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29 octubre 2018

5 lugares (protegidos) para buscar vida extraterrestre

Astrofísica | Física | Ciencia | Espacio | Universo
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El ser humano está embarcado en el incansable empeño de encontrar vida en otros mundos del Sistema Solar. ¿O no lo está? Lo cierto es que esta idea no se corresponde del todo con la realidad. En la historia de la exploración espacial solo ha existido una misión dedicada a la búsqueda de vida extraterrestre: Viking, que en 1976 posó dos sondas gemelas en Marte.

Aún así, las exploraciones espaciales nos han aportado datos suficientes para intuir en qué planetas o astros se puedan dar mejores condiciones para la vida. Hacemos un recorrido por los cinco lugares del Sistema Solar que se perfilan como los más habitables:

Marte

La eterna incógnita de si existe vida microbiana en Marte no pudo solventarse en 1976 con las sondas Viking, que produjeron resultados confusos. Desde entonces, otras misiones han tratado de determinar la presencia de los componentes necesarios para la vida tal como la entendemos. Uno de ellos es el carbono; en los últimos años se ha descubierto en la atmósfera marciana una presencia variable de metano, la molécula orgánica más simple. La mayoría del metano terrestre es de origen biológico, pero la fuente del gas marciano aún es un misterio. Por otra parte, la presencia de moléculas orgánicas más complejas ha podido ser confirmada este año por el rover Curiosity.

Vista del Polo sur de Marte. Crédito: NASA

Otro requisito es la existencia de agua líquida. En 2011 se detectó lo que parecían torrentes estacionales de salmuera que fluían por las laderas marcianas, pero estudios posteriores han concluido que probablemente se trate simplemente de arena seca. Sin embargo, en julio de 2018 se ha revelado la probable presencia de un gran lago líquido bajo el hielo del polo sur de Marte. En resumen y aunque la química del suelo marciano no parece óptima para la vida, las apuestas aún están abiertas.

Europa

La más pequeña de las cuatro grandes lunas de Júpiter —ligeramente menor que la Luna terrestre—lleva décadas ocupando un puesto preferente en las cábalas sobre la existencia de vida en otros lugares del Sistema Solar. El principal motivo es el gran océano de agua líquida que se supone existe bajo su costra helada, una hipótesis que cuadra con las observaciones pero que aún no ha podido confirmarse. La masa de agua, que puede alcanzar una profundidad de 100 kilómetros bajo una superficie de hielo de entre 10 y 30 kilómetros, podría duplicar sobradamente el volumen de los océanos terrestres. El océano se mantendría líquido gracias al calor generado por la fricción mareal debida a la gravedad de Júpiter.

Vista de una pequeña región de la delgada y rota corteza de hielo en la región de Conamara de la luna Europa de Júpiter. Crédito: NASA/JPL/University of Arizona

Un nuevo análisis reciente de los datos obtenidos por la sonda de la NASA Galileo en 1997 parece confirmar que el océano de Europa expulsa géiseres a través del hielo, lo que facilitaría el análisis de su composición sin necesidad de posar una sonda en la superficie. Al menos dos misiones sobrevolarán Europa en la próxima década, Europa Clipper de la NASA y Jupiter Icy Moons Explorer (JUICE) de la ESA.

Encélado

La roca rocía agua helada y vapor en la región polar sur de la luna Encelado. Crédito: NASA/JPL/Space Science Institute

El caso de Encélado es similar al de Europa. Sin embargo, en esta luna de Saturno (de solo 500 kilómetros de diámetro) la presencia de géiseres de vapor de agua fue confirmada en 2005 y 2008 por la sonda Cassini, que ha detectado también otros componentes como metano, nitrógeno, dióxido de carbono, amonio y moléculas orgánicas complejas, todos ellos compuestos de interés en biología. También son bastante sólidos los datos que apuntan a la presencia de un océano salado bajo su capa de hielo, que en principio se creía limitado al hemisferio sur, pero que ahora se cree que ocupa toda la extensión de la luna. Además de la propicia composición química del océano, los indicios que sugieren la existencia de actividad hidrotermal bajo la superficie han convertido a Encélado en un firme candidato para albergar vida.

Titán

La mayor de las lunas de Saturno es el único mundo del Sistema Solar exterior donde se ha posado un artefacto terrestre; fue la sonda Huygens de la ESA, en 2005. Durante 90 minutos, Huygens envió cientos de imágenes de la superficie de Titán, poblada por rocas de hielo.

La nave espacial Cassini de la NASA captó la brillante luz del sol reflejada en los mares de hidrocarburos de Titán. Crédito: NASA / JPL-Caltech / Univ. Arizona / Univ. Idaho

Titán hace honor a su nombre como la segunda mayor luna del Sistema Solar, un 50% más grande que el satélite terrestre y poseedora de dos singularidades exclusivas: es la única con una atmósfera densa y el único mundo conocido además de la Tierra con masas líquidas en su superficie. No son de agua, sino de metano, pero en estos lagos y mares podrían habitar microbios capaces de consumir hidrógeno en lugar de oxígeno y producir metano en lugar de dióxido de carbono. Además, el posible océano de agua líquida bajo la superficie de Titán podría también acoger formas de vida más similares a las terrestres o a las que podrían encontrarse en otras lunas como Europa o Encélado.

Ganímedes

Por su tamaño, Ganímedes tiene casi entidad de planeta: este satélite de Júpiter es el noveno objeto más grande del Sistema Solar, por detrás de Marte y por delante de Titán y Mercurio, además de ser la única luna con un campo magnético propio. En 2015 los datos del telescopio espacial Hubble sobre el movimiento de las auroras causadas por este campo magnético confirmaron la presencia de un océano salino de unos 100 kilómetros de espesor, escondido bajo 150 kilómetros de hielo.

Vista en color natural de Ganímedes desde la nave espacial Galileo durante su primer encuentro con el satélite. Crédito: NASA/JPL

Actualmente se especula que podría ser el objeto del Sistema Solar con mayor cantidad de agua, tal vez hasta seis veces más que en la superficie terrestre, y que su interior podría formar un sándwich con varios pisos de hielo y agua líquida. La posibilidad de que la capa más interna de agua esté en contacto con el manto interior de roca sustenta la posibilidad de vida, ya que esta interfaz aporta elementos necesarios para la biología. Ganímedes será el principal objetivo de la misión JUICE de la ESA, cuyo lanzamiento está previsto para 2022.

Según los expertos, diseñar experimentos que puedan viajar a bordo de una sonda robótica para confirmar la presencia de vida en otros planetas o lunas no es tarea sencilla. Y a ello se une otro obstáculo que viene cobrando cada vez mayor protagonismo en los últimos años: la protección planetaria, una directriz que sigue lo establecido en el artículo IX del Tratado del Espacio Exterior de Naciones Unidas y que aconseja no enviar sondas a los enclaves extraterrestres con más probabilidad de albergar vida, por el riesgo de contaminarlos con microbios terrestres. Esto, sumado al alto coste de las posibles misiones, hace que aún esté lejana la posibilidad de comprobar la existencia de vida en estos cinco lugares del Sistema Solar.

Javier Yanes

@yanes68

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