8 mitos y realidades sobre Internet de las Cosas

Cualquier tecnología nueva implica cierto nivel de incertidumbre y riesgo empresarial. En el caso de la Internet de las Cosas, sin embargo, muchos de los riesgos se han exagerado o tergiversado. Aunque la visión de la IC tardará años en madurar completamente, ya se dispone de los elementos esenciales para comenzar el proceso. El hardware y el software esenciales o están disponibles o en desarrollo actualmente. Los interesados necesitan que se resuelvan los problemas de protección y confidencialidad y participar en la aplicación de las normas abiertas que harán que la IC sea segura, esté protegida, sea fiable e interoperable, y que permita ofrecer servicios protegidos y de la forma más eficiente posible (Tecnología de empuje).

Cisco está esperando que la industria crezca más de 19 billones de dólares en los próximos años. No obstante, el problema es que estas «cosas» están rodeadas de mitos, algunos de ellos afectan al desarrollo de las aplicaciones que sirven de apoyo a las organizaciones.

#1 IC y sensores

Según Cisco, «El principal problema planteado por la Internet de las Cosas es que el poder de la red sigue muy centralizado. Incluso en la era de la nube, cuando se accede a datos y servicios en línea nos comunicamos sobre todo con relativamente pocos centros de datos masivos que pueden no encontrarse especialmente cerca de nosotros. Esto funciona cuando no accedemos a toneladas de datos y cuando la latencia no es un problema, pero no funciona en la Internet de las Cosas, donde podríamos hacer algo como supervisar el tráfico en cada intersección en una ciudad para buscar la ruta más inteligente y evitar atascos. En ese ejemplo, si tenemos que esperar para que esa inmensidad de datos se envíen a un centro de datos a cientos de kilómetros de distancia, procesarlos y que después los comandos se enviasen a los semáforos, podría ser demasiado tarde, la luz ya habría cambiado».

Cisco afirma que la solución está en acercar el procesamiento a los sensores (procesamiento en la niebla) que están recopilando los datos, para que la cantidad de datos que deba enviarse a los servidores centralizados sea mínima y se reduzca la latencia. Cisco afirma que esta capacidad de contracción de los datos debería ponerse en el router. Sin embargo, eso solo es parte de la historia. Obtener los datos correctos del dispositivo correcto en el momento oportuno no consiste únicamente en hardware y sensores, sino de la inteligencia de los datos. Si se pueden entender los datos y solo distribuir lo que es importante, a nivel de la aplicación, es más potente que cualquier hardware que se use para resolver el problema.

Esta priorización de los datos debe realizarse a nivel de aplicación, dónde se encuentra la lógica. Si se combina esto con los datos en caché en el extremo de la red, se logra una solución que reduce la latencia.

#2 IC y los datos móviles

Los teléfonos inteligentes sin duda desempeñan un papel en la recopilación de estos datos y ofrecen una interfaz de usuario para acceder a las aplicaciones de IC, aunque siguen siendo inadecuados para desempeñar un papel más importante. Pensemos en el ejemplo de la domótica: apenas tiene sentido para la vigilancia fundamental del hogar y aplicaciones de seguridad, como las que protegen a un anciano de accidentes o enfermedades, que dependen de un teléfono inteligente como su núcleo de toma de decisiones. ¿Qué ocurre cuando esa persona viaja y su teléfono inteligente está en modo avión? ¿Se interrumpe la protección de su casa o deja de funcionar la electricidad?

Esos ejemplos dejan claro que la IC, con salvadas excepciones (como la tecnología «portátil» y los sistemas de biovigilancia) y algunas aplicaciones relacionadas con los automóviles, dependen en gran medida de portales dedicados y soluciones de procesamiento remoto, no de teléfonos inteligentes y aplicaciones móviles.

Actualmente, sin ninguno de los servicios de IC, más del 80 % del tráfico de las redes LTE pasa a través de puntos de acceso inalámbricos. ¿Qué ocurre cuando los datos aumentan 22 veces? Además, las redes móviles y dispositivos de comunicación tienen graves inconvenientes en aspectos como costes, consumo de energía, cobertura y fiabilidad.

Por tanto, ¿tendrán cabida los teléfonos inteligentes y comunicaciones móviles en la Internet de las Cosas? Por supuesto. Pero en lo que respecta a rendimiento, disponibilidad, coste, ancho de banda, consumo de energía y otras características esenciales, la Internet de las Cosas necesitará una variedad de soluciones de hardware, software e interconexión mucho más diversa e innovadora.

#3 IC y el volumen de datos

La IC va a generar muchos datos, una avalancha. Como consecuencia de ello, algunos expertos de la IC consideran que nunca será posible seguir el ritmo siempre cambiante y en constante crecimiento de los datos generados por la IC, porque simplemente no es posible supervisarlo todo. Entre todos los datos que la IC produce, no todos deben comunicarse a las aplicaciones del usuario final, como las aplicaciones de inteligencia operativa en tiempo real. Esto se debe a que mucha de la charla generada por los dispositivos es inútil y no representa ningún cambio de estado. A las aplicaciones solo les interesan los cambios de estado, p. ej. que una luz esté encendida o apagada, que una válvula se abra o se cierre, que se abra o se cierre un carril al tráfico. En lugar de bombardear a las aplicaciones con todas las actualizaciones del dispositivo, las aplicaciones solo deberían actualizarse cuando cambie el estado.

#4 IC y los centros de datos

Hay quien defiende que el centro de datos es donde se produce toda la magia de la IC. El centro de datos es un factor muy importante para la IC. Después de todo, es donde se almacenarán los datos. Pero el mito radica en que el centro de datos es donde se produce la magia. ¿Qué pasa con la red? A fin de cuentas, la IC no es nada sin la internet que se encarga de la distribución de la información. Por tanto, se podrán almacenar o analizar en un centro de datos, pero si los datos no pueden llegar allí, tardan mucho en llegar o no se puede responder en tiempo real, no hay IC.

#5 La IC es una tecnología futura

La Internet de las Cosas es simplemente el siguiente paso lógico en el proceso evolutivo. Lo cierto es que los elementos fundamentales tecnológicos de la IC, incluidos los microcontroladores, microprocesadores, sensores ambientales y de otro tipo y el corto y largo alcance de las redes de comunicaciones, son de uso generalizado en la actualidad. Se han vuelto mucho más potentes, aún cuando son más pequeños y menos caros de producir.

La Internet de las Cosas, conforme la definimos, aunque hace evolucionar las tecnologías existentes, simplemente añade una capacidad adicional, una infraestructura de servicios protegida para esta combinación de tecnologías. Esa infraestructura de servicios respaldará las capacidades de comunicación y control remoto que permiten que una gran variedad de dispositivos con acceso a internet trabajen conjuntamente (libre de escala).

#6 IC y las actuales normas de interoperabilidad

Todo el que interviene en el proceso de creación de las normas sabe que una talla no sirve para todos, múltiples normas (y que a veces se solapan) son lo habitual en una tecnología en evolución. Al mismo tiempo, un proceso de recorte natural animará a los interesados a normalizar y centrarse en un menor número de normas esenciales. Las normas plantean un reto, pero se resolverá a medida que el proceso siga evolucionando.

La Internet de las Cosas en última instancia incluirá miles de millones de dispositivos interconectados. Participarán fabricantes de todo el mundo e innumerables categorías de productos. Todos estos dispositivos deberán comunicarse, intercambiar datos y realizar tareas estrechamente coordinadas, y deberán hacerlo sin sacrificar la protección o el rendimiento.

Esto suena a receta para la confusión masiva. Afortunadamente, los elementos fundamentales para realizar todas estas tareas ya existen. Los organismos normativos globales como el IEEE, la International Society of Automation (ISA), el World Wide Web Consortium (W3C), OMA, IETF y alianza IPSO (por nombrar algunos) aúnan a fabricantes, distribuidores de tecnología, políticos y otras partes interesadas. Como consecuencia de ello, aunque las normas planteen un reto a corto plazo para construir la Internet de las Cosas, el proceso a largo plazo de resolver este reto ya está en marcha.

#7 IC y la confidencialidad y protección

La protección y la confidencialidad preocupan en gran medida y abordarlas es una prioridad esencial. Son preocupaciones fundamentadas. La nueva tecnología suele conllevar un potencial de uso indebido y daños, y es esencial abordar el problema antes de que obstaculice la confidencialidad y protección personal, la innovación o el crecimiento económico. Los fabricantes, organismos normativos y políticos ya están dando respuesta a varios niveles.

A nivel de dispositivo, los investigadores en materia de protección están buscando métodos para proteger a los procesadores integrados que, si se ven comprometidos, podrían detener la capacidad de un atacante para interceptar datos o comprometer sistemas conectados. A nivel de red, serán necesarios nuevos protocolos de protección para garantizar la codificación de extremo a extremo y la autenticación de datos sensibles, y dado que con la Internet de las Cosas las apuestas son mayores que con internet, la industria requiere una protección y optimización a nivel de todo el sistema.

#8 IC y distribuidores limitados

Plataformas y normas abiertas crearán la base para la innovación de empresas de todo tipo y tamaño:

  • Arquitecturas de hardware abiertas. Las plataformas abiertas son un medio probado para que los desarrolladores y distribuidores creen hardware innovador con presupuestos y recursos limitados.
  • Sistemas operativos y software abiertos. La naturaleza heterogénea de la Internet de las Cosas exigirá una gran variedad de software y aplicaciones, desde sistemas operativos integrados a analíticas de datos masivos y marcos de desarrollo de distintas plataformas. El software abierto es valiosísimo en este contexto, dado que ofrece a los desarrolladores y distribuidores la posibilidad de adoptar, ampliar y personalizar aplicaciones como consideren oportuno, sin gravosos costes de licencia o el riesgo de tener que depender de un único distribuidor.
  • Normas abiertas. Como se ha comentado anteriormente, las normas abiertas y la interoperabilidad son esenciales para construir la Internet de las Cosas. Un entorno en el que tal variedad de dispositivos y aplicaciones deben trabajar conjuntamente no puede funcionar salvo que esté libre de normas cerradas y sometidas a derechos de propiedad.

Prácticamente todos los distribuidores, desarrolladores y fabricantes que participan en la creación de la Internet de las Cosas entienden que las plataformas abiertas estimularán la innovación y crearán valiosas oportunidades de competencia. Los que no lo entiendan sufrirán la misma suerte que los que promovieron las normas de interconexión sometidas a derechos de propiedad en la era de internet: fueron marginados y dados de lado.

Conclusión

La realidad de la IC es que si se quieren distribuir datos de una «cosa» en la red en tiempo real a través de redes no fiables, es necesaria una distribución inteligente de los datos. Para aligerar la carga de la red reduciendo el uso de ancho de banda, es necesario entender los datos. Al entenderlos, se puede aplicar inteligencia para distribuir únicamente lo que es importante o lo que ha cambiado. Esto significa que solo se envía pequeñas porciones de datos a través de la congestionada red. El resultado son aplicaciones de IC con información precisa, actualizada y a escala, porque se podrán manejar millones de dispositivos conectados en segundo plano. No se recibirán enormes porciones de datos de una vez, que hacen que los servicios dejen de funcionar.

Ahmed Banafa

Faculty | Autor | Conferenciante| 5-time instructor of the year