5 destinos para turistas científicos

Las vacaciones son un buen momento para descubrir lugares donde se hace ciencia de primer nivel. Adéntrate en el Gran Colisionador de Hadrones con el que se demostró la existencia del bosón de Higgs o escruta el cosmos desde el desierto de Atacama.

Si prefieres seguir las huellas de legendarios Premios Nobel, no te pierdas el pub The Eagle, donde Watson y Crick anunciaron el hallazgo de la estructura del ADN, o maravíllate con el laboratorio parisino de Marie Curie. Para amantes de la naturaleza, el volcán Snæfellsjökull (que Julio Verne describió en una de sus novelas) es un buen punto de partida.

La catedral de la ciencia

El 4 de julio de 2012, en una multitudinaria rueda de prensa en el CERN (Suiza), se confirmaba lo que era un secreto a voces: la nueva partícula hallada en el Gran Colisionador de Hadrones se correspondía con el bosón de Higgs. El centro —en el que trabajan unas 10.000 personas de 100 nacionalidades— está abierto al público y cada año lo recorren unos 90.000 visitantes.

Peter Higgs, delante del detector CMS del Gran Colisionador de Hadrones. Crédito: Maximilien Brice/CERN.

Peter Higgs, delante del detector CMS del Gran Colisionador de Hadrones. Crédito: Maximilien Brice/CERN.

Los tours, gratuitos, pueden ser para estudiantes, grupos organizados o peticiones individuales. Debido a la elevada afluencia, se tienen que reservar con semanas o meses de antelación. Las visitas, que duran unas tres horas, son guiadas por miembros del CERN. En estos momentos no se puede acceder a las pruebas subterráneas y para no entorpecer el trabajo de los científicos, el centro recomienda seguir un estricto código de conducta.

Rastreando el universo

Situado 5.000 metros sobre el nivel del mar, en pleno desierto de Atacama (Chile), el llano de Chajnantor es un lugar inhóspito y seco, ideal para observar el cosmos. En 2013, el Observatorio Europeo Austral inauguró allí ALMA, un telescopio con 66 antenas de alta precisión con una sensibilidad y resolución sin precedentes.

Aunque por cuestiones de seguridad no se pueden visitar las antenas, los amantes de la astronomía pueden conocer el Sitio de Apoyo a las Operaciones de ALMA, donde trabaja su personal. En una visita gratuita y con inscripción previa, los interesados podrán ver la sala de control, los laboratorios, antenas en mantenimiento y cómo se transportan. El centro se encarga de los traslados desde San Pedro de Atacama. Incluido el transporte, la visita dura unas cuatro horas.

Vista aérea del llano de Chajnator, con las antenas de ALMA desplegadas. Crédito: Clem & Adri Bacri-Normier (wingsforscience.com)/ESO.

Vista aérea del llano de Chajnator, con las antenas de ALMA desplegadas. Crédito: Clem & Adri Bacri-Normier (wingsforscience.com)/ESO.

El secreto de la vida

En un ambiente distendido, el pub The Eagle, en pleno centro de Cambridge (Reino Unido), era el lugar preferido por los científicos del cercano laboratorio Cavendish (el departamento de Física de la Universidad de Cambridge) para hablar de sus avances. El 28 de febrero de 1953, Francis Crick entró en el bar y le dijo a su compañero James Watson una frase que cambiaría el curso de la ciencia: “Hemos descubierto el secreto de la vida”.

Placa en el pub The Eagle que conmemora el histórico anuncio realizado en el local. Crédito: Benjah-bmm27.

Placa en el pub The Eagle que conmemora el histórico anuncio realizado en el local. Crédito: Benjah-bmm27.

El biofísico y el biólogo habían hallado la estructura molecular del ADN, lo que les valdría el Premio Nobel de Medicina en 1962, junto a Maurice Wilkins. The Eagle, abierto en 1667, recuerda el descubrimiento con una placa al lado de la entrada y otras dos en la mesa donde se sentaban Watson y Crick. Como homenaje sirven una cerveza llamada “el ADN del Eagle”.

Así trabajaba Marie Cure

Para que Marie Sklodowska Curie, que ya había sido reconocida con el Premio Nobel de Física en 1903, pudiera avanzar en sus investigaciones sobre la radiactividad, la Universidad de París y el Instituto Pasteur decidieron construir en 1909 en la capital francesa el Instituto del Radio, hoy denominado Instituto Curie. Dos años después, la investigadora recibió el Nobel de Química, convirtiéndose en la única mujer que, hasta el momento, ha logrado dos galardones.

El Museo Curie se ubica en la planta baja del Pabellón Curie, en uno de los edificios más antiguos del Instituto. El laboratorio, que se comunica con el despacho de la científica, fue descontaminado en 1981 y conserva los instrumentos químicos de principios de siglo que usó Curie en sus experimentos e incluso una de sus batas de laboratorio, que era negra debido al luto por la muerte de su marido. La entrada al museo es gratuita.

El laboratorio de Marie Curie conserva instrumentos utilizados por la científica. Crédito: Museo Curie.

El laboratorio de Marie Curie conserva instrumentos utilizados por la científica. Crédito: Museo Curie.

Buscando el centro de la Tierra

En el capítulo III de Viaje al centro de la Tierra (1864), Julio Verne escribió: “Desciende al cráter del Yocul de Sneffels que la sombra del Scartaris acaricia antes de las calendas de julio, viajero audaz, y llegarás al centro de la Tierra”. Esa montaña es real, se llama Snæfellsjökull (que significa “glaciar Snæfells”) y es una de las joyas de Islandia.

El volcán Snæfellsjökull, de 1500 metros de altura, está coronado por un glaciar. Crédito: Axel Kristinsson.

El volcán Snæfellsjökull, de 1500 metros de altura, está coronado por un glaciar. Crédito: Axel Kristinsson.

Un glaciar cubre la cima del volcán, de unos 1.500 metros de altura y activo en la actualidad. Snæfellsjökull está dentro de uno de los parques nacionales del país, en la península Snæfellsness y, como en todos los parques, la entrada es gratuita. Los visitantes pueden recorrerlo con libertad pero sin salirse de los senderos marcados.

Laura Chaparro
@laura_chaparro