estés ahora mismo leyendo esto.

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No sé si en algún momento te has parado a pensar en la importancia que tienen las abejas, uno de los agentes polinizadores más eficientes, dentro de este frágil equilibrio. Es posible que en alguna ocasión hayas oído o leído esa cita apocalíptica atribuida a Albert Einstein (por cierto, que no se han encontrado pruebas de que efectivamente lo dijera, como comentan en la web Espaciociencia.com), que asegura que si las abejas desaparecen del planeta, a los humanos nos quedarían 4 años de vida. Independientemente de quién lo dijera, lo cierto es que tiene gran parte de razón, ya que el 85 por ciento de las plantas europeas dependen de las abejas para reproducirse y si no se reproducen, no hay semillas, y sin semillas… Imagina el resto de la historia. El problema es que lo que te he contado hasta ahora, que podría ser parte del guión de una película de terror de serie B, se torna en amenazante realidad cuando numerosos estudios confirman que las abejas están desapareciendo por millares (ya sabes que en este sentido, la realidad suele superar a la ficción). De hecho, solo en Estados Unidos han desaparecido en 2015 el 42 % de las colonias. ¿Por qué? Pues la comunidad científica se inclina por una combinación de factores que van desde el cambio climático, pasando por los pesticidas y acabando por las enfermedades y algunas especies invasoras como la avispa asiática (Vespa velutina) que se extiende a un ritmo de 50 km al año por la cornisa cantábrica española (según publicaban en el blog La crónica verde del diario 20 Minutos, “una decena de avispas asiáticas pueden matar 30.000 abejas en una semana”).

 

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Vespa velutina / Imagen: Danel Solabarrieta

Quizás hayas visto la campaña lanzada por una conocida organización ecologista para salvar a las abejas en la que solicitan tu firma para que se prohíban los productos tóxicos que diezman a estos insectos. Aunque puede ser una iniciativa útil, creo que hay mejores formas de involucrar a la ciudadanía y fomentar la innovación. Así que voy a mostrarte qué proyectos con base tecnológica se están desarrollando en el mundo para salvaguardar a estos peludos compañeros de planeta.

Malamente se puede proteger aquello que no se conoce, así que empezaré por mencionar un proyecto que se está desarrollando en Minnesota (EE.UU). Se trata de la creación de un atlas donde quieren recoger citas de especies nativas del estado, ya que los científicos creen que puede haber cerca de 400 especies prácticamente desconocidas. Para ello, han organizado un proyecto de ciencia ciudadana en el que, mediante la app iNaturalist, los ciudadanos pueden subir observaciones y fotografías.

En una línea similar se puede enmarcar el Great British Bee Count que la organización Friends of Earth en Reino Unido desarrollada anualmente en el marco del proyecto The bee cause. Durante varias semanas al año animan a los voluntarios a usar unas aplicaciones móviles diseñadas por ellos para contabilizar las abejas que se cruzan en el camino. Esta actividad la compatibilizan, por ejemplo, con kits de plantas del gusto de estos insectos que venden a través de la web con la intención de crear corredores de abejas. Desconozco la validez científica que tendrán los números que recaban, pero hay que admitir que es un proyecto divertido y que puede servir para acercarse al mundo de las abejas.

En el ámbito profesional, los agricultores de California, Idaho, Oregon y Washington tienen a su disposición una interesante app que complementa a una publicación de 2013 de la Universidad Estatal de Oregón y que les permite consultar cómo de tóxico resulta para las abejas alguno de los 150 insecticidas, fungicidas, etc., que incluye la aplicación. Esta herramienta clasifica los diferentes productos en 3 clases: altamente tóxico, tóxico y sin advertencias de precaución con relación a las abejas en el etiquetado, siendo válido no solo para las abejas melíferas, sino también para otras especies como las del género Osmia.

También el internet de las cosas y el big data quieren aportar su granito de arena a la causa. Eyesonhives, que podría traducirse como “ojos en las colmenas”, en un sistema en el que una cámara enfocada a una colmena graba las entradas y salidas de las abejas. El software complementario, analiza los patrones de comportamiento y si detecta algo extraño, envía un aviso a la aplicación instalada en el teléfono del apicultor. Otro ejemplo que hace uso de estas tecnologías es MiteNot, un proyecto en el que colaboran la empresa de tecnología agrícola Eltopia y la firma especializada en comunicaciones M2M Gemalto. Actualmente en período de pruenas, MiteNot consiste en un marco de colmena inteligente fabricado con materiales biodegradables como la maicena y que posteriormente se cubre de cera. Este marco está siendo utilizado para acabar con la varroa (un ácaro que causa estragos en las colmenas), ya que permite monitorizar el interior de la colmena para identificar el momento y lugar justo en el que aumentar la temperatura e interrumpir el ciclo de reproducción de los ácaros.

Si a estas alturas del artículo aún no he conseguido que los ojos te hagan chiribitas, he guardado para el postre un proyecto ciertamente curioso que descubrí hace poco. Responde al nombre de MelissAR y es un desarrollo del CSIRO australiano (Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation)en fase de prototipo que utiliza realidad aumentada para monitorizar el estado de las colmenas. Al enfocar la colmena con un dispositivo móvil, se sobreimpresionan sobre ella datos de interés para el apicultor.

En resumen, las abejas siguen naciendo bajo el sol, como la abeja Maya, pero su futuro es incierto. Puedes seguir optando por firmar peticiones, pero posiblemente sea la innovación tecnológica la que haga inclinarse a la balanza de un lado o del otro, ¿no crees?

Este artículo ha sido publicado originalmente en i-ambiente.

Judit Urquijo

Creadora y administradora de Greenapps&Web