5 claves para facilitar la participación ciudadana

La participación ciudadana en la gestión de la ciudad es una idea bonita extremadamente difícil de implementar en la vida diaria. La mayoría de nosotros nos conformamos cuando vamos a depositar nuestra papeleta en las urnas, en unas fechas remotas entre sí, para delegar nuestro poder en funcionarios electos que apenas reaparecerán en los siguientes comicios.

De Túnez al Cairo, de Madrid a Kiev, de Paris a Manhattan, las crisis que nos afectan dan lugar a manifestaciones enormes y tumultuosas, de no alegres consecuencias. Los que se movilizan tan fácilmente cuando las cosas van mal, parecen perder su motivación cuando, al regresar la calma, hay que pasar a la gestión. La participación está en todos los discursos de los políticos (sobre todo el electoral) pero nadie sabe realmente cómo hacerlo. En todo caso, no ellos.

Ante la falta de receta, probemos a retener ciertos elementos susceptibles de facilitarla, comenzando por cinco ideas inspiradas en las administraciones locales.

1. Simplificar la tecnología, hacerla más comprensible

Este es el propósito del neoyorquino Daniel Latorre en su acción para ayudar a los interesados en visualizar el trazado de los carriles bici. Los mapas satélites son más esclarecedores y suscitan más debate. «La gente lo entiende mucho mejor que con los mapas tradicionales muy abstractos», me explicó él.

Ciudades sin límites, la herramienta de urbanismo colaborativo desarrollada por el arquitecto Alain Renk va más allá. Esta aplicación para iPad, permite a los habitantes de un barrio ver cómo sería este si tuviese por ejemplo, más casas, más personas o más árboles. Esto puede ayudar a las personas interesadas a comprender mejor las implicaciones de sus elecciones y abrir la puerta al debate entre todos los que expresaron su visión.

2. Partir de lo concreto, aquello que afecta a la vida de la gente

Como muestran los ejemplos encontrados por mis alumnos de la Paris School of International Affaris de Sciences-Po, los proyectos que funcionan suelen partir de problemas concretos. Jaccede.com ha partido del objetivo de hacer la ciudad accesible a personas con movilidad reducida. Activo en 16 países RepairCafe.org permite a los miembros «reparar» sus objetos rotos en lugar de tirarlos a la basura.

3. Estructuras jerárquicas y comunicación horizontal

Dominantes en la vida administrativa y política, las estructuras jerárquicas eran más eficaces cuando la comunicación horizontal era imposible. La eficiencia de hoy se encuentra más en el lado de las organizaciones en red (o de estructuras híbridas) en las que cada punto puede comunicar directamente e instantáneamente con todos los otros. Teniendo la capacidad de reunirse y dispersarse rápidamente, se acomodan a la ausencia de un líder dando órdenes y toleran a los que inspiran. A diferencia de lo que viven los partidos políticos, la participación es temporal y se materializa en objetivos limitados. Pecan evidentemente por la dilución de las responsabilidades que conllevan (ausencia de accountability, término anglosajón para el que no tenemos buena traducción). Las vemos emerger por todos lados, por ejemplo en las múltiples iteraciones del movimiento Occupy.

4. El tamaño importa 

Y “small is beautiful, again”. Esto es lo que le da la fuerza de la acupuntura urbana implementada en su ciudad por Jaime Lerner, anterior alcalde de Curitiva en Brasil. El reciente libro Tactical Urbanism va en el mismo sentido. La gente participará tanto menos si el proyecto es gigantesco y tanto más si el proyecto es a escala humana.

5. Nano-poder 

Está bien dar poder a las personas, o mejor aún, que ellos lo tomen (para mejorar un servicio público, por ejemplo). Pero se trata de poder a pequeña escala. La verdadera participación implica contribución al diseño, a la concepción y gestión de los territorios.

Más que de arrebatárselas al Estado, o las autoridades territoriales, se trata de empoderarse juntos, aquí y ahora, aunque sea en un lugar muy pequeño, y así, influir en el resto.

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Francis Pisani a través de i-ambiente